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No hubo milagro pero todavía puede haber medalla

AS AS 19/08/2016

© ANDREJ ISAKOVIC / AFP

España, otra vez, luchó hasta donde pudo con Estados Unidos, esta vez en un nivel más terrenal que en los días de LeBron y Kobe Bryant, con un 35 por ciento de acierto en triples y cierta sensación de temor de sus jugadores en la pista. Pero como en Atenas, Pekín y Londres, la Selección tampoco pudo subir el último escalón que le ha separado estos años del número uno del baloncesto. Si se trataba de explorar los límites de esta generación, España lo ha perseguido con perseverancia y unos valores admirables que dignifican el deporte. Ha buscado y no ha evitado a Estados Unidos porque se sintió legitimada para ello. No estuvo en su mejor versión en la semifinal de Río, lo admitió hasta Gasol, pese a pelear con fiereza. Se llevará la espina de no haber subido ese Everest, pero la admiración por haber recibido el respeto de los más grandes de la canasta. El 76-82 final en el Carioca Arena, que como el Wukesong chino y el O2 de Londres no acabó siendo pista mágica, le manda a la lucha por el bronce y a Estados Unidos a la final, la tercera consecutiva, de los Juegos. España sigue sin ganarle a Estados Unidos en unos Juegos (11-0 de parcial). Pero, ya lo saben, seguiremos intentándolo.

El partido, con un perfil distinto al de Pekín (107-118) y a Londres (100-107), mucho más defensivo y trabado, con España dando mordiscos atrás, se fue al descanso 39-45 por culpa de un triple al final del primer cuarto de Lowry y otro de Klay Thompson, inspiradísimo, al filo de la bocina en el segundo. Era tal vez la diferencia real porque Estados Unidos había cogido la iniciativa en el marcador desde el principio. Al principio lanzado por Durant, que hizo el primer mini-break (9-16) y luego por un especialista reputadísimo. Klay Thompson, uno de los mejores lanzadores del planeta, se marchó al descanso con 17 puntos. A Navarro su defensa se le hizo imposible en el segundo cuarto. Pero es que lo sería para cualquiera. Nacido en Los Ángeles, estrella de los Warriors, su mecánica de lanzamiento es supersónica. Indefendible. Él apagó una rebelión de casta de España, soportada por Gasol en el primer cuarto y que recibió otra vez las buenas noticias en el segundo de Willy Hernángomez, la gran aparición del torneo y la luz en el futuro para España.

Las dos faltas rapidísimas de Ricky en la primera parte frustraron en parte el plan de Scariolo. Las manos rápidas del base de El Masnou estaban incomodando a Irving, uno de los jugadores de mejor manejo del mundo. Pero los árbitros, metidos en una espiral ridícula de técnicas, no le dejaron tranquilo. Más problema fueron las cuatro faltas de Mirotic, aunque Estados Unidos, que jugó con respeto reverencial a la selección, tenía el de Durant, con tres. El alero de Washington supo protegerse bien después.

España superó al inicio de la segunda parte otra situación límite, un 43-52, con un arreón que le acercó otra vez a cinco puntos (48-53). Pero se acercaba al más difícil todavía (50-61). Sólo Gasol, imperial otra vez, le mantenía ya en el partido con el evidente desgaste que eso suponía y que le costó incluso toparse con DeAndre Jordan, que se agigantó en la segunda parte. Aun así, Gasol dio otro recital. Canastas de todos los colores, orgullo en defensa, apoyo a sus compañeros. Pidió más a sus compañeros y fue líder hasta el final.

A ocho minutos del final, y con otro rebote de ataque sencillo de Paul George más una bandeja de Lowry (que llevaba desaparecido todos los Juegos y le dio una marcha más a su selección), la gesta se vio imposible. El partido voló, tal vez porque no queríamos que esto se acabara y existiese la sensación de que, esta vez sí, podía ser la última oportunidad durante un buen periodo de tiempo. Navarro y Mirotic intentaron evitar lo inevitable con dos triples pero la maquinita de Estados Unidos no permitió ningún acercamiento serio. España no avistó en ningún momento la posibilidad de llegar a Estados Unidos, siempre hubo una barrera de más en el camino. A 1:32 del final, Scariolo decidió que ya era suficiente. Gasol, que como el resto de jugadores realizó un esfuerzo descomunal en defensa que veremos si no se paga el domingo (“estamos muy cansados”, admitió Reyes al final), se fue a descansar. Era la aceptación de la derrota de un equipo que se gastó todo lo que tuvo atrás y tal vez por eso perdió brillantez en eso que tantas veces lo ha hecho grande y que ha permitido elogios como los de Parker los últimos días (“me recordaron a los Spurs”). Esta vez fueron más soldados que genios. Hubo más compromiso que baloncesto. En esta maravillosa saga de enfrentamientos contra Estados Unidos, lástima, siempre nos faltó abrir la última puert

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