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"Nunca fui lo suficientemente negro, ni lo suficientemente blanco"

BASKET4US BASKET4US 29/09/2016 Antonio Gil
'Nunca fui lo suficientemente negro, ni lo suficientemente blanco' © BASKET4US 'Nunca fui lo suficientemente negro, ni lo suficientemente blanco' 'Nunca fui lo suficientemente negro, ni lo suficientemente blanco' © BASKET4US 'Nunca fui lo suficientemente negro, ni lo suficientemente blanco'

Matt Barnes es el último tipo duro de la NBA. El jugador que hace que la especie 'bad boy' esté en peligro de extinción, pero no extinta. Una de las personalidades más peculiares de la competición, pero también una de las más fuertes que uno se puede encontrar en la Liga. Un chico malo de verdad, sin aparentar ni forzar poses. Un tipo REAL, con mayúsculas, que lleva peleando toda su vida, haciendo de la lucha el modus operandi de su día a día; incluso hoy, cuando busca hacerse un hueco en un equipo para extender su carrera profesional a 14 años.

En un momento en el que el gran problema social en Estados Unidos radica en la violencia y el uso desproporcionado de la autoridad, Barnes podría esbozar su socarrona mueca de labios y arquear las cejas. Justo ahora, cuando una estrella del deporte norteamericano como Colin Kapernick, quarterback de San Francisco 49ers, se niega a ponerse en pie y mucho menos cuadrarse ante el himno y la bandera de su país antes de los partidos, en señal de protesta por el racismo latente en muchos estados que ha acabado de explotar con el asesinato de varios afroamericanos a manos de la policía; justo ahora, Barnes se desmarca. Draymond Green, ala-pívot de Golden State Warriors avisaba recientemente de que en la NBA habrá muchos casos como el de Kapernick. Un camino que ya ha allanado la plantilla al completo de Indiana Fever, equipo de la WNBA, al arrodillarse durante la ceremonia patriótica antes de un partido. Barnes escoge otro camino. Va por libre. Entre otros motivos porque, como él mismo reconoce, nunca ha "tenido las cosas fáciles". Todo este movimiento afroamericano sólo le pilla de refilón.

Matt Barnes vs. The World

"De pequeño me peleaba todos los días", confiesa Barnes en una entrevista en profundidad a 'Bleacher Report'. "[En la escuela] los niños me llamaban 'nigger' a todas horas. Todos los días. Así que me pegaba siempre. Nunca fui lo suficientemente negro ni lo suficientemente blanco, por lo que me elegían a mí [como objetivo]. Y como mi padre siempre me decía que nunca volviese a casa llorando, no tenía otra opción que pelearme". Una rutina nada agradable para el hijo mayor de un matrimonio formado por un marines y una profesora de escuela elemental, criado en un barrio de clase media-baja de la ciudad de Sacramento (California). Sus padres convirtieron su casa en poco menos que un antro de drogas, disputas de pareja y agresividad desbordante. Barnes tuvo que vivir escondido en su propio mundo para salir adelante sin acabar torciendo su rumbo. Aún hoy sigue siendo introvertido y hermético, con una voz que prácticamente susurra al hablar y unos ojos que evitan el contacto visual. Tenía que cerrarse en sí mismo porque sus problemas no sólo estaban en su hogar, sino también en la calle. "Era una especie de bicho raro. No era blanco, ni negro, ni puertorriqueño, ni asiático. La gente no paraba de preguntarme: '¿Qué cojones eres tú?'. Incluso hoy siguen pensado que soy el mexicano más alto de toda laNBA", explica un Barnes adulto. "Pero llegó un momento en el que supe que era negro. Aunque siempre me he identificado más con mis raíces italianas [por parte de mi madre], soy negro porque no me tratan como a una persona blanca. Todavía hoy sigo siendo discriminado".

Corazón de guerrero en un mundo hostil

Su forma de ser no permite a Barnes perder el tiempo preocupándose por himnos o protestas. Siempre ha estado más pendiente de otras cosas, como su propia integridad física y la de su familia. Lo hacía en las peleas multitudinarias que nacían de la nada en el barrio en el que se crió y, por extensión, lo continuó haciendo como jugador profesional. Nunca fue una estrella y toda su carrera ha sobrevivido desempeñando una función que se había perdido con los años: es la  versión baloncestística de los 'matones' del hockey sobre hielo, que faltos de técnica cumplen las funciones de guardaespaldas de las estrellas. Si alguien se pasa de listo con el mejor jugador del equipo, tendrá que vérselas con él. "Llevo peleando desde que tengo cinco años", admite. "Mi padre viene de un entorno agresivo. Lo que hacía con nosotros no se podía considerar como abuso infantil en aquella época, pero hoy en día no podrías ignorarlo. Nunca perdía la oportunidad de darnos un correctivo".

Barnes no puede dejar fuera del vestuario el sentimiento de familia. No tiene problema alguno en librar encarnizadas batallas a cara de perro con el mejor Kobe Bryant, reírse burlonamente cuando un jugador como Serge Ibaka amenaza con lanzarle un puñetazo o llevar a cabo técnicas de bullying con el rival que esté pasándose de listo. "Crecí en los años 80, en una época muy dura: Pistons, Celtics, Knicks, Charles Oakley, Antony Mason... No se trataba de un baloncesto sucio, sino simplemente de baloncesto. Para alguien como yo, que con cinco años jugaba al fútbol americano con placajes en la calle, se trata de un asunto de hombres". Una actitud que hace de él un compañero ideal... si viste el mismo uniforme que tú. "Veo a mis compañeros de equipo con mi familia. Soy una persona que moriría literalmente por mi familia. Soy el protector, Es lo que siempre he hecho. Por una razón u otra, siempre he estado en equipos con estrellas que eran objeto de golpes sucios. Como necesitamos a esos chicos para ganar, pues me encargo de protegerlos".

Fiel a sus raíces, fiel a sus principios

Está claro que el último bad boy de la NBA es un jugador para tener en tu bando. Una persona que no esconde su carácter y que lo daría todo por los suyos. Porque así es como se ha criado. "A veces me castigan por ser real. Nunca voy a mostrarme como una mentira. No sé lo que son las cosas falsas. He visto de cerca a más del 90% de cabrones que hay en el mundo. He visto disparar a gente. He visto drogas. He visto abusos. Pero yo soy real. Y no me importa que por mi aspecto puedan llamarme niño bonito, tipo duro o falso macarra. Soy el tipo más real que puedas imaginar".

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