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Pep instaura la 'cultura del esfuerzo'

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 12/06/2014 Joan Poquí

El 'Círculo Virtuoso' puesto en marcha en 2003 comenzó a desvirtuarse en 2006, después de alcanzar la gloria ganando la Champions en París, y en 2008 ya quedaba sólo una sombra de virtud. La dejadez y la autocomplacencia convirtieron el vestuario en un balneario al que algunos iban a dormir la mona con el beneplácito de un entrenador benévolo que, en lugar de imponer la disciplina, se había subido al carro de la buena vida.

Que aquello no tenía marcha atrás se había intuido durante la campaña 2006-07 y se confirmó en el verano de 2007, con determinados comportamientos detectados por directivos e incluso por periodistas durante la gira veraniega por Asia. Pero el grupo que comandaba Ronaldinho había dado tanto que merecía un año de gracia.

Ese crédito se agotó definitivamente a finales de la temporada 2007-08, que acabó como el Rosario de la Aurora, con humillante pasillo al Madrid en el Bernabéu y una moción de censura, a pesar de los cuatro refuerzos del verano de 2007. Milito, Abidal, Touré y Henry no evitaron el derrumbe de un equipo glorioso pero por lo menos fueron a la larga muy valiosos para el ciclo que iba a empezar en 2008.

Txiki apostó por Guardiola, entrenador del Barça B, y Laporta hizo suya la apuesta con el beneplácito de Cruyff, a pesar de que la primera opción del holandés había sido Van Basten, que se había decantado por el Ajax. Guardiola instauró lo que se ha dado en llamar 'cultura del esfuerzo', que en realidad no se trata de otra cosa que hacer lo que supone que hacen los equipos de fútbol: entrenar y hacerlo bien.

Los cambios de Pep

Guardiola dio por acabada la etapa de Ronaldinho y Deco en el Barça. Quiso hacer lo mismo con Eto'o, pero se lo quedó un año más antes de cambiarlo por Ibrahimovic. Y no poder desprenderse del camerunés fue en realidad una bendición.

Numéricamente, la reestructuración de 2008 no fue tan drástica comootras, porque Pep, que no tenía un pelo de tonto, aprovechó la base del equipo de Rijkaard, todavía joven, quitando el liderazgo a unas vacas sagradas que ya estaban de vuelta para dárselo a un Messi a punto de explotar y a la base de la cantera que venía de ganar la Eurocopa (Xavi, Puyol e Iniesta).

Los acertados fichajes de Txiki un año más (después de los cuatro de la campaña anterior incorporó a Piqué, Alves, Keita y Cáceres, además de Hleb, petición de Pep) y la confianza de Guardiola en gente del 'B' como Pedro y Busquets sentaron las otras bases del Barça de les Sis Copes.

Seis años después de aquel verano de 2008, el mejor ciclo de la historia del Barça, el del 2-6 en el Bernabéu, se ha agotado. De la mano de Zubizarreta y Luis Enrique, comienza una nueva revolución (o remodelación profunda), pero el barcelonismo estará eternamente agradecido a un grupo que sobre todo lo que hizo fue poner el esfuerzo al servicio de su talento. Esa fue la gran virtud de Guardiola: lograr que futbolistas tan buenos quisieran ganar y se esforzasen mucho para lograrlo. Una reflexión fundamental para el nuevo ciclo.

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