Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Que Mourinho vuelva a Lisboa

AS AS 14/04/2014 John Carlin

Desde un punto de vista deportivo, o incluso moral, los que no tenemos equipo entre los cuatro semifinalistas de la Champions deberíamos desear que el Atlético de Madrid gane la competición. Y más en estos tiempos en que casi todos estamos hartos del ciego cinismo con que las grandes corporaciones inciden en nuestros destinos.

El Real Madrid, el Bayern Múnich y el Chelsea son al fútbol lo que Google a la web, Goldman Sachs a la banca de inversión, Nike al deporte, Apple a la informática, peronismo a la Argentina: grandes moles cuya razón de ser consiste en perpetuarse en el poder, generando el máximo dinero posible.

El Madrid no solo es el club con los mayores ingresos del mundo sino que se comporta como un viejo sultán que suma concubinas por codicia más que por placer o necesidad. El Bayern es la eterna, inmutable potencia del fútbol alemán, otro símbolo de voracidad, raptor de los mejores jugadores de sus vecinos. El Chelsea es el equipo del oligarca Roman Abramovich, que nunca cayó bien por los miles de millones que ganó (mejor no saber cómo), y ahora cae peor por ser ruso y aliado de Putin (Ah, y también porque tiene a un insufrible payaso como entrenador).

El Atleti en cambio es el equipo del proletariado peleón, de los atrevidos, de los que viven el fútbol con pasión pero saben reírse de sí mismos. Es el equipo hoy del gran Diego Cholo Simeone, entrenador que demuestra que se puede crear un equipo que juega al contraataque con disciplina guerrera sin tener que ser un cretino. La apasionada compenetración del Cholo con lo que ocurre en el campo logra que su equipo siempre juegue con uno más que el rival. Con él en semifinales de la Champions, el Atleti es un simpático y gamberro David enfrentado a tres goliats.

Pero. El fútbol no sólo de fútbol vive. El fútbol es más que 22 tipos luchando por meter una pelota en un arco. El fútbol contiene otros placeres. Más que deporte, es teatro. Y la esencia de la dramaturgia, como dijo Aristóteles, es el conflicto. Cuanto mayor y más intenso el drama, mayor y más intenso el espectáculo. Lo ideal es que haya odio en la mezcla. Y nadie en el fútbol odia y es odiado como José Mourinho, el entrenador del Chelsea.

Que se merezca odio más que carcajadas es una buena cuestión. Pero odio por él hay, y mucho, aunque no tanto en el Atleti, el equipo al que se medirá en las semifinales. Donde sienten odio por él en abundancia —y rencor, indignación, desprecio, repugnancia— es entre los otros dos semifinalistas que competirán en las próximas semanas por una plaza en la final de Lisboa el 24 de mayo.

Es decir, si el Chelsea gana al Atlético y juega en la final contra el Madrid habrá mucho más en juego que una Copa de Europa. Tendremos la delicia paralela de presenciar una vendetta colectiva repleta de venganzas personales. Ganar para Mourinho sería una doble satisfacción. Incluso conquistar su tercera Champions sería para él un placer menor comparado con el de arrebatarle la “décima” al club que —tanto en la directiva, como en la afición y en los periodistas adeptos— le desdeñó.

Derrotar a Mourinho representaría para Casillas y Cristiano y otros madridistas ninguneados por el portugués una gloriosa reivindicación, del mismo modo que perder sería singularmente humillante.

Una final Chelsea-Bayern tendría quizá un punto mayor de intensidad, por lo estrictamente personal del asunto. Sería una repetición de los duelos mano a mano que disputaron Mourinho y Guardiola cuando entrenaban al Madrid y al Barcelona. Los dos entrenadores no sólo no se soportan como seres humanos. Sus filosofías del fútbol son tan radicalmente opuestas como el comunismo y el capitalismo en tiempos de la guerra fría, o como los suníes y los chiíes hoy (y desde hace 1.400 años) en su interpretación del Islam.

Perder esa final sería infinitamente más doloroso para Mourinho o Guardiola que perder una final. Y todos lo sabemos, lo cual le daría un valor añadido altamente enriquecedor al drama de un Bayern-Chelsea o, por otros aunque similares motivos, al de un Madrid-Chelsea

El corazón bueno querrá que el Atlético venza al Chelsea y lo gane todo. El corazón morboso irá con el Chelsea, deseando que el malsano Mourinho vuelva a Lisboa.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de AS

image beaconimage beaconimage beacon