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Ratzenberger es el olvidado de gran la tragedia de Ímola

AS AS 30/04/2014 Manuel Franco
Photo © Proporcionado por AS Photo

El Ferrari T5 había pinchado uno de sus neumáticos y el piloto no pudo controlar el monoplaza, se fue contra el muro y, finalmente, el coche rojo quedó detenido en mitad de la curva. El héroe canadiense salió de la máquina tambaleándose. Ocurrió quince años antes y por esa razón la curva en la que Roland Ratzenberger se dejó la vida lleva el nombre de Gilles Villeneuve.

Fue el 30 de abril de 1994, en el gran premio más trágico que se recuerda, un día antes de que se fuera Senna, un día después de que Barrichello salvase su vida tras salir volando en su coche contra las protecciones. Literalmente.

El austríaco Ratzenberger estaba en su tercer gran premio, tenía 33 años y había nacido en Salzburgo. Su sueño era llegar a la F-1, pero antes disputó cinco ediciones de las 24 Horas de Le Mans hasta que en 1994 el equipo británico Simtek, nuevo en la categoría le dio la oportunidad. No se clasificó para la primera carrera en Interlagos, en Okayama fue undécimo y estaba con muchas ganas para Ímola. Tercera carrera.

Pero llegó esa curva. Su Simtek S941 perdió el alerón trasero, a 314,9 kilómetros por hora, chocó contra las barreras de protección y su cuello quedó inerte, hacia un lado, como durmiendo. Un día después su tragedia, la del olvidado de Ímola, dejó de importar al mundo.

Los médicos le intentaron reanimar y le enviaron en un helicóptero al hospital Maggiore de Bolonia, donde a las 14:15 horas de ese sábado maldito certificaban su muerte. La mayor parte de los pilotos no salieron a rodar ese día. Senna comenzó a llorar. Sin poder evitarlo.

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