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Ray Allen, tirador legendario y gran 'desconocido'

BASKET4US BASKET4US 02/11/2016 Alonso Gallego
Ray Allen, tirador legendario y gran 'desconocido' © BASKET4US Ray Allen, tirador legendario y gran 'desconocido' Ray Allen, tirador legendario y gran 'desconocido' © BASKET4US Ray Allen, tirador legendario y gran 'desconocido'

20 años después de su debut en la NBA con Milwaukee Bucks, tras dos temporadas inactivo y vinculado con varios equipos este mismo verano de cara a un posible regreso a la liga, Ray Allen anunció su retirada de forma definitiva. Sus años más productivos en cuanto a números fueron en la franquicia de Wisconsin y en Seattle Supersonics, pero sus principales logros llegaron tras su aterrizaje en Boston Celtics en 2007. Considerado uno de los mejores tiradores de la historia de la liga -es el jugador que más triples ha anotado- su ascenso a la élite no fue nada sencillo.

Hijo de un soldador de la US Air Force, vivió en California, Alemania, Oklahoma e Inglaterra antes de llegar con 13 años a Dalzell (South Carolina). Allí, el pequeño Ray Allen era el nuevo, el chico al que nadie conocía, una sensación por la que ya había pasado en sus residencias previas, pero que con esa edad se le hizo más complicada. Su estancia en Inglaterra le dio un lenguaje muy formal, algo que no encajaba en South Carolina. "Hablas como un blanco", cuenta él mismo que le decían entonces; una etapa que recuerda como la más dura pero a la vez como lo mejor que le podía pasar.

A partir de ese momento, Allen comenzó a labrar su identidad en la cancha y pronto llegaron los primeros éxitos. Llevó a su instituto a ganar el campeonato estatal antes de que el entrenador asistente de la Universidad de Connecticut le reclutara. Sin embargo, sus inicios allí tampoco fueron fáciles. En su primer entrenamiento, el técnico, Jim Calhoun le dejó clara cuál era su posición en los 'Huskies': "¡Novato! ¿Crees que te mereces llevar ese uniforme? Todavía no te lo has ganado". Rápidamente, uno de sus asistentes les dio unos pantalones y una camiseta grises a todos los debutantes en el equipo. Ray Allen recuerda a aquel entrenador como la persona que le hizo darse cuenta de que el baloncesto es "un hijo de puta", pero también reconoce que con él creció tanto en la pista como fuera de ella.

Una rápida adaptación a la NBA

Tras ser nombrado mejor jugador universitario de la Conferencia Este en 1996, Allen fue #5 en uno de los mejores Drafts de la historia de la NBA, por detrás de Allen Iverson (#1) y Stephon Marbury (#4) y por delante de Kobe Bryant (#13) y Steve Nash (#15), entre otros. Titular indiscutible desde su llegada Milwaukee, fue elegido en el segundo mejor quinteto de novatos de la temporada 96-97. En 2001, ganó el concurso de triples y llevó a los Bucks a la Final del Este, en la que cayeron precisamente ante los Philadelphia 76ers de Iverson. A mitad de la temporada 2002-03 fue traspasado a Seattle y fue en los Supersonics, en 2006, donde estableció el récord de más triples anotados en una temporada (269) que Stephen Curry ha pulverizado en los últimos años.

Luego llegó Boston, donde, de la mano de Kevin Garnett y Paul Pierce, consiguió su primer anillo en una franquicia que llevaba sin 22 años sin ganar. En 2010 volvieron a las Finales, pero Los Angeles Lakers les arrebataron la gloria en el Game 7. Dos años después, sus desavenencias con Rajon Rondo y su pérdida de protagonismo en el esquema de Doc Rivers precipitaron su salida a Miami Heat, uno de los grandes rivales de los Celtics en esos años.

El jugador solitario

En Florida ganó su segundo anillo, con un papel destacado en las Finales ante San Antonio Spurs pese a no haber sido titular en ningún partido de la regular season. Un triple suyo forzó la prórroga en el Game 6, en la que se impuso finalmente El Heat antes de hacerse con el campeonato en el séptimo encuentro. Al año siguiente, Allen disputó su último partido en la NBA, de nuevo en unas Finales ante San Antonio en las que el conjunto de El Álamo se desquitó con un 4-1.

Tras 18 temporadas al máximo nivel, el 'chico rarito' decía adiós. El chaval al que sus amigos preguntaban por qué no salía por la noche y que nunca bebía alcohol era el mismo hombre que no jugaba a las cartas con sus compañeros de equipo y que dejó a su familia en un segundo plano para alcanzar el éxito; un éxito que, en la mayoría de las ocasiones, disfrutó en solitario. ¿Le valió la pena? Solo él lo sabe.

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