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Reyes resuelve ante un gran Cajasol y Mejri asoma la cabeza

AS AS 06/04/2014 Ricardo González
© Chema Moya

A estas alturas de la película, con 26-0 en la tabla, habrá quien piense que la derrota del Madrid anda al caer, que no puede retrasarse demasiado. Otros, en cambio, le darán la razón a Ferrándiz: “No van a perder en toda la Liga”. Se refería a la fase regular y lo dijo hace tres meses, lo que tiene más valor, aunque entonces pareciera un visionario lunático.

Una jornada más la moneda cayó de cara para los blancos (81-75), aunque la cruz asomó casi hasta la bocina. Gran partido del Cajasol, en una clara demostración del magnífico trabajo de Aíto y del talento de sus jóvenes promesas. Felipe Reyes, el jugador clave, el que decidió el partido con sus latigazos secos bajo el aro (13 puntos) y sus rebotes (12), confesó el agotamiento del equipo tras haber jugado día y medio antes frente al Lokomotiv. Por eso, Laso cambió la rotación de salida, metió a Draper en el quinteto inicial y tiró pronto de Dani Díez y Mejri. El tunecino sigue al alza y completó una primera parte espectacular con 11 puntos y 14 de valoración (tres mates al final). Se le echó en falta en la segunda parte, aunque el técnico apostó por él en el tramo vital, con la moneda del desenlace girando aún sobre sí misma. La paró Reyes, cómo no.

No sabemos quién dio más tirones, si el Madrid o el Cajasol. Los locales jugaron a ráfagas, pero el rival tuvo algo que ver. Gran disposición defensiva, con unos dos contra uno sobre el base que hubieran acogotado a cualquiera, a todos menos a Sergio Rodríguez. Rompió la presión con un control del balón y un dominio de su cuerpo, con amagos continuos, que dejaron a la grada con la boca abierta. Pero ahí estaba el librillo de Aíto, su sello de siempre. Gran despliegue físico, aunque algo tiernos sus pívots al atrapar los rechaces (43 a 25). Peaje de juventud.

El ritmo, la intensidad y la velocidad no le faltaron en ningún momento con sus clásicas rotaciones. Fue en eso uno de los pioneros en España y también en apostar por jugadores muy altos que pudieran correr y jugar abiertos. Lo vimos en Porzingis, un talento descomunal con sólo 18 años. Descerrajó 20 puntos y se marchó con cinco faltas cuando aún restaban siete minutos (64-62). Una joya con un porvenir alucinante. Eso sí, cero rebotes. Con él en pista el Cajasol hubiera tenido aún más opciones de victoria, y tuvo más, o casi, que el resto de equipos que han pasado por el Palacio.

Y mientras, Satoransky a lo suyo: 11 puntos, 8 asistencias y 21 de valoración sin destacar especialmente. Con 76-72 y la afición inquieta, Reyes sentenció con su segundo dos más uno del cuarto. El capitán nunca se da un respiro. Entrega sin límites. Ejemplo eterno.

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