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San Antonio Spurs: el secreto de la eterna juventud vive en Texas

AS AS 05/06/2014 Juanma Rubio

Balance Temporada Regular: 62-20

PLAYOFFS:

Primera Ronda: 4-3 a Dallas Mavericks

Segunda Ronda: 4-1 a Portland Trail Blazers

Final de la Conferencia Oeste: 4-2 a Oklahoma City Thunder

Quinteto Inicial: Tony Parker, Danny Green, Kawhi Leonard, Tim Duncan, Tiago Splitter

Líderes en playoffs:

Puntos: Tony Parker, 17’2

Rebotes: Tim Duncan, 8’9

Asistencias: Tony Parker, 4’9

Minutos: Tim Duncan, 32’6

Porcentaje de tiro: Tiago Splitter, 59%

Porcentaje en triples: Danny Green, 48%

Todo cambia en la NBA; Todo menos San Antonio Spurs. El elixir de la eterna juventud lleva espuelas y se ha instalado en Texas gracias a un proyecto que ha redefinido varios términos en el diccionario del deporte estadounidense: equipo, lealtad, sentido colectivo, compañerismo y sobre todo filosofía se han convertido en un grupo semántico que queda englobado en sólo tres palabras: San Antonio Spurs.

El milagro en perpetuo movimiento de los Spurs, quizá la definición más saludable de estabilidad y evolución continuista en toda la historia del deporte, comenzó en 1996 cuando Gregg Popovich se hizo con las riendas del banquillo de una franquicia que hasta entonces no sabía lo que era jugar una final de la NBA. No había entrenado a ningún otro equipo. En 1997 le dio el número 1 del draft a Tim Duncan, que acaba de cumplir 38 años y no ha vestido otra camiseta que no sea la negra y plateada de las espuelas tejanas. Como Tony Parker (llegó en 2001, tiene 31 años) y Manu Ginóbili (2002, 36). 104 años entre los tres. Tipos que podrían estar recibiendo homenajes y recordando los buenos tiempos si no fuera porque sus buenos tiempos siguen siendo estos, convertidos ya en epítome del modelo de gestión a imitar por todos.

 Los Spurs son, desde que ganaron su cuarto y último título en 2007 (el primero llegó en 1999), el equipo que no debería estar allí. El cacareado paso atrás no se ha producido y siempre parece haber una nueva y penúltima oportunidad. Para muchos el fin de trayecto, y la antítesis de cualquier noción de happy ending, fue la derrota por 4-3 ante Miami Heat en una pasada final que tuvieron literalmente ganada en el sexto partido, que les hubiera dado el 2-4 y el anillo (84-89 a… 23 segundos del final). Pero San Antonio Spurs se reagrupó sin aspavientos y sin grandes noticias pero con una herida que ha renovado los caballos de su eterno motor: “nos hace muy felices que la final sea otra vez contra Miami”, sentenció Tim Duncan. Ni una puntada sin hilo. De la sugerencia de demolición a un balance de 62-20 que les convirtió en el mejor equipo de una Regular Season que rastrillaron como en sus mejores tiempos. Dosificando esfuerzos, cuidando los cuentakilómetros de sus veteranas estrellas y usando todo los recursos de ese ecosistema Popovich en el que todo funciona. Ganaron 19 partidos seguidos, ocho por encima de la mejor racha de cualquier otro equipo, y sellaron otra temporada con más de 50 victorias (62-20), que son dieciséis de las diecisiete que ha disputado Tim Duncan. Y la que no las alcanzaron fue porque era año de lockout: ganaron 37 de 50, el 74% de los partidos en una proyección a temporada completa de 61 victorias. Un poco de perspectiva: 26 de los 30 equipos de la NBA no pueden presumir de 15 temporadas de 50 o más triunfos en toda su historia. Los Knicks, por ejemplo, tienen 13. Tres menos que Duncan.

 Lo milagroso como rutina: Duncan, Ginóbili y Parker ya son el trío que más victorias ha conseguido jugando juntos en toda la historia de los playoffs. Y son también el segundo en Temporada Regular, a la caza del que formaron en Boston Celtics Bird, McHale y Parish. Durante su trance de 19 victorias seguidas, los Spurs lideraron la NBA en eficiencia ofensiva, eficiencia defensiva, puntos anotados, diferencia de puntos, porcentaje de tiro de campo y de tres, tapones, rebotes defensivos y ratio entre asistencias y pérdidas. En una de esas noches, una más para ellos, descerrajaron 122 puntos sobre unos Cavaliers ateridos que apenas vieron como los trece jugadores que pasaron por la pista vestidos de negro repartían al menos una asistencia, récord absoluto en la NBA. 39 de las 43 canastas anotadas llegaron tras pases de un compañero spur y, después del partido, un Dion Waiters boquiabierto trataba de asimilar lo que acababa de pasarle a su equipo por encima. Literalmente: “Había posesiones en la que tocaban todos la bola al menos dos veces. La verdad es que no sé ni cómo lo hacen”.

 La excelencia colectiva de los Spurs, un gobierno de puño de hierro y juego de seda y extra pass, ha desembocado en una de las mejores temporadas colectivas del equipo en toda su historia. Y conviene recordar que con Popovich como patrón se ha completado una mutación desde el bulldozer defensivo al baile de salón ofensivo. Los Spurs del primer anillo (Avery Johnson, Sean Ellion, Mario Elie, Tim Duncan y David Robinson) sólo encajaban 84’7 puntos por partido y apenas metían 92’8. Ahora, 97’6 y 105’4. Si se ajustan los ratios para comparar épocas, el defensivo ha empeorado de 95 a 103’4 pero el ofensivo se ha disparado de 104 a 110’5. Otro dato: por entonces tiraban diez triples y metían menos de 3’5 por partido. Ahora anotan 8’5 de los 21’4 que lanzan por noche.

 Los actuales Spurs son un equipo de doble dirección, inteligente y eficaz en los dos lados de la cancha: en playoffs tanto el segundo mejor ataque como la segunda mejor defensa. Miami Heat, en un camino hasta la final mucho menos exigente, lidera el apartado ofensivo y cae al sexto puesto en el defensivo. Una diferencia que puede ser clave para desequilibrar la final, al igual que los 16 puntos más que anota el banquillo de los Spurs (43-27).

© LARRY W. SMITH

 La estrategia defensiva de Popovich marca las pautas de una perfecta coreografía de ayudas y cambios que protege a los menos especialistas y se apuntala a partir de la inteligencia de un Duncan cada vez menos físico y la incidencia de Green (que se pegará como una lapa a Wade), Leonard y Splitter. Serán decisivos: el brasileño en el tapiado de su aro y la protección de la zona y el alero en el marcaje individual a LeBron James. Él es uno de los pocos que pueden emparejarse de forma efectiva con el Rey, trance para el que los Spurs tienen otro as en la manga. Un defensor que consigue, contra pronóstico y casi contra la lógica, incordiar a LeBron cada vez que se empareja con él: Boris Diaw. El objetivo será minimizar a las estrellas rivales como han hecho en las rondas anteriores con Nowitzki, Aldridge, Lillard, Durant o Westbrook: todos contra San Antonio por debajo de sus números en Regular Season.

 Los Spurs llegaron al 62-20 sin ningún jugador con más de 30 minutos por partido. Se ganaron un factor cancha que puede ser determinante: 9-1 como locales en playoffs con un perfecto 7-0 en un mes de mayo en el que han ganado todos los partidos por 17 puntos o más de diferencia y con un resultado medio de 114’8-91’1. Sólo en uno de esos siete partidos encajaron más de 100 puntos, sólo en uno anotaron menos de 110. Uno lo ganaron por 17, el otro por 22. Además de esa ventaja diferencial, estos Spurs parecen más profundos y con mejor tono de los que casi, casi fueron campeones hace un año. Green ha recuperado en playoffs una mejor versión a la que también se acercan Mills (sólo 13 minutos en las últimas finales), Diaw o un Ginóbili que no dio la talla en 2013 pero que está ahora en su mejor momento físico de los últimos tres años. El argentino ha martirizado a los Thunder en la final del Oeste con más de 15 puntos y casi 4 asistencias por partido con un 50% en triples.

 En esa eliminatoria ante los jóvenes e híper físicos Thunder, un canto a la excelencia coral, ningún jugador de los Spurs llegó a los 20 puntos de media y seis se movieron entre 11’8 (Leonard) y 17’8 (Duncan). Precisión, estrellas al servicio de una inamovible idea colectiva, un baloncesto que alcanza picos de una belleza casi ultraterrena… y ganas de revancha. A todo eso se enfrenta Miami Heat. Si San Antonio prevalece esta vez, rubricará el capítulo más hermoso de una de las historias más hermosas que jamás ha contado el deporte. Una que comenzó en 1996 y que se sigue escribiendo en 2014. Un milagro en movimiento, la esencia de la eterna juventud. O, sencillamente, San Antonio Spurs.

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