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Senna-Prost, el duelo de los duelos

Marca Marca 01/05/2014 Miguel Ángel García
Photo © Proporcionado por marca.com Photo

Hablar de Ayrton Senna es hacerlo, directa o indirectamente, de Alain Prost. Y viceversa. La carrera deportiva de uno no se entiende sin la del otro. "Cuando murió, yo dije que una parte de mi también había muerto, debido a lo ligadas que habían estado nuestras carreras", llegó a reconocer el francés. Con su rivalidad, ambos marcaron un época en la Fórmula 1, llevando a que el interés por este deporte creciera de manera exponencial mucho más de lo que lo había hecho nunca. Fueron el perfecto ejemplo de lo que es ser antagonistas, el yin y el yan, el blanco y el negro. Y dejaron para la posteridad uno de los mejores duelos que ha dado la historia del deporte.

Senna era el rápido. Prost el estratega. Posiblemente, la conjunción de ambos daría como resultado el piloto perfecto. Compañeros durante dos años en McLaren, se odiaron durante toda su carrera, pero en el fondo se respetaban, considerando el uno al otro como el mejor rival que tuvieron. Senna siempre quiso demostrar que era el mejor, que ni siquiera Prost lo superaba. Se convirtió en su obsesión, incluso cuando solo era un novato en la F1. "Él no quería ganarme, quería destruirme, ésa fue su motivación desde el primer día", dijo en su día el francés. Senna llegó a admitir a su gente que sólo tras la retirada de Prost se había dado cuenta de que su motivación era vencerlo.

Una vez contó Prost que en la primavera de 1984 se organizó una carrera con coches Mercedes de calle conducidos por pilotos retirados y otros en activo para inaugurar el nuevo circuito de Hockenheim. Él y Senna fueron juntos al circuito: "Durante el camino hablamos, y estuvo muy amable. Entonces llegamos al circuito, y empezamos los entrenamientos. Yo estaba en la pole y Ayrton segundo. Ya no me volvió a hablar. En la carrera, tomé el liderato pero él me sacó de la pista cuando llevábamos sólo media vuelta. Fue un ‘buen’ principio".

Ese mismo año tuvieron el primer encontronazo en pista. En la famosa carrera del diluvio de Mónaco, en la que Senna se dio a conocer al público remontando con el modesto Toleman desde la decimotercera posición hasta la segunda. Cuando Ayrton estaba a punto de ponerse primero en detrimento de Prost, éste levantó la mano para que parara la carrera por la lluvia. Los comisarios le hicieron caso y evitaron el triunfo de Senna, quien levantó los brazos creyendo que había ganado.

Pero la verdadera rivalidad empezó con la llegada del brasileño a McLaren en 1988. Prost, que dio el sí al fichaje, fue consciente desde el primer momento de lo que se avecinaba: "En el primer test de pretemporada, en Río, estábamos probando neumáticos solo con un coche. Yo hice las primeras vueltas, y luego era su turno. Entré en boxes y los mecánicos empezaron a cambiar las ruedas. Decidí quedarme dentro del coche un poco más. Se puso furioso, diciéndole a todo el mundo '¡No es justo, no es justo!' Entonces salí del coche riendo, pero él no se reía...". Con todo, aquel año se respetaron, si bien hubo un momento de mucha tensión en Portugal, cuando Senna cerró a Prost cuando éste lo iba a adelantar, enviándolo casi contra el muro. "No me gustó nada, y se lo dije, pero en cierto sentido no puedo culparle por hacerlo, porque siempre se salía con la suya. ¿Cuántas veces en su carrera le sancionaron por este tipo de cosas? Nunca. Al menos se disculpó".

Sin embargo, 1989 fue el de la explosión definitiva. En la segunda carrera del año, en Imola -el ‘maldito’ Imola- la mecha prendió definitivamente. Y todo por la ruptura por parte de Senna de un supuesto pacto para establecer quién de los dos ganaría para evitar riesgos: sería el primero que llegara a la primera curva. Ayrton llegó en cabeza, pero un accidente de Berger hizo que la carrera se relanzase de nuevo. En esta segunda ocasión fue Prost el que llegó primero a la curva 1, pero Senna no respetó el pacto porque entendía que la salida que contaba era la primera. "Después de esto, dije que ya se había acabado. Continuaría trabajando con él en lo referente a aspectos técnicos, pero por lo que hacía a nuestra relación personal, hasta ahí había llegado. Y el ambiente en el equipo, obviamente, empeoró mucho", recuerda Prost.

Así es como se inició el duelo de los duelos, que trascendió más allá de los circuitos y que elevó a la categoría de histórico todo lo que ocurrió aquel año. La escalada de conflictos en el seno de McLaren, los cruces de declaraciones y las enconadas peleas sobre la pista llevaron la rivalidad a extremos nunca vistos. El culmen fue la carrera de Suzuka, que dio el título a Prost por la descalificación de Senna después del accidente entre ambos.

Tras esa temporada, el galo se fue a Ferrari y, aunque el nivel de tensión se redujo, se mantuvo bien en alto durante 1990, siendo de nuevo Suzuka el punto álgido: de nuevo accidente, pero esta vez el título sería para Senna. En 1992 Prost se retiró y Ayrton perdió parte de la motivación. Quiso dejar McLaren para irse a la escudería que estaba empezando a dominar: Williams. Su patrón, Frank Williams, soñaba con tenerlo en sus filas junto a Prost para 1993, con el que negociaba en secreto su retorno. Alain llegó a un acuerdo pronto, pero firmó con la condición de que Senna no fuera su compañero. Eso hizo que el brasileño no pudiera llegar a Williams hasta 1994, ya que la condición impuesta por el francés solo valía por un año.

Prost volvió y ganó el título para luego retirarse otra vez. Se iba a lo grande y así no tendría que soportar otra temporada al lado de su enemigo. Pero su retirada definitiva supuso el fin de la enemistad. En su última carrera, en el podio de Australia, los dos se abrazaron. Para Ayrton ya no había motivo para mantener el enfrentamiento. Ese gesto sorprendió a Prost: "Sí, me sorprendió. Y también me decepcionó un poco, francamente. En nuestro camino hacia el podio me dijo: '¿A qué te vas a dedicar ahora?' Me quedé muy sorprendido. Le dije: ‘Aún no lo sé'. 'Vas a engordar' me dijo. Y sonrió".
Desde entonces se acabaron los malos gestos, aunque la tragedia hizo que durara muy poco. Comenzaron las conversaciones telefónicas entre ambos: "Me llamó varias veces, habitualmente para hablar de temas de seguridad. Él quería que yo continuara involucrado en este tipo de asuntos, y habíamos quedado en hablar de ello en Imola". Un par de días antes de su muerte, le mandó un saludo por radio desde su Williams: "Un saludo especial para mi querido amigo Alain. Te echo en falta Alain". Prost se emocionó.

"Creo que con el tiempo quizás podríamos haber llegado a ser amigos. Una vez ya no éramos rivales, todo cambió". Pero la muerte se cruzó en su amistad. Prost quiso rendirle un último homenaje portando su féretro en Brasil. Actualmente es miembro de su fundación, el Instituto Ayrton Senna.

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