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Sevilla y Villarreal cuelgan el cartel de 'No Molestar'

AS AS 04/05/2014 Juan Jiménez
© Paco Puentes

Más que un partido de entreguerras, fue un tratado de inacción que terminó con uno de los ceros a ceros con más lógica aplastante de los últimos tiempos. A estas alturas quien no se juega un objetivo o un maletín va ya al paso en la Liga. Pesan los meses y las cabezas están en otra cosa. La del Sevilla, en concreto, en Turín. Y la del Villarreal en el esfuerzo prolongado que ha hecho desde su sprint para ascender hasta tocar Europa con los dedos. El partido fue una negociación entre amigos. Sin apaños, pero jugado en son de paz. Casi como en verano.

Después del subidón del jueves en el gol de Mbia, a la grada no le importó demasiado comerse unas pipas tan panchamente mientras los equipos se intercambiaban golpes de mentira en la primera parte. Un par de tiros de Vitolo rechazados por Asenjo, otro de Alberto Moreno fuera y acercamientos de Gio sofocados por Varas (que jugó para dar descanso a Beto, que ya jugó tocado en Valencia). Balas de fogueo, aunque el mexicano, viejo deseo de Monchi que no fue capaz de persuadir al inflexible Daniel Levy sí pareció algo más preocupado por dejar una buena imagen. Fue lo más picante de un pleito sin sal. Perfectamente prescindible.

El regreso de Marcelino no llamó demasiado la atención. El foco estaba en la ovación a Mbia, que por cierto acabó extenuado, y a los héroes que irán a Turín. Emery rotó para dar oxígeno a parte de su columna vertebral (Fazio, Bacca) y el Villarreal se ha ido dejando la gasolina con el paso de las jornadas. No hubo ninguna tensión y al final al respetable le acabó por molestar tanto desinterés. Hubo alguna ocasión, sí, como una que Musacchio tiró fuera a puerta vacía y sin portero. Increíble. Así que la fiesta de la final se aguó un poco. Fue como si con el calor Sevilla y Villarreal se hubiesen ido cada uno a su habitación y hubiesen colgado el cartel de No Molestar. Sigan durmiendo.

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