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Todo empieza donde acabó

AS AS 13/06/2014 Juanma Trueba

Llegó el momento. Nos mira el mundo”. Así comenzamos hace cuatro años y no parece mala idea caminar sobre las huellas de entonces. Me apresuro a recordar que nos miraba el mundo y perdimos. Suiza encontró el antídoto para nuestro juego de toque: acumular defensas y reducir espacios. El resto es conocido: ningún equipo había sido campeón después de perder en su estreno. Hasta que España lo logró.

Hoy Holanda quiere ser Suiza, de ahí que anuncie cinco defensas, 5-3-2, combinación de caja fuerte. Se trata de su enésimo ejercicio de transformismo. En la final de Sudáfrica quiso ser el Estudiantes de la Plata de los años 60. Se comprende su desconcierto, y hasta se disculpa. Los últimos cuarenta años (tres finales perdidas) han hecho sentir a los holandeses que jugar bien no es suficiente, por eso últimamente exploran caminos distintos, pelucas nuevas. Para España el primer peligro proviene de esa cábala tan poco científica: los de naranja, algún día, tendrán suerte. El fútbol paga, aunque lo haga con la diligencia de un ayuntamiento.

Mientras Holanda se prueba disfraces, España se mira al espejo con la esperanza de reconocerse. De momento, la figura de Xavi aparece y desaparece como en los cuentos de terror. La primera pregunta es si podremos ser campeones sin él, o con él en estado gaseoso. El deseo (o el rezo) es que su último tango lo baile en Brasil.

Lo demás no es muy distinto de hace cuatro años, de hace dos, de casi siempre. La Selección sigue sin resolver el dilema del nueve y esa indefinición ha terminado por ser uno de sus encantos. Resulta paradójico que el símbolo de la renovación sea precisamente un nueve cuyo encaje está por ver: Diego Costa. Hoy jugará a 290 kilómetros de su pueblo, el archiconocido Lagarto (de dos colores).

Decimos jugará, pero el once titular es una intuición. Cualquier argumento es válido para defender una u otra alternativa: tendría sentido alinear a Cesc para abrir espacios en la defensa de cinco y sería lógico recurrir a Diego Costa (o Torres) para probar la resistencia de los jóvenes centrales de Holanda.

No debería haber muchas más sorpresas. Lo normal es que Del Bosque apueste por Piqué, por el doble pivote (Busquets-Xabi) y que elija a tres bajitos de estos cuatro: Xavi, Iniesta, Silva y Pedro.

Con lo mejor de Holanda al acecho (Sneijder, Robben y Van Persie), el repliegue será tan importante como la posesión, la presión tan decisiva como la pegada. Que nadie olvide que defendemos corona y estilo.

Si me lo permiten, copiaré la última frase de hace cuatro años, primer partido del Mundial 2010. “Buen día para conquistar el mundo”. Otra vez.

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