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Turín en dos metros

AS AS 24/04/2014 Juan Jiménez

En ese titular, Turín en dos metros, se encierra la ilusión de una afición, la del Sevilla, y la impotencia de otra, la del Valencia. En los dos metros de ventaja aproximados que tomó Mbia para rematar el 1-0 pudo estar la final del 14 de mayo. Porque ese gol viró los acontecimientos y puso al Sevilla a favor del aire. No puede decirse que el 2-0 fuese un asunto del colegiado Skomina porque el Sevilla estuvo bravo, demostró recursos y hasta pudo hacer alguno más, pero tampoco hay motivos para no entender la pena del Valencia más allá de Salvo, algo pasado de tono en sus declaraciones. Fue un gol decisivo. Dos metros en noventa minutos. Qué delgada es la línea de la gloria en el fútbol.

Siete años después de aquella maravillosa final de Glasgow y cerrado con cierto tono grisáceo un ciclo glorioso de seis títulos y jugadores inolvidables como Palop, Alves, Luis Fabiano o Kanouté, el Sevilla reconstruido piedra a piedra por Monchi y compactado, catorce caras nuevas, por Unai Emery, acaricia la tercera final europea de su historia (más las dos Supercopas). La tiene a tiro después de ese 2-0 fabricado con el gol ilegal de Mbia (33’) y otro de Bacca (36’), una de las apariciones más excepcionales del año en el concierto continental. Fueron tres minutos mágicos de inspiración. Letales. El Valencia sabe que tiene por delante un Everest pero ya levantó un 3-0 ante el Basilea y demostró corazón hasta el final. Sólo los reflejos de Beto en un remate de Jonas (87’) y el larguero en un cabezazo del revoltoso Vargas (88’) le apartaron del famoso gol foráneo que es un tesoro en Europa. Los che están obligados a otra semana de arengas, vídeos y sobre todo un partido perfecto para levantar uno de los peores resultados posibles en Europa.

Y eso que el Valencia tuvo una puesta en escena convincente. Pizzi demostró tener bien estudiado el partido, lo que generó una atmósfera de preocupación en Nervión, que esperaba una salida en tromba, tipo Oporto. El Valencia, sin embargo, no aprovechó los primeros minutos de superioridad posicional para generar oportunidades. Todo saltó por los aires pasada la media hora con el affaire Mbia.

Vitolo provocó una buena falta. Skomina dedicó un minuto a adoctrinar a los jugadores para que no se agarrasen en el área mientras Rakitic ajustaba el punto de mira. Lo que no vio el esloveno es que cuando peinó Carriço el camerunés estaba casi colgado del palo. Tanto que tuvo que dar marcha atrás e improvisar un remate de tacón. Skomina, que será de Eslovenia pero lleva 62 internacionalidades, buscó la bandera cómplice del asistente. Algo le pareció raro. Pero no la encontró y señaló el centro del campo. El Valencia perdió el oremus y en mitad de la confusión Bacca hizo el 2-0.

Pizzi se inventó a Vargas en la izquierda en el segundo tiempo y funcionó. El Sevilla goteó cambios, se entregó a Beto y supo sufrir, aunque también tuvo la sentencia en un cabezazo de Fazio y un mano a mano de Bacca. Pizzi no bajó los brazos ni al final y anunció guerra para la vuelta. Lo sabe el Sevilla, que ya se prepara para el frente de Mestalla. Hay mucho que contar aún en esta semifinal.

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