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Un caso delicado

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 30/04/2014 Mikel Encinas

Griezmann ha hablado en Canal + Francia y en la web de la Real. En ninguna de sus apariciones ha querido vincular su futuro al club txuri urdin. Normal, porque da la sensación de que la posibilidad de marcharse ronda su cabeza con más fuerza que ningún otro año. Parece inevitable un verano movido en torno a su figura y es una situación difícil de gestionar, tanto para el futbolista como para el club.

El francés, al menos por ahora, está actuando de forma consecuente, sin enviar mensajes de amor eterno y sin mojarse cuando le preguntan por su continuidad. Mejor no decir nunca que no te ves con otra camiseta, como dijo el que ayer celebraba con la afición del Madrid el pase a la final de la Champions. En el otro lado está el club que, no olvidemos, siempre está a merced del futbolista que se quiere marchar y cualquier medida que tome será criticada. En este momento, una renovación parece una quimera y el galo acaba contrato en 2016. Si no se vende este verano, su valor será mucho menor el próximo, al quedarle sólo un año.

Pero, por encima de cualquier cábala, hay un silogismo irrefutable: si el jugador se quiere ir, la Real tiene un problema y se terminará marchando. Puede retenerle, pero, como decía Lillo, "cuando un futbolista dice que se quiere ir es que ya se ha ido". Y en esas condiciones, Griezmann, como cualquier otro, no sería el mismo y eso repercutiría en todo el equipo. Ante esa tesitura, ¿sería un error aceptar una oferta inferior a los 30 millones?, más allá de que la Real pueda tener un pacto de caballeros con él para negociar su cláusula como consecuencia de su última renovación

En los dos últimos días, Griezmann ha hablado en Canal + Francia y en la web de la Real. En ninguna de sus apariciones ha querido vincular su futuro al club txuri urdin. Normal, porque da la sensación de que la posibilidad de marcharse ronda su cabeza con más fuerza que ningún otro año. Parece inevitable un verano movido en torno a su figura y es una situación difícil de gestionar, tanto para el futbolista como para el club. El francés, al menos por ahora, está actuando de forma consecuente, sin enviar mensajes de amor eterno y sin mojarse cuando le preguntan por su continuidad. Mejor no decir nunca que no te ves con otra camiseta, como dijo el que ayer celebraba con la afición del Madrid el pase a la final de la Champions. En el otro lado está el club que, no olvidemos, siempre está a merced del futbolista que se quiere marchar y cualquier medida que tome será criticada. En este momento, una renovación parece una quimera y el galo acaba contrato en 2016. Si no se vende este verano, su valor será mucho menor el próximo, al quedarle sólo un año. Pero, por encima de cualquier cábala, hay un silogismo irrefutable: si el jugador se quiere ir, la Real tiene un problema y se terminará marchando. Puede retenerle, pero, como decía Lillo, "cuando un futbolista dice que se quiere ir es que ya se ha ido". Y en esas condiciones, Griezmann, como cualquier otro, no sería el mismo y eso repercutiría en todo el equipo. Ante esa tesitura, ¿sería un error aceptar una oferta inferior a los 30 millones?, más allá de que la Real pueda tener un pacto de caballeros con él para negociar su cláusula como consecuencia de su última renovación

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