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Una fiesta de leyenda

Marca Marca 25/05/2014 Delfín Melero

El Santiago Bernabéu la llevaba esperando demasiado tiempo. La Décima ya estaba con sus hermanas, las otras nueve réplicas que la acompañaron en el césped. La espera fue larga, pero mereció la pena por ver esas orejas y a los que llegaron con ella. Iker y Ramos se la presentaron al madridismo. El fiestón fue de época en un Bernabéu abarrotado y rendido a unos jugadores que ya son leyenda.

Miki Nadal dirigió un acto que tardará en olvidarse. Había ganas de fiesta con una razón de peso: ella, la Décima. El estadio se vino abajo. No era domingo de partido en Chamartín, era mucho más. La afición respondió y disfrutó hasta esperando a sus jugadores, que antes pasaron por la sede de la Comunidad de Madrid y por el Ayuntamiento para cumplir con los actos protocolarios. En el Bernabéu ya se pudieron aflojar la corbata. La Copa de Europa desató sus emociones.

Permanecieron las cuatro pantallas gigantes colocadas en el círculo central para ver la final. Había que aprovecharlas. Las réplicas de las otras nueve copas la rodearon. Todo estaba preparado. Y la fiesta comenzó. Igual dio que lo hiciese con más de una hora de retraso.

Las luces se apagaron y comenzó el fiestón. Los jugadores, tal y como ganaron la Champions, fueron apareciendo. Una plataforma les acercó al cielo que se ganaron en Lisboa. Allí, Iker y Ramos mostrarón la Décima al Bernabéu. Fue el colofón a una noche maravillosa. El portero, por si acaso, mandó un mensaje. Hoy ya ha comenzado la búsqueda y captura de la Undécima.

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