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Una mamá a contracorriente

Marca Marca 11/08/2016

Comenzó a forjar su leyenda en la playa de La Concha de San Sebastián cuando contaba con once años. Su padre tenía una librería familiar pero ella prefería pasar el tiempo en el agua de una de las playas más bonitas del territorio español. En el club Atlético San Sebastián dio sus primeras paladas en una época en la que la logística era más complicada que ahora y en la que los deportistas se tenían que intercambiar piraguas porque sólo había una y tenían que hacer turnos.

En el año 2000, recibió por primera vez la llamada del equipo español para competir en el Mundial júnior de Bratislava. Sólo un año más tarde ya contaban con ella en la absoluta y en 2004 conquista su primera medalla internacional en el Europeo Sub23.

Dos semanas después tuvo que ser operada del hombro izquierdo tras sufrir varias subluxaciones y, a los seis meses y justo antes del Europeo, se luxó el derecho y tuvo que pasar por quirófano de nuevo.

Pero si hay algo que caracterice a Maialen es su carácter luchador. Es muy competitiva y trabajadora, además de muy exigente consigo misma, por eso ambas lesiones no pudieron con ella sino que la hicieron más fuerte.Su primera cita olímpica fue la de Pekín en 2008. Entonces se saltó una puerta y no consiguió entrar en la final, acabó decimosexta.

Pero tres años después, en 2011, firmó una temporada excelente con varios podios internacionales y un bronce en el Mundial de Bratislava. Quedaba un año para los Juegos de Londres y Maialen estaba en plena forma. En la capital británica conquistó un bronce olímpico que le supo a poco porque se veía capacitada para subir a lo más alto del podio. Nada más bajar de la piragüa dedicó esa medalla al equipo.

El piragüismo, en la categoría que ella compite de eslalom, es un deporte individual pero ella es consciente de que no hubiese llegado hasta ahí sin quienes la ayudan cada día. En especial sin Xabi Etxaniz, su marido, olímpico en Barcelona y Atlanta, su entrenador desde infantil y director técnico de eslalon de la Federación, además de uno de los primeros españoles que compitieron en la modalidad de eslalon cuando fue incluida en el programa olímpico de Barcelona 92. Junto a él ha formado un tándem perfecto, que vio cumplido su sueño de ser padres un año después de aquel bronce. Ane vino al mundo en 2013. Hasta hace unos años la maternidad suponía el punto final para la carrera deportiva de una mujer. Maialen ha demostrado que, en realidad, es un punto y seguido.

Remando hasta dos días antes de dar a luz

stuvo remando hasta dos días antes de dar a luz, aunque no a la intensidad de un entrenamiento normal. "Quería ser madre y seguir siendo piragüista. Lo hice para que me costara menos volver a estar en forma tras el parto", explica. Fue por cesárea y le estuvo dando el pecho hasta que cumplió año y medio. "

A los 15 días intenté volver a la piragua pero tuve que esperar. Hasta que no dejé de dárselo no pude mejorar físicamente. Tras la cesárea parecía que la piragua pesaba 20 ó 30 kilos en vez de 9. Y con la pala, lo mismo", reconoce.Pero poco a poco volvió a ser la de antes y a los dos meses ganó la plata en el Campeonato de España.

Tuvo que cambiar la técnica tras el embarazo porque durante los nueve meses que duró perdió la amplitud del gesto y lo tuvo que corregir. Pero la maternidad no la frenó, al contrario. El año pasado, sacó cinco medallas en siete competiciones internacionales (dos oros y tres platas). Lo único que ha cambiado son sus prioridades. "Antes sólo me preocupaba del piragüismo y ahora tengo algo que me llena y me hace sentir plena. Es verdad que no puedo entrenarme cuando quiero, como antes, pero me organizo más y ya está", explica restándole importancia.

Ane acompaña a sus padres a todas partes. Maialen necesita tenerla cerca porque le da tranquilidad. "La llevo a todas las concentraciones y competiciones. Vaya donde vaya viene conmigo. No siempre es fácil. La organización para los Juegos es complicada porque no tienen permitida la entrada de los niños a la Villa olímpica y al canal. Antes no había mamás deportistas, ahora está cambiando, por eso hay que cambiar las leyes olímpicas y hacer en la Villa una zona para niños. Hay que dar facilidades a las madres olímpicas", dice.

Este jueves Ane estaba en la grada, como siempre, junto a su abuela y a Raquel, su cuidadora, que también viaja con la familia a todas partes. Animaba a su madre como cualquier otro día, pero esta vez era especial. Sólo tiene tres años y aún no es consciente de lo que Maialen ha logrado pero puede estar muy orgullosa de tener una madre como ella. Luchadora e imparable. Una mamá a contracorriente.

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