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Una noCHE de traca

Marca Marca 10/04/2014 marca.com

Los jugadores del Basilea salieron de Mestalla con marcas en el cuello. Créanselo. Fueron víctimas de la noche de los vampiros. Los murciélagos del escudo valencianista se transformaron. No sabemos lo que pasará cuando salga el sol, pero el Basilea sólo recordará la oscuridad de una noche para la historia. Mestalla se encendió. No recordaba algo parecido en los últimos años. Cada aficionado estaba en las botas de Paco Alcácer, que llevaba serigrafiada la palabra 'reamuntada' para estar en semifinales.

El Valencia tenía que meter tres para arreglar la tragedia de la ida. El desastre de hace una semana se convirtió en ceniza. El equipo de Pizzi forzó la prórroga en 90 minutos que a los suizos les parecieron media vida. Aguantaron gracias a su portero Yan Sommer. Estuvo a la altura del Valencia.

En el tiempo extra, el Basilea se quedó con dos menos. Con nueve, sí, pero con un guardameta prodigioso. Con los penaltis en el horizonte, Alcácer culminó la mejor noche de su vida haciendo el cuarto y tumbando a un gigante. Bernat cerró la cuenta. Mestalla estaba exaltada.

La sentencia estaba escrita
El Valencia inició el camino hacia la remontada justo cuando comenzaba a frustrarse. Pasada la media hora, el equipo no había creado ocasiones. Ni había saludado a Sommer. El Basilea cerró todos los huecos y le bastó hasta ese momento con obstaculizar la salida de Parejo, al que le pusieron unos cuantos vigilantes de seguridad. En el minuto 38 el petardazo lo dio Joa Pereira. El portugués, casta y pundonor, colgó un balón al área y allí apareció Alcácer para la esperanza.

Cinco minutos después, al límite del descanso, Vargas hizo el segundo. Antes se había topado con Sommer, que no pudo hacer nada tras el cabezazo del chileno, que saltó y remató siguiendo las instrucciones de Iván Luis Zamorano. La locura ya se había desatado. Ya no había vuelta atrás. El Basilea ya estaba condenado.

De no ser por Sommer...
En la segunda, Murat Yakin, técnico visitante, incrustó a Fabian Frei entre los centrales para defender con más gente. Luego fue cambiando fichas y metiendo más defensas. No le quedaba otra. El arrebato che fue apoteósico. El 3-0 llegó en el 70'. Vargas se tiró al suelo para dejársela de cara a Alcácer y éste desinfló la pelota, que entró como un cuchillo. Disparó con el alma. El gol lo había retrasado Sommer, claro, y los palos.

Detrás de los incansables delanteros locales, el Valencia se sintió arropado por su gente y por un Keita que se bastó para pelearse con los que no llevaban su camiseta. Siempre con el balón de por medio y como botín, que conste. Jonas se incorporó después a la artillería ofensiva.

El Basilea firmó la prórroga y hubiese hecho lo mismo con los penaltis. El Valencia perdió por lesión (heridas de guerra) a Mathieu y Joao Pereira, pero los suizos perdieron a Marcelo Díaz y a Sauro por expulsión en el tiempo extra. El Valencia tenía que evitar los penaltis. Con dos más y con millones de valencianistas empujando a un equipo orgulloso. Alcácer firmó el final y Bernat le puso el lazo a una noche maravillosa. Y las que tienen que quedar en Europa.

delfin.melero@marca.com
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