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Una relación imposible

MundoDeportivo.com MundoDeportivo.com 14/06/2014 R. Torquemada

No ha podido ser. Las dos partes se han querido y han deseado entenderse, pero la química nunca ha funcionado aunque pareciese que estaban hechos el uno para el otro. Dicen que el primer amor siempre marca, lo que quizás provocó que tanto Cesc como el Barça se convenciesen que estaban destinados a estar juntos.

El aterrizaje en un equipo campeón del centrocampista que remataba la evolución del antiguo 'cuatro' de Cruyff fue pasión pura, como si hubiesen nacido para compartir sus vidas. Si Guardiola nos enseñó el juego de posición, Xavi le añadió dinamismo e Iniesta desequilibrio, Cesc le incorporaba llegada y gol, lo que convertía el primer pase del plan blaugrana de los 90 en el remate del 2010.

Su despliegue físico, su complicidad natural con Messi, su irrupción imprevisible y su orgullo competitivo se juntaron para impactar a un barcelonismo que siempre quiso que el fichaje fuese un acierto.

Sin embargo, todo fue mucho más difícil de lo que parecía. Cesc se fue sintiendo atrapado entre lo que le había hecho atractivo y lo que le reclamaba un plan de juego consolidado que había seducido al mundo.

Entre el vértigo y la verticalidad que lo convierten en una primera espada y la pausa y la paciencia que exige la precisión de un equipo acostumbrado a ejecutar a alta velocidad mental en espacios reducidos.

Mientras competía con el mejor centro del campo de la historia por una plaza o incluso con el mejor jugador del planeta por la posición de falso nueve que lo liberaba de ciertas exigencias colectivas, buscaba el equilibrio soñado sin perder nunca la ambición. Y lo que todo el mundo suspiraba que llegase con el tiempo, nunca llegó.

Guardiola potenció el 3-4-3 con éxito para explotar sus virtudes, pero no podía convertir un plan alternativo en un hábito; Vilanova estiró al Barça para que su dimensión aumentase, pero las crueldades de la vida rompieron el proyecto; Martino conectó con su expresión, pero este equipo habla otro idioma con fluidez. Cesc nunca se pudodesprender de la mirada futbolística que adquirió en su formación en el Arsenal, aunque siempre quisiésemos ver que era un producto "made in Barça".

Él tiene el corazón blaugrana y había soñado en el Camp Nou, pero interpreta el fútbol como le enseñaron en Inglaterra. Y el Barça no puede renunciar a los principios futbolísticos que lo identifican, al plan de estudios de La Masia, a lo que un día escogió que quería ser más allá de los matices imprescindibles que actualicen su versión.

Donde Cesc ve un pase profundo, el Barça ve un riesgo inasumible para el control que quiere. Hay relaciones imposibles, aunque deseadas, donde el amor se expresa en un divorcio sano. El Barça y Cesc han tomado la mejor decisión, no han alargado una agonía que los estaba castigando. Ahora ambos están liberados para buscar lo que necesitan, no lo que deseaban necesitar.

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