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Valverde, tenías razón

SPORTYOU SPORTYOU 18/03/2016 Chema Mancha
Valverde, tenías razón © Getty Images Valverde, tenías razón

Yo fui de los que te criticaron, Ernesto. Yo fui uno de esos a los que no le gustó tu salida del Valencia, uno de los que piensa que en un solo día, el último, te cargaste seis meses de trabajo espectacular. Yo no entendí ni la forma ni el fondo, ni la chicha ni el envoltorio, ni lo que hiciste ni cómo lo hiciste, ni tus palabras, ni tus consejeros, ni tu decisión. Vi cómo te dio un arrebato extraño en el Pizjuán, cómo le dijiste a la plantilla que no ibas a seguir antes de un partido vital, cómo te fuiste de la ciudad rechazando el cariño de una afición a la que le cuesta ponerse de acuerdo con un entrenador pero que sabe detectar cuando un entrenador es bueno de verdad. En ti lo detectó, Ernesto, y tú les diste de lado.

Pero, ¿sabes qué? Que hoy te entiendo, que he cambiado mi opinión, que sigo sin compartir la forma pero comparto el fondo. Después de ti vino Djukic, que no funcionó. Y después, para acabar la temporada, vino Pizzi. Y a Pizzi le dieron la patada en verano. Ni proyecto con él, ni fichajes consensuados con él, ni leches en vinagre: reuniones para planificar la temporada mientras él estaba desayunando en la Malvarrosa porque no le habían avisado y despido por la espalda.

Y vino Nuno porque era la exigencia del nuevo dueño. Y como tú sabes de qué va esto ya te lo olías, Ernesto, ya te lo olías. Ya te olías que algo raro iba a pasar ese año. Y tenías razón. De haber seguido te hubieran cambiado de director deportivo a los cuatro meses, te habrían puesto el club en venta a los seis, te habrían tenido que fichar a seis o siete jugadores a los siete meses. Habrías tenido nuevo máximo accionista en mayo y habrías acabado la temporada con dos planificaciones distintas a la vez, la del club y la de Jorge Mendes. Y todo para que hicieras lo que hicieras o como lo hicieras, un día un señor de Singapur decidiera tu despido fulminante para dar entrada a un colega. Y ese colega pasaría a ocupar tu puesto de inmediato con poderes que jamás a ti te hubieran otorgado. En julio ya habrías estado en la calle, sin equipo y con cara de tonto.

Y fíjate, Ernesto. Ese año te fuiste al Athletic a consolidar un proyecto en un club que te aprecia. Has conseguido establecer una idea de juego, tu idea de juego. Has cumplido sobrado los objetivos deportivos e incluso has ganado un título, algo que hacía 31 años que no pasaba en Bilbao. Acabas de renovar y la temporada que viene harás cuatro años allí. Te identificas con la filosofía de la casa y creces tanto a nivel personal como profesional. Suenas para la selección y para liderar grandes proyectos de grandes clubes europeos.

Y todo por una elección en aquel mes de junio de 2013 que yo no entendí, que yo critiqué. No me cabía en la cabeza que alguien tan querido en Mestalla no quisiese estar en el Valencia. Pero acertaste, vaya si acertaste. Sólo espero que algún día te saques aquella vieja espina y vuelvas por aquí, porque ayer todos los que estuvimos en el campo te añoramos, te respetamos y deseamos que el club haga bien las cosas de una puñetera vez.

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