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Veinte años sin Luis Ocaña, el campeón excesivo

AS AS 20/05/2014 Juan Gutiérrez

Luis Ocaña Pernía (Priego, Cuenca, 9 de junio de 1945-Mont de Marsan, 19 de mayo de 1994) tenía que coger un coche para desplazarse a Bolonia, donde tres días después arrancaba el Giro de Italia de 1994, aquel que ganó Berzin y perdió Indurain. Ocaña iba a comentar la carrera con la COPE, como había hecho hasta cuatro días antes en la reciente Vuelta a España, la tercera de Rominger y la última en primavera. Pero en lugar del coche, cogió una pistola y se pegó un tiro en la sien, en su casa de campo de Caupenne d’Armagnac.

Josiane, su mujer, le encontró muerto. Tenía el teléfono descolgado. Su última llamada había sido a su amigo Juan Hortelano, según relata Carlos Arribas en su libro Ocaña. La mala salud de su negocio vinícola y la mala salud de su maltrecho hígado le arrastraron a una depresión. Oficialmente, el juez decretó suicidio, aunque la familia de Luis y su hijo Jean-Louis sospechaban de su esposa.

Al funeral acudió Merckx, a quien discutió su dictadura en la época. Fue en aquel famoso Tour de Francia 1971, donde solo una caída en el descenso del Menté impidió su victoria cuando dominaba de amarillo. Ocaña odió a Merckx por aquello. Y por la visita que le hizo unos días después al paso de la ronda por su ciudad. Con los años arreglaron sus diferencias con una gran borrachera en Suiza. “Fue mi adversario más leal”, recuerda el Caníbal.

Luis Ocaña con Fuente durante el Tour que ganó en 1973. © Proporcionado por AS Luis Ocaña con Fuente durante el Tour que ganó en 1973.

También fueron al funeral Thévenet y Tarangu Fuente, los ciclistas que le acompañaron en el podio del Tour 1973. La gran victoria que le debía el destino, a la que faltó Merckx porque prefirió el doblete Vuelta-Giro.

Además, Ocaña ganó la Vuelta 1970, que salió de la provincia de Cádiz, igual que este año. Allí recibirá un homenaje. En España le llamaban el francés y en Francia, el español. Aquí no se sintió muy querido, en una etapa en la que el ciclismo bailaba al son del Kas. Allí se crió y hasta apoyó electoralmente al ultranacionalista Le Pen. Banderas al margen, fue un gran campeón. Excesivo y trágico. Ayer se cumplieron 20 años de su adiós.

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