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"Yo quería ser traficante, no una estrella de la NBA"

Marca Marca 09/12/2015 G. García
Caron Butler. © Marca Caron Butler.

"Siendo niño, tú puedes ir al colegio todos los días. Vas a clase durante ocho horas al día, pero no ves un impacto inmediato. Sin embargo, si estás en la calle, en una esquina vendiendo droga, en apenas cuatro o cinco horas puedes ganar unos 1.500 dólares". Una frase dura en boca de cualquiera, pero sobrecogedora en palabras de alguien que años más tarde, olvidada su dura infancia, llegó a ser una estrella del baloncesto. "¿Ser como Mike [Jordan]? Yo quería ser un traficante como Junebug, no una estrella NBA", asegura un jugador de los Kings con 13 años de experiencia en la mejor liga del mundo.

Es la historia de Caron Butler, que ahora cuenta en su biografía 'Tuff Juice', y de cómo pasó de traficar con cocaína, crack y marihuana en su más tierna infancia a ganar casi 82 millones de dólares en 13 temporadas en la NBA. Una historia dura repleta de idas y venidas a los reformatorios, pero que, como buena biografía 'made in NBA' daría para un guión en Hollywood.

El veterano jugador de los Kings, presume de un anillo en sus dedos (conquistado con Dallas en 2011) y dos nominaciones 'All Star' bajo el brazo (aunque el de 2008 no llegó a disputarlo por una lesión), pero también con un currículo delictivo de esos que convierten la NBA en el Ejército de Salvación. Una liga capaz de sacar a un infante de lo más crudo de las entrañas de la calle hasta convertirlo en una estrella de la canasta. Y para colmo, todo adornado con un ángel de la guarda como si de un James Stewart navideño se tratara.

Butler, que durante sus 13 campañas en la élite acumula 14,2 puntos y cinco rebotes por partido, llegó a la NBA de rebote. Por la intuición de un agente de Policía de la pequeña localidad de Racine que intuyó la inocencia en un adolescente de 15 años cuando el resto de la sociedad ya le condenaba a una vida de juicios, culpabilidad y cárcel.

El hoy alero de los Kings nació en la pequeña ciudad del estado de Wisconsin en 1980. Una localidad reconocida como uno de los grandes mercados de la droga en las décadas de los 80 y los 90 y en la que el dinero fácil y el brillo de las grandes cadenas y los anillos fastuosos deslumbraban a cualquiera. Y, por supuesto, Butler no pudo escapar a esa luz tan cegadora.

El NBA cumplió con los cánones que marcan lo desdichado de una vida y creció sin una figura paterna que tomar como referente. Su madre era su pilar y su tío Carlos la figura masculina a la que el joven Caron admiraba. Un modelo que pasaba más tiempo entre rejas por tráfico de drogas que en casa, junto a los suyos.

Sin embargo, cuando Carlos estaba en libertad, Caron veía dinero en sus bolsillos, joyas y una vida de lujo y falso oropel. El joven Butler, con apenas 11 años, se decantaba por seguir a su tío y comenzó a traficar con marihuana en un parque cercano a su casa. Su primer día como 'camello', el alero se embolsaba 38 dólares y comenzaba a fraguarse su negro futuro en las calles, mientras repartía periódicos entre los vecino. Un oficio que le sirvió de tapadera con su madre, pero no así con la Policía.

Butler pasó hasta en 14 ocasiones por la comisaría local antes de los 15 años, detenido en todas ellas por posesión de drogas. Su historial delictivo era tan amplio, a una edad tan temprana, que todo hacía indicar que Caron no tenía salvación.

Y menos unos meses después. Era el primer año de Butler en el instituto local y allí todo el mundo sabía a lo que se dedicaba aquel chico. Sobre todo, las autoridades locales, que certificaron sus sospechas cuando decidieron registrar la taquilla de Caron. Un filón en el que encontraron droga, una pistola del calibre 32 y 1.200 dólares en droga. Parecía el final del joven.

Fiel a quien él consideraba sus amigos, Butler se negó a desvelar el nombre de sus compañeros de fechorías ni de quién era el arma que había aparecido en su taquilla. "No le iba a decir a nadie quiénes eran mis compañeros. Si yo estaba ahí fuera traficando con veneno, el karma me había puesto en su sitio", confesaba años después el adolescente que fue condenado a nueve meses encerrado en un correccional.

Fue la peor experiencia de su vida. Sobre todo por su madre, quien acompañó al autobús penitenciario hasta la misma puerta del correccional para, con lágrimas en los ojos, mirar a su pequeño por última vez. Sabía que tras el paso por el reformatorio, su hijo dejaría de ser un niño.

Algo que sucedió apenas unas semanas después. Caron se enfrentó con otro joven de una banda rival, lo que le supuso 15 días de aislamiento, encerrado en una celda sin ventanas y con sólo una hora al día de aire libre. Ese acontecimiento supuso el génesis del Butler de hoy en día. Caron se dedicó a leer, a escribir y a reflexionar sobre su vida hasta ese momento y decidió que no quería volver a pasar por aquello.

Era agosto de 1996 cuando Butler salió del correccional. Aquel día prometió a su madre que jama volvería a meterse en líos. Su madre le creyó, mudó a la familia a otro barrio menos problemático y buscó a su hijo un empleo en un establecimiento de comida rápida. Caron tuvo que aguantar las burlas y el desprecio de quienes hasta entonces habían sido sus amigos y que seguían en la calle vendiendo marihuana, crack y heroína. El escarnio público no cambio la visión del jugador, que no se dejó influenciar por ello.

Pese a sus deseos de cambiar, la vida le tenía reservado un golpe más. El 22 de febrero de 1998, entrada la madrugada, Caron descansaba en su habitación cuando, de repente, dos coches de la Policía local pararon frente a su casa. Pese a que él se había mantenido alejado de los problemas, sabía que su casa era sinónimo de problemas. Se echó la manta por encima y se hizo el dormido, esperando que todo aquello pasara.

A los pocos minutos, un agente entró en su habitación y le sacó de allí esposado. Asustado y con los ojos llorosos, Butler defendía su inocencia a capa y espada. Sin embargo, la Policía encontró crack en el garaje de la casa. Las sombras del pasado volvían a cernirse sobre Butler.

Sin embargo, el alero tiene ángel y aquella fría noche éste tomó forma humana en la figura del agente Rick Geller. El encargado de la operación miró al joven Butler y algo le hizo cambiar de opinión. Pese a su historial, Geller creyó en la inocencia del joven y le dijo a su superior que si encerraban a aquel chico estarían cometiendo el mayor error de sus carreras.

Geller consiguió el indulto para Butler, que se habría enfrentado a 10 años de cárcel. Caron volvió a la cama sin distinguir el rostro de su ángel de la guarda, pero consciente de que aquel momento había cambiado su vida.

No fue hasta 10 años más tarde cuando Butler y Geller se encontraron en un acto benéfico. "Él se acercó y me dijo que era el oficial que había hecho posible que mi familia y yo estuviéramos bien. Me contó la historia de lo sucedido aquella noche, cómo tomó la decisión que podría haber cambiado el paisaje de mi vida. Le estoy extremadamente agradecido", confesaba Butler al recordar a su salvador.

El hombre que, a día de hoy, le llama tras cada partido y que se ha convertido en su mayor crítico. El mismo que cuando fichó por sus amados Bucks le llamó para felicitarle y que al enterarse de su marcha a Oklahoma en 2014 también se puso en contacto para darle la enhorabuena. Un hombre sin el que la historia de este campeón de la NBA no se habría podido escribir.

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