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Motivos para otra copa en el Atlético

Logotipo de El Mundo El Mundo 16/05/2018 Carlos Guisasola
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El Stade de Lyon podría ser perfectamente un primo lejano del Wanda Metropolitano. Ambos tienen muchos rasgos en común. Desde la cubierta estilo platillo volante hasta el esquinazo, pegado a la autovía, donde se ubica el escenario de la final de la Europa League. Un páramo en calma (tanto que este martes no había ni taxis debido a la huelga) que el Atlético quiere convertir en otra ciudad tachada de su lista como Hamburgo o Bucarest. Hoy, ese rincón alejado del centro de la ciudad se convertirá en una especie de fortín policial para contener a los temidos ultras del Olympique de Marsella, para los que el estadio del Lyon es también un territorio por conquistar, aunque con unos métodos que nada tienen que ver con el deporte. Por eso el aeropuerto de Lyon-Saint Exupéry estaba tomado por la policía francesa. Más de 1.000 efectivos, entre policías, gendarmes y antidisturbios, se encargarán de que nada se tuerza.

«Ojalá se hable sólo de fútbol y sea una fiesta en paz», pedía Godín desde el púlpito de la sala de prensa. Él y Gabi, dos de los tres capitanes (sólo faltó Koke) escoltaron a Simeone como ocurre cuando se acerca una de esas grandes noches por las que tantas veces ha correteado el Atlético en la última década. Por si acaso, también estuvo por allí su hijo pequeño Giuliano, que no quiso perderse un sólo detalle del discurso de su papá. «Son muchas emociones, mucha emoción y, sobre todo, mucha humildad», explicaba el técnico argentino, el gran ausente de la final tras su estallido de cólera en el Emirates. Tal vez su hijo le haga compañía en la grada. «No me preocupa en exceso, confío en Germán. Ya le vieron frente al Arsenal y el equipo no se resintió».

Pese al parecido razonable entre el Metropolitano y el Stade de Lyon, a Simeone le costó un rato bajar y dejar de contemplar un estadio que puede afinar parte de la sonrisa difuminada en las dos últimas finales europeas. La última, en Milán, casi se lo lleva por delante. La mayoría de los jugadores que salten al césped tienen grabado en su cabeza el triste relato del Atlético en las dos finales de Champions, pero también lo que supuso la final de la Europa League en Bucarest para todos. De aquel primer cetro del Cholo sobreviven Godín, Gabi, Juanfran, Koke y Filipe Luis, con la alegría de haber sido convocado para su primer Mundial, pero también con la incertidumbre de no saber si será el elegido para defender el flanco izquierdo que tan bien ha protegido Lucas durante sus numerosas ausencias por lesión en este curso. «Hemos sido un grupo que ha seguido creciendo permanentemente, manteniendo una regularidad», explicaba Godín.

Pero si hubo un nombre que se gritó desde la grada, porque la familia de los jugadores no faltó a esa última sesión, fue el de Antoine Griezmann. El chico que sigue sin abrir la boca sobre su futuro y que conoce el esfuerzo que el Atlético está dispuesto a hacer por él. «El club está haciendo todo lo posible para que se quede», admitió Caminero, coordinador de la primera plantilla. «Le necesitamos, ojalá no sea su última final», añadía Gabi al respecto. Esa copa de la Europa League puede ser su última oportunidad para levantar un título europeo como rojiblanco. Lo que es seguro es que a Torres no le quedará ninguna más. Ese título, en la temporada más enrevesada que ha vivido últimamente el club, sería el remate perfecto para no olvidar el año en el que cambiaron tantas cosas. El mejor motivo para no dejar de creer.

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