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¿Infierno fiscal?

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia hace 2 días Josep Oliver Alonso

Mientras en el Este de Europa suenan tambores de una nueva escalada del conflicto, aquí parece que vivamos en otro planeta. Preparando los próximos comicios, el presidente Moreno Bonilla ha abierto la caja de los truenos: tipo 0% en el impuesto de patrimonio y, añadiendo sal a la herida, invitación a los empresarios catalanes para que se relocalicen en Andalucía. La verdad es que el hastío que provocan estos populismos agarrota la mano y desalienta el pensamiento, pero la realidad impone sus reglas y, por ello, ahí van unas reflexiones iniciales.

Primero, el error de considerar Catalunya un infierno fiscal. No sé en qué país vive el señor Moreno, pero en España, y Catalunya no es distinta, los ingresos públicos respecto del PIB están a la cola de la UE: un 39% justo antes de la covid, lejos de los valores medios de la Unión (46%) y, por descontado, a años luz de países con sistemas de bienestar social a los que aspiramos (50% en Bélgica y Suecia; 52% en Francia y Finlandia; o 54% en Dinamarca). En este crítico cociente solo superamos a Irlanda, Rumanía, Bulgaria, Lituania y Letonia.

Es incongruente la rebaja de tributación en una Andalucía receptora de recursos

Segundo, la incongruencia, por calificarla educadamente, de una Andalucía receptora neta de recursos y la reducción de su tributación. Un dumping fiscal más que discutible, como acaba de mostrar la UE aprobando una tributación mínima para sociedades; y que, en el contexto de las transferencias de las comunidades autónomas del arco mediterráneo y Madrid hacia otras regiones, es tan injusto como irritante.

-FOTODELDÍA- CÓRDOBA, 06/08/2022.- Una mujer se protege del sol con un abanico de las altas temperaturas registradas este sábado en Córdoba con aviso amarillo por calor. EFE/Salas © Salas / EFE -FOTODELDÍA- CÓRDOBA, 06/08/2022.- Una mujer se protege del sol con un abanico de las altas temperaturas registradas este sábado en Córdoba con aviso amarillo por calor. EFE/Salas

Tercero, pérdida de ingresos y crecientes demandas sociales. Esta decisión se produce cuando las necesidades están explotando. Y no sólo las vinculadas al sistema sanitario (Andalucía ha suprimido los refuerzos de la covid), sino las que emergen por la crisis energética y la caída de la capacidad de gasto de un conjunto de hogares, y empresas, cada vez más numeroso.

Finalmente, ¿novedad de estas propuestas? Ninguna: reducir la presión fiscal a los más ricos y, con ello, recortar o no mejorar los servicios públicos ha sido siempre la columna vertebral del neoliberalismo. Que reinventaron Thatcher y Reagan a partir de postular que menor carga fiscal aumenta la actividad y, con ella, los ingresos públicos: una antigua fake news jamás confirmada, por más que se repita como dogma de fe. Quien esté interesado en el origen de estas viejas tesis, su desarrollo, los problemas de desigualdad que han generado y el futuro de tensiones sociales que nos dejan, les remito al excelente The Rise and Fall of the Neoliberal Order (2022) del historiador de la Universidad de Cambridge Gary Grestler.

Nada nuevo, pues, bajo el sol. Desde el siglo XIX, la distribución del ingreso ha sido, y continúa siendo, una guerra interminable: los liberales de entonces proclamaron, al igual que los neoliberales de hoy, que cuanta menor carga fiscal, mejor. Seguro que ello es cierto, pero ¿para quién?

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