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Crecen los inversores que apuestan por fondos de empresas sostenibles

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 03/07/2018
Medio ambiente Las políticas ambientales de las empresas son las que más tienen en cuenta estos nuevos inversores con ética a la hora de elegir el fondo al que irán a parar sus ahorros. Y esto provoca que muchas firmas empresariales estén cambiando sus políticas para entrar en las listas ISR © Image LaVanguardia.com Medio ambiente Las políticas ambientales de las empresas son las que más tienen en cuenta estos nuevos inversores con ética a la hora de elegir el fondo al que irán a parar sus ahorros. Y esto provoca que muchas firmas empresariales estén cambiando sus políticas para entrar en las listas ISR

Que el dinero no te utilice a tí, úsalo tú para cambiar el mundo”. Es una de las recetas básicas de lo que se conoce como Inversión Socialmente Responsable (ISR) una tendencia en auge en España en la que los inversores, sin renunciar a la rentabilidad, eligen a conciencia los fondos donde depositan su dinero. Buscan empresas con criterios éticos, negocios respetuosos con el medio ambiente, firmas empresariales implicadas en programas solidarios, escrupulosas con los derechos de los trabajadores o defensoras de la igualdad salarial.

Son sólo algunos de los requisitos que debe de cumplir un fondo ISR para que inversores como Manuel González (autor de la frase que encabeza esta noticia) decidan llevar ahí su dinero. Este vecino de Barcelona, de 75 años, hace décadas que invierte con criterios éticos. Es vegetariano y un apasionado de la meditación, técnica que considera primordial para eliminar tensiones en una sociedad que va muy acelerada. Esos dos mundos, tan importantes en su vida, pesan por lo tanto mucho en su elección a la hora de decantarse por uno u otro fondo de inversión. Manuel lo tiene muy claro: “no todo vale para ganar dinero”.

Y considera que sus inversiones tienen un doble premio. “Yo obtengo beneficios y al mismo tiempo la sociedad gana también al ayudar esa inyección de fondos a que las empresas que se rigen por criterios éticos puedan desarrollar sus objetivos”. Manuel no esconde que años atrás algunas personas se reían de él por preocuparse más de la ética que de la rentabilidad a la hora de invertir en fondos. Ahora ya no escucha tantas carcajadas al demostrarse que esas inversiones pueden ser, incluso para el bolsillo propio, más beneficiosas que las tradicionales.

Ignacio Perea Fernández-Pacheco es director de inversiones en Tressis, una de las primeras empresas de servicio de gestiones de carteras que apostó en España por la Inversión Socialmente Responsable. Y acertaron con la estrategia. “Es un proceso lento en el que algunos países del norte de Europa nos llevan años de ventaja. Pero nuestra sociedad es cada vez más madura y el número de clientes que se rigen por criterios éticos en sus inversiones aumenta año tras año”, afirma Perea. Una tendencia que no hay que confundir con la solidaridad o ayuda. “Aquí no hablamos de dar dinero para ayudar a una causa; en estas inversiones se busca, como en cualquier otra, la rentabilidad”.

La principal diferencia con el tradicional mercado de gestión de fondos es que estos nuevos inversores concienciados como nunca sobre los males del planeta, además de ganar dinero, buscan también una rentabilidad social con esos depósitos al invertir en empresas sostenibles”, añade Ignacio Perea.

Las empresas se han puesto las pilas conscientes del gran nicho de mercado de los fondos ISR. La transparencia es clave. “Los inversores quieren saberlo todo de esos negocios, en qué invierten, cómo lo hacen, cuál es su política de personal y también si destinan parte de sus beneficios a fundaciones sin ánimo de lucro u organizaciones solidarias”, revela el director de inversiones de Tressis.

La práctica totalidad de estos ­inversores marcan unas barreras que jamás podrá traspasar el fondo elegido para depositar su dinero. Armas, juego, pornografía, prostitución, explotación infantil, contaminación, vertidos tóxicos, desigualdad salarial, mala política de conciliación familiar... Son tér­minos que no pueden aparecer en los informes de transparencia demandados antes de la inversión. Como dice Antonio Jimeno, otro inversor ISR, “se duerme mucho más tranquilo cuando uno sabe el destino que se va a dar a tu dinero y quién lo gestiona”. En su caso (es biólogo) la prioridad a la hora de elegir un fondo es que esa cartera vele por el medio ambiente, algo que considera clave para la su­pervivencia de la humanidad.

Antonio tiene 67 años y vive en Barcelona. Insiste en que está convencido de que estas inversiones responsables “ayudan a que este mundo sea un poco mejor”. Y lo más importante para Antonio: “El hecho de que cada vez haya más personas con esta filosofía económica está generando un cambio en las políticas de muchas empresas, que se esfuerzan por ser sostenibles para no perder a estos inversores. Eso es ya todo un triunfo”.

Carles Pera Oltra, director de gestión de patrimonios de Tressis, insiste en que la experiencia está demostrando “que es posible obtener rentabilidad social sin re­nunciar a la rentabilidad financiera”. Este negocio de gestión de carteras es además el primero que predica con el ejemplo. “Tressis regala solidaridad desde el año 2014, con aportaciones de parte de nuestros beneficios a proyectos soli­darios o fundaciones vinculadas con nuestros trabajadores”, añade Carles Pera.

Es lo que demandan clientes como Manuel o Antonio que llevan su dinero a empresas como Tressis para que estas busquen el fondo que más se ajusta a su interés, que insisten no es otro que ganar dinero y generar, al mismo tiempo, una rentabilidad que pueda beneficiar a toda la sociedad.

Gabriel Alonso tiene 50 años y vive en Madrid. Es también cliente de Tressis. Su perfil se acerca mucho al del grupo que más fuerte pisa en estas inversiones socialmente responsables. Son personas con edades entre los treinta y cinco y cincuenta años criados con mucha información y una mayor conciencia sobre los principales males de este planeta. Inversores que se lo piensan dos veces antes de entregar sus ahorros a cualquiera cuando buscan rentabilizar ese dinero.

Gabriel es vicepresidente de Innovaética, una asociación sin ánimo de lucro fundada en el 2016 y centrada en los estudios y la formación especializada en el ámbito nacional e internacional de la ética aplica y de la Responsabilidad Social Organizacional (RSO). Su objetivo no es transformar a las empresas en oenegés o a los sindicatos en partidos políticos, sino facilitar que cada uno de estos actores pueda aportar voluntariamente algunas mejoras sociales mientras persigue sus objetivos legítimos.

Esa es también la filosofía de vida de Gabriel Alonso. “La sociedad civil tiene fuerza suficiente, con estas inversiones de fondos ISR, para presionar a las empresas a hacer las cosas bien”, afirma Alonso. Y cuantas más personas depositen dinero en esas carteras que se rigen por criterios éticos, más grandes serán los beneficios para todos. Gabriel Alonso apunta que algunos de esos fondos ISR empiezan a ser ya más rentables que las tradicionales carteras de inversiones.

“Además en esos negocios no suele haber sorpresas, de fraudes o malas políticas empresariales, porque todo el mundo está más pendiente de hacer las cosas bien”, indica este inversor. Un buen gobierno corporativo de seguridad y es una garantía de mayores ganancias.

La noticia más positiva en este nuevo mundo de las inversiones con responsabilidad es que muchos estados, principalmente en el norte de Europa y Estados Unidos, empiezan a invertir también en fondos ISR. Y en algunos países se obliga ya por ley a destinar parte de los presupuestos públicos a empresas que se sabe con toda seguridad (la transparencia tiene que ser total en estos casos) apuestan por la sostenibilidad y mejoras sociales. Gabriel Alonso, al igual que los directivos de Tressis, consideran que este mundo de la inversión con ética, la que hace que uno duerma con la conciencia muy tranquila, no ha hecho más que despegar en España.

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