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A la Moncloa se va por País Vasco y Galicia

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 25/09/2016 Alberto Sanz
© Proporcionado por Bolsamanía

Estando en Madrid está siendo muy difícil llegar a la Moncloa. Con diez meses de llamadas y largos encuentros en el Congreso de los Diputados, ninguna formación ha encontrado el camino. Dos investiduras fallidas y una repetición electoral han demostrado la dificultad para encontrar la senda. Por ello, los líderes políticos han decidido colgarse la mochila para hacer la ruta de montaña y, preguntar a vascos y gallegos, si tienen la brújula que encuentre el Gobierno.

El veredicto de estas dos comunidades puede ser determinante. El plazo para investir a un presidente de Gobierno termina el 31 de octubre y, por lo tanto, estos comicios marcarán el sprint final para evitar unas ‘temidas' terceras elecciones. Como explica el profesor de Ciencias Políticas de UCM, Jaime Ferri, “estas elecciones son un juego de posicionamiento a escala nacional”, y por este motivo, “todos dirán que han ganado” tras los resultados.

Todos buscan que estos comicios fortalezcan sus posiciones y debiliten los del rival. Son unas elecciones autonómicas en clave nacional y, por este motivo, los líderes políticos han adoptado un papel fundamental en esta campaña.

Es el caso de Mariano Rajoy, que con especial presencia en su tierra y feudo histórico de su partido, ha intentado alentar a su electorado para que una rotunda victoria en Galicia y un buen resultado en Euskadi le faciliten un posible nuevo intento de investidura. Como señala el politólogo, Ignacio Martín Granados, “su estrategia se basa en vender la victoria como un triunfo nacional y, en caso de posible fracaso, como un hecho local”, apunta.

Por su parte, Pedro Sánchez se ha volcado en estos comicios para intentar evitar el desastre en ambas comunidades que vaticinan todas las previsiones. “Sin duda, es el líder que más tiene que perder, puesto que aumentaría el descenso continuo de votos en el socialismo español desde hace ya casi 10 años”, apunta Diego Crescente, socio de MAS Consulting. Los socialistas basan sus esperanzas en una caída leve en Galicia, reeditar su posición de colaborador del Gobierno del PNV en Euskadi y la no mayoría absoluta del Nuñez Feijóo, que sería celebrado en Ferraz pese a que podría llevar a la Xunta a En Marea.

PODEMOS Y CIUDADANOS SE ESTRENAN

Pablo Iglesias ha reaparecido tras haber dado un paso al lado durante el proceso de la no investidura de Rajoy. Desde Podemos son conscientes de que, como apunta Jaime Ferri “pueden coger fuerza en estas elecciones y hacerse respetar en mayor medida de cara al PSOE”. Su proyecto en Galicia, junto a IU y Anova dentro de En Marea, aspira en convertirse en la primera fuerza en la izquierda, e incluso aspirar a la Xunta si fracasa la mayoría absoluta del PP.

En Euskadi, la formación morada busca afianzar el resultado de las elecciones generales, donde logró ser primera fuerza. Pero las autonómicas son diferentes y su aspiración real reside en convertirse en la segunda formación más votada por delante de Bildu. No obstante, este hecho podría ser un arma de doble filo para Pablo Iglesias, ya que la candidata Pili Zabala es considerada “errejonista” y podría agravar la crisis interna.

Por su parte, Ciudadanos mantiene la aspiración de entrar en ambos parlamentos. En Galicia sería un gran logro arrebatar un escaño a la supremacía del PP y en Euskadi optan por tomar el testigo de UPyD con un representante parlamentario. Este suceso se produce, según explica Ignacio Martín Granados, porque en estos comicios “el cabeza de lista tiene más influencia, la gente sabe a quién vota”, y la formación naranja pagaría de manera local el ‘gran eclipse' de Rivera con respecto al resto de miembros del partido.

EL NACIONALISMO SE DESPLOMA EN GALICIA Y SE ASIENTA EN EL PAÍS VASCO

Si Podemos no lo impide, PNV y Bildu se volverían a consolidar como las dos formaciones más votadas en Euskadi. No obstante, la distancia entre ambos se agrandaría, consolidando el proyecto de ‘independentismo moderado' de Urkullu frente a la vía unilateral de la alternativa nacionalista que aumentó con la reaparición de Otegi.

El BNG, si se cumplen las encuestas, se convertiría en la cuarta formación más votada. Un desplome que aparece en una formación en plena refundación y que muestra un duro golpe para el nacionalismo gallego.

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