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A vueltas con el cambio de hora: la eterna polémica sobre sus beneficios (y sus perjuicios)

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 25/03/2017 Virginia Mora

Este fin de semana cambiamos de nuevo la hora. Con el fin de adaptarnos al ‘horario de verano', en la madrugada del sábado al domingo dormiremos una hora menos, ya que a las 2:00 el reloj se adelantará y serán las 3:00. Dos veces al año se produce esta situación -en otoño se atrasa el reloj y en primavera se adelanta- y ya es casi una tradición la ‘pelea' que se produce entre los defensores y detractores de esta práctica. ¿Es o no beneficioso cambiar la hora?

El Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital defiende que sí. Esta misma semana el departamento de dirige Álvaro Nadal ha enviado una nota de prensa en la que explica al detalle los motivos del cambio de hora y los efectos que se buscan con ello. El objetivo, ha remarcado, es “aprovechar mejor la luz solar por las tardes”, para lo que es necesario adelantar una hora los relojes. Un cambio, añade, que forma parte de una directiva “que afecta a todos los Estados miembros de la Unión Europea”.

Se refiere a la directiva europea 2000/84/CE, que obliga a aplicar un régimen horario de verano y un calendario común para las fechas y horas a las que debe comenzar y finalizar dicho horario para todos los Estados miembros. “No existe la posibilidad de excepción que permita a un Estado miembro no aplicar el régimen de la hora de verano”, se defiende el Ministerio de Energía, que además esgrime que un estudio realizado por la Comisión Europea asegura que esta medida “tiene impactos positivos no solo sobre el ahorro energético”, sino también en “otros sectores como el transporte, las comunicaciones, la seguridad vial, las condiciones de trabajo y los modos de vida, la salud, el turismo o el ocio”.

“Está claro que en España nos tenemos que ajustar a lo pactado en la UE, aunque quizá aquí los efectos beneficiosos y el mencionado ahorro de energía no sean tan relevantes como en otros países, como por ejemplo los nórdicos, por nuestra situación geográfica y por nuestras costumbres”, explica Máximo Cortés, director del Máster Universitario en Comercio y Relaciones Económicas Internacionales y profesor del Departamento de Empresa de la Universidad Europea.

Los cambios de hora, continúa el experto, se hacen para favorecer el ahorro energético “adaptando la jornada a los momentos de mayor luz, para supuestamente hacer un mejor uso energético”, aunque en el caso de España no se cumple. Cortés recuerda que según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), entidad dependiente del Ministerio de Energía, el ahorro en iluminación propiciado por el cambio durante los meses en los que tiene efecto puede alcanzar el 5%, equivalente a unos 300 millones de euros.

De esa cantidad, 90 millones corresponderían al potencial de los hogares españoles, lo que supone un ahorro de 6 euros por hogar; mientras que los otros 210 millones de euros restantes se ahorrarían en los edificios del terciario y en la industria. Pero el profesor de la Universidad Europea insiste en que son sólo estimaciones y no se ha demostrado que realmente se produzca ese ahorro energético. “Son premisas que se repiten año tras año y que son muy cuestionadas, porque la cantidad de la que se habla es lo que se podría llegar a ahorrar, algo que realmente no se produce” debido al “estilo de vida” de los españoles, señala Cortés. “Tenemos jornadas laborales partidas y muy largas, los programas de televisión empiezan muy tarde… es muy complicado cambiar el estilo de vida para adaptarlo al de otros países europeos”, añade.

El cambio horario se remonta a la Primera Guerra Mundial. Alemania fue el primer país en implantar esta medida para reducir las horas de iluminación artificial y así ahorrar carbón, que después se podría utilizar en la guerra. Los países vecinos se sumaron a esta práctica y en la Segunda Guerra Mundial, EEUU hizo lo mismo. No obstante, fue en la década de los 70 cuando se produjo la primera crisis del petróleo, cuando se popularizó este sistema y se instauró de forma definitiva en varios países, entre ellos España, para aprovechar más la luz natural y consumir menos energía.

Actualmente España es, junto a Venezuela, el único país del mundo que vive en una hora que no le corresponde, y es que durante la Segunda Guerra Mundial todo el continente europeo se ajustó al horario de Berlín y, una vez finalizado el conflicto, España, a diferencia del Reino Unido y Portugal, no volvió al huso horario que le correspondía (meridiano de Greenwich). Eso hace que, a día de hoy, España viva una hora por encima de lo que realmente le corresponde por situación geográfica.

El propio Ministerio de Energía reconoce que el cambio horario se debe al acuerdo europeo, y remarca que las cifras de ahorro proporcionadas por el IDAE “son potenciales”, ya que para alcanzarlas es necesario que se produzca “un comportamiento racional en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando no es necesaria, así como la utilización de tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural, en edificios del terciario y en industrias”. Es decir, tecnologías que, mediante fotocélulas o sensores de luz, apagan o regulan la iluminación artificial en función de la luz natural aportada a la zona, a través de ventanas o lucernarios.

UNA DIRECTIVA ‘INDEFINIDA'

La directiva europea que obliga al cambio de hora se aplica desde 1981 y ha sido renovada sucesivamente cada cuatro años, aunque en el año 2001 se aprobó la Novena Directiva para hacer el cambio indefinido. Las instituciones europeas tomaron esta decisión al entender que adaptarse al ‘horario de verano' permitía “el buen funcionamiento de algunos sectores, no sólo el de los transportes y las comunicaciones, sino también otros ramos de la industria, requiere una programación estable a largo plazo”.

Así, la Novena Directiva establece con carácter permanente las fechas de inicio del periodo de la ‘hora de verano' (en el que se adelanta el reloj una hora) y su finalización (cuando se retrasa), produciéndose el último domingo del mes de marzo y el último domingo del mes de octubre, respectivamente.

Algo que no comparte ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que ha aprovechado el cambio de hora de este fin de semana para reivindicar, en una nota de prensa, que “no debería efectuarse” porque sólo así se logrará que España “se rija por el huso horario que le corresponde por situación geográfica, es decir, el del meridiano de Greenwich”.

Según esta organización, con el restablecimiento de la Hora Europea Occidental, entre otras ventajas, “tendríamos un despertar más natural, favorecería el adelanto de horarios de alimentación y sueño, y permitiría dormir más tiempo al acercarnos a nuestra hora solar natural”. Además, también menciona que ello “fomentaría una jornada laboral más europea en muchos sectores económicos, de nueve a seis, posibilitando la conciliación de la vida personal, familiar y laboral”.

José Luis Casero, presidente de ARHOE, defiende que “en la práctica ese ahorro energético no es significativo, ya que las jornadas de trabajo siguen siendo maratonianas y se sale de trabajar a deshoras, practicando más la cultura de la presencia que la de la eficiencia y menoscabando no solo la conciliación de la vida personal, familiar y laboral de las personas, sino también perdiendo eficacia y productividad en las empresas”. Asimismo, destaca que “en los estudios sobre ahorro energético, además de los gastos referentes a energía/luz, deberían tenerse en cuenta los de energía/aire acondicionado, que se disparan al haber más horas de luz por la tarde, y los de energía/consumo de televisión por emitirse los programas de ‘prime time' hasta altas horas de la noche”.

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USO INTELIGENTE DE LA ENERGÍA

En este sentido, el Ministerio de Energía afirma que, independientemente del cambio de hora, para contribuir al ahorro de energía es necesario que los ciudadanos hagan “durante todo el año” un “uso inteligente de la misma en el hogar, tanto en lo que se refiere a la iluminación como al aire acondicionado, la calefacción, la compra de electrodomésticos eficientes, utilización del coche, etc.”.

“Seguir determinadas pautas o hábitos puede permitirnos, sin renunciar al confort, ahorrar hasta 100 euros al año, además de evitar emisiones contaminantes a la atmósfera”, dice el departamento que dirige Álvaro Nadal, que da 10 consejos para ahorrar energía con la iluminación:

-Aprovechar la luz natural. La luz del sol es gratis.

-Olvidar las luces encendidas cuesta caro. Cuando salgamos de una habitación hay que apagar la luz.

-Hay bombillas que gastan mucho menos que las incandescentes. Se denominan de bajo consumo o fluorescentes compactas y son ideales para puntos de luz con uso diario superior a las tres horas. Ahorran hasta un 80%.

-También existe una alternativa más eficiente a las lámparas halógenas. Las lámparas led pueden permitir ahorrar hasta un 80% en el consumo de energía de ese punto de luz.

-La iluminación localizada es una buena idea. Contribuye además a crear ambientes más confortables y acogedores.

-Utilizar colores claros para decorar la casa. El ambiente es más luminoso y se necesitarán menos luces.

-Limpiar con regularidad las fuentes de luz. La suciedad acumulada dificulta la correcta difusión.

-Utilizar reguladores electrónicos de flujo para las halógenas. Permiten adecuar el nivel luminoso a una necesidad concreta.

-Acordarse de los tubos fluorescentes. Especialmente indicados para baños, cocinas, trasteros y garajes.

-Instalar detectores de presencia en las zonas de paso. Activan y desactivan automáticamente la luz.

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