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Análisis | Carme Chacón y lo simbólico

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 10/04/2017 Antonio Papell
© Proporcionado por Bolsamanía

Los políticos no pasan a la historia por sus trabajos corrientes: sólo lo hacen si han conseguido provocar un salto cualitativo en la sociedad a la que teóricamente sirven, si han dado un impulso irreversible a una causa innovadora. Los demás, se esfuman en el aire.

Por ello, los halagos que hora recibe la memoria de Carme Chacón (en muchas ocasiones, de boca de quienes la repudiaron y abominaron en vida), carecen de valor y de sentido, salvo en lo que se refiere a dos irrupciones, dos tomas de posición llamativas y altamente simbólicas, que se han impreso en la retina de las generaciones presentes y futuras. Las que le dan un relieve especial a la figura desaparecida.

Uno de los hitos, el principal sin duda, fue la revista a las tropas a cargo de una Carme Chacón, ministra de Defensa, embarazada de siete meses y con el aplomo de una gran profesional. Naturalmente, aquella imagen espectacular no hubiera sido posible si el denostado Rodríguez Zapatero no hubiese entendido lo que estaba en juego ni promovido aquella teatralización valiente y provocativa. La causa de la igualdad de la mujer, impulsada con extraordinario esfuerzo por mucha gente desde que ha habido conciencia de su necesidad, dio un salto inconmensurable hacia adelante cuando aquella instantánea dio la vuelta al mundo. En España, se eliminaban los últimos obstáculos conceptuales a la igualdad de género, se arrasaban y excluían todos los argumentos que la reacción pudiera oponer a este objetivo irrenunciable. Y con seguridad aquel gesto pedagógico venció resistencias en todas partes. Fue un servicio impagable a los derechos humanos en el territorio inhóspito de la globalización.

La segunda actitud de Chacón que hoy merece el homenaje perenne de que por definición no es efímero es su posición frente al nacionalismo. Chacón, catalana de Esplugas de Llobregat, charnega por parte de padre (almeriense), se afilió a los 18 años al PSC pero nunca cedió a los devaneos nacionalistas de Maragall y de un sector del socialismo catalán que terminó escindiéndose. Chacón se opuso sistemáticamente a que su partido abrazase a partir de 2012 el ‘derecho a decidir', e incluso dimitió del escaño por esa razón. Chacón entendió que no es posible ser nacionalista y de izquierdas al mismo tiempo, una evidencia que el progresismo español ha olvidado con mucha frecuencia.

Pérez Rubalcaba tiene razón cuando dice que hay una cierta injusticia -trascendente, humanista, histórica- en estas muertes tan tempranas, cuando quien se marcha tenía aún mucho por hacer y un gran servicio que prestar. En cualquier caso, los símbolos con que Chacón jalonó su vida permanecerán enhiestos a perpetuidad. Las mujeres de este país, los catalanes partidarios de la concordia, los ciudadanos que sabemos apreciar los servicios prestados por quienes se han dedicado al servicio público con verdadera abnegación, siempre le guardaremos gratitud.

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