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Análisis | Fernández prepara la abstención

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 18/10/2016 Antonio Papell

El presidente de la comisión gestora del PSOE, Javier Fernández, un ingeniero de minas reflexivo y parco en palabras, ha reunido hoy a sus grupos parlamentarios en el Congreso y el Senado para dar los primeros pasos hacia la abstención en la investidura de Rajoy que decidirá el comité federal del PSOE este fin de semana y que quedará planteada por el Rey la próxima semana, tras la preceptiva ronda de consultas con los representantes de las fuerzas políticas.

© Proporcionado por Bolsamanía

Fernández, que ha reconocido que su papel consiste sobre todo en convocar un congreso que resuelva la crisis actual, ha explicado que la abstención en la próxima investidura de Rajoy es el “mal menor” conque tendrá que condescender su partido, porque la opción alternativa, la de negar tal apoyo y provocar así nuevas elecciones, tendría efectos catastróficos para el PSOE.

El argumento es impecable porque, efectivamente, después del aparatoso golpe de mano organizado por el PSOE en su último comité federal, la cotización del partido en las urnas ha caído en picado. Pero es también un argumento inquietante. Porque ¿cómo es posible que un gran partido que depende nada menos que la estabilidad del Estado adopte una decisión tan grave no por razones positivas y constructivas sino ‘como mal menor', para evitar un daño incrementado?

Fernández, hay que reconocerlo con generosidad, ha hecho autocrítica porque es consciente de que los responsables de la crisis son los propios dirigentes –todos- por no encarar el problema desde el principio. Todavía hoy, la hipótesis de abstención se pronuncia con desazón. Cuando hubiera sido deseable que, desde el primer momento, desde que se conocieron los resultados de las elecciones del 20 de diciembre del año pasado, el PSOE hubiera abierto ese debate. Puesto que el PP había ganado las elecciones y no parecía conveniente en absoluto pactar una coalición con Podemos, era una opción legítima dejar gobernar al PP tras negociar con él condiciones muy estrictas. De aquel modo, se conseguirían bastantes de los objetivos electorales del programa electoral socialista –el fin de los recortes, la reversión parcial de la reforma laboral, etc.- y se evitaría un periodo de interinidad que podía ser largo –lo ha sido, en efecto- y que podía perturbar el crecimiento económico ya emprendido –por fortuna, esta posibilidad no se ha cumplido-.

Sin embargo, ni una sola voz propuso aquella opción. Quizá fue así porque, como ha reconocido hoy el presidente de la gestora, porque todos pensaron que aquel rígido “no es no” se convertiría más tarde en “de entrada, no”. Pero el caso es que el comité federal del 28 de diciembre de 2015 fijó por unanimidad la negativa radical a cualquier pacto con el PP, lo que fue tácitamente ratificado tras las elecciones del 26J. Y Pedro Sánchez mantuvo y cultivó la negativa, intentando tras el 20D una opción alternativa con Ciudadanos que no salió adelante, y barajando después del 26J tal posibilidad, que nunca llegó a tener visos de verosimilitud, a pesar de ciertas versiones pintorescas que se han propalado de unas negociaciones ficticias que no responden a la realidad.

El PSOE cometió, pues, colectivamente, una omisión que ya no tenía arreglo porque la negativa se había solidificado entre las bases, como ahora se observa: la militancia no está con la gestora en absoluto. Y quienes no habían sido capaces de marcar un rumbo más practicable, en lugar de atreverse a reconocer su error en un comité federal y tratar de abrir un debate sensato que incluyera la retractación y el cambio de postura, optaron por generar la confusión de un gran golpe de mano orquestado para cumplir sus propios objetivos de poder y reconsiderar el asunto desde otras perspectivas. Con un resultado claro: ahora, el PSOE facilitará la gobernabilidad, pero a costa de su propia supervivencia.

Porque el dilema que plantea Fernández entre abstención y ruina electoral es certero a día de hoy pero no lo era en absoluto ayer: nadie sabe a ciencia cierta qué hubiera ocurrido en unas terceras elecciones, de haberse celebrado por persistir el PSOE en su negativa, sin que mediase el golpe de mano en el Partido Socialista (algunas encuestas interesadas anunciaban una subida del PP y un retroceso del PSOE, pero los sondeos no son de fiar en este país, como se vio el 26J). Es ahora, después de la cuartelada, cuando el PSOE, destruido, se suicidaría si fuese a elecciones.

En definitiva, el país está a punto de salir del impasse –se ha impuesto la teoría del mal menor- y ello es objetivamente satisfactorio y hemos de congratularnos por ello, pero el centro-derecha no se ha regenerado completamente todavía y el centro-izquierda puede darse por desaparecido. A corto plazo, vuelve la normalidad, y ello es una gran noticia, pero a medio plazo este país sigue con serios problemas de representación política, de liderazgo y de futuro.

Antonio Papell

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