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Análisis | La investidura acaba en tablas

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 01/09/2016 José A. Gómez Yáñez

1. La situación es de tablas perpetuas. En ajedrez se producen cuando en el tablero sólo quedan los reyes acompañados, si acaso, de un alfil o un caballo. Con esas piezas no se puede dar mate. Con la composición del Congreso no se pueden sumar mayorías.

2. Es comprensible la desgana con que Rajoy afrontaba este debate, a nadie le gusta perder votaciones. Sus renuentes socios de Ciudadanos lo arrastraron a un debate perdido. Muchos de quienes han comentado su discurso creen que perdió la ocasión de marcar líneas de futuro. No era posible, a Rajoy no le era posible.

3. Rajoy se siente víctima de una injusticia, cree –sinceramente- que ha salvado a España de una catástrofe y del “rescate” (recuérdese su “yo defendí la soberanía nacional en un momento muy difícil, en 2012”, en su respuesta a Iglesias). Una parte de las estadísticas de los dos últimos años refuerza esta creencia (incremento del consumo, de las ventas de coches y viviendas, etc.). Le parece inverosímil (injusto) no haber ganado las elecciones con mayoría absoluta. Se siente como Churchill cuando perdió las elecciones después de ganar la II Guerra Mundial.

Para entender su estado mental hay que recordar la incredulidad con la que el PP recibió el resultado de las elecciones europeas de 2014, la imagen de esa noche fue la de unos operarios que salieron a las 21,30 a desmontar el palco montado en Génova. Rajoy piensa que debe mantener la política que ha “salvado a España”: previsible, sentido común, sin aspavientos, …. No es consciente de los costes sociales de su gestión visibles en las estadísticas (reducción de los ingresos, desigualdad de los salarios, fracaso de autónomos, etc.) y tangibles en los escaños de las Cortes: los diputados de Ciudadanos son la cristalización de la ruptura del centro derecha durante su mandato, y los de Podemos la frustración de las generaciones bloqueada y perdedora durante su mandato y el del PSOE a partir de 2010.

Rajoy parece absorbido por la hybris que le hace anteponer su visión a la realidad (David Owen En el Poder y la enfermedad) Por tanto, no puede ser consciente de que su oferta de “continuidad sin cambios” no es viable (“yo tengo que defender el balance de mi gobierno”, respuesta a Rivera). Aún no ha digerido que ha perdido casi el 40% de sus votantes. De ahí su rigidez. Esto explica su menosprecio del acuerdo al que el PP llegó con Ciudadanos, y su olvido de tender puentes hacia el PNV, única salida viable.

La mezcla de cansancio mental después de meses, desgana e hybris hicieron que Rajoy transmitiera la sensación de que está agotado de su propio discurso. Piensa que su oferta de continuidad sin cambios le servirá para mejorar su posición si se llega a elecciones, como sucedió en junio. Preferiría un acuerdo con el PSOE, pero el debate dejó claro que no es posible.

Algo siempre chocante en los discursos de Rajoy: ¿quién los teclea?, asombra su poca inspiración. Los discursos de un presidente del Gobierno no pueden ser fárragos de derecho administrativo. Se mostró en plena forma, lleno de sentido común y buen humor en sus respuestas a Podemos y a ERC.

4. La distancia entre el PSOE y el PP, o entre Rajoy y Sánchez, es insalvable. La relación entre Rajoy y Sánchez está averiada. Sánchez hizo un buen discurso de oposición, marcando referentes a partir de los aspectos negativos de la gestión de Rajoy. Marcó distancias y transmitió líneas alternativas. Para su base electoral explicó el sentido negativo del voto a Rajoy. Cubrió el flanco izquierdo del PSOE. A partir de su intervención quedó claro que los principales protagonistas no excluyen, o tal vez, desean ir a elecciones en diciembre. La intervención de Sánchez mostró que el PSOE ha mejorado mucho en su discurso. En clave interna, ¿hay un discurso mejor dentro del PSOE?, no.

5. Para analizar a Podemos hay que recurrir al impresionismo, a captar el momento porque su discurso es un flujo de colores ideologizados. Es inevitable, cada sesión del Congreso, una foto. Ahora la de la silla entre los escaños para llevar a localidad preferente –segunda fila- a su portavoz en el Senado. Bajo estos comportamientos, propios de una facultad, anida la creencia de que pueden hacer lo que quieren, que las reglas de cortesía (los tratamientos a las personas, el respeto a las instituciones), indumentarias, reglamentarias, etc., no son para ellos, son cosa de un pasado que ellos han superado. Se desenvuelven entre arreglar el mundo con buenas intenciones, una guerra cultural destinada a invertir el resultado de la Guerra de España y remover las tripas de algunos alterando tradiciones más o menos establecidas, aflojar los resortes que aseguran la unidad nacional, etc.

Sus portavoces mostraron que si tuvieran poder desencadenarían dinámicas incontrolables con las mejores palabras e intenciones (libertad de elegir, defender a “la gente”, etc.). Su polifonía indica que están lejos de un proyecto coherente: ¡cinco portavoces en un debate!, repitiendo lo mismo. El reto de Podemos era pasar de la asamblea de facultad a la política operativa. Dieron la razón a Rajoy cuando colocó a Sánchez ante las consecuencias de su posición: “la alternativa son mil colores”. Sus intervenciones fueron tan ingenuas que permitieron a Don (tratamiento del que le apean) Mariano Rajoy responderles como un maestro. Iglesias tardó varios minutos en reaccionar.

Si el objetivo de Podemos era salir del debate como una pieza útil para una mayoría parlamentaria creíble sin el PP, desperdiciaron la oportunidad. Por el tono y el fondo de sus intervenciones transmitieron inmadurez, incompatible con la posibilidad de aparecer como socios de un gobierno. Sus dirigentes necesitan tiempo para digerir sus lecturas ideológicas, aunque crean que son de ciencia política (menos Laclau y más Sartori).

El problema de fondo, palpable en el debate, es que la izquierda se ha dividido en dos electorados casi iguales con referentes ideológicos y tradiciones distintas y hostiles. El PSOE se ancla en el socialismo y la socialdemocracia. Podemos es una macedonia de progresismos, libertarismos, ecologismo, etc. La élite de Podemos se ha compuesto con dirigentes de partidos de extrema izquierda que siempre hostilizaron al PSOE.

© Proporcionado por Bolsamanía

El problema de fondo para la izquierda, más allá de las posibles elecciones de diciembre, es que esta división es estructural. Mucho trabajo político le queda para soldar esta fractura que ha generado la crisis.

6. Ciudadanos es el único partido que no quiere elecciones en diciembre, malicia que el electorado de centro derecha se aglutinará alrededor del PP. Las encuestas más recientes apuntan en esa dirección. Desde el primer momento, sus dirigentes transmitieron la sensación de que el acuerdo con el PP no les gustaba. El discurso de Rajoy no fue entusiasmante, pero no aplaudir al final al candidato al que van a votar indica una reluctancia que invalida su propia acción. El discurso de Rivera no hizo más coherente esa percepción. Es posible que Rivera esté obsesionado con ocupar espacios informativos, aún sin tener muy claro para qué, y algunos de sus segundos estén deseosos de influir y salir en las fotos. Pero si se sale en la foto, “a lo hecho, pecho”. Algo falla en Ciudadanos, no puede subir a una barca pensando que mejor estaría en otra o en tierra.

7. El problema del PNV, seguramente, es que se está dibujando en el panorama la idea de que al final llegará a un acuerdo con el PP tras las elecciones vascas. Pero tiene elecciones el 25 de septiembre, y tiene que despegarse del PP para evitar que Podemos y Bildu le creen problemas durante la campaña. Eso explica el tono de su respuesta a Rajoy. Lo inobjetable es que a partir del 26 de septiembre el PNV tiene 5 escaños que pueden ser decisivos.

En todo caso, hay sesenta días para que todos se lo piensen.

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