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Análisis | La 'pinza' podría impedir la investidura

Bolsamanía Bolsamanía 29/02/2016 Antonio Papell

La ‘pinza’ formada por los extremos ideológicos frente al centro tiene en la etapa democrática de este país cierta tradición, ya que, a pesar del bipartidismo imperfecto que ha habido hasta ahora, en diversos periodos los extremos ideológicos han tenido la tentación de unirse contra las mayorías centristas.

Dejando al margen ciertos movimientos de esta índole que se produjeron en los años ideológicamente confusos de la transición, la pinza tomó cuerpo formal a mediados de los noventa del pasado siglo. A partir de las elecciones generales de junio de 1993, el PSOE estaba en franca decadencia, después de doce años de gobiernos socialistas presididos por González.

El PSOE ganó aquella consulta con 159 escaños, frente a 141 del PP de José María Azar y a 18 de Izquierda Unida, comandada entonces por Julio Anguita. Es decir, que PP+IU tenían la misma potencia parlamentaria que el partido gubernamental, que se apoyó en CiU (17 escaños, todavía con Miquel Roca al mando) para gobernar. En aquel marco, con un PSOE ya muy debilitado por los escándalos de corrupción y por el GAL, hubo una aproximación objetiva entre Aznar y Anguita, que calificaban a la vez la situación de “insostenible”. Aquella proximidad se plasmó en un encuentro público entre Aznar y Anguita el 12 de enero de 1995 y en un posterior cruce de cartas, que acaba de sacar precisamente a la luz la periodista Marisa Gallero.

EL 'CASTIGO' DEL ELECTORADO

Finalmente, el acercamiento no llegó a nada en el ámbito estatal, quizá porque surgieron críticas muy duras contra aquel oportunismo contra natura.

© Proporcionado por Bolsamanía

Sí funcionó en cambio la pinza en el plazo autonómico: seis meses antes de aquel encuentro, en junio de 1994, se habían celebrado elecciones autonómicas en Andalucía y Chaves ganó la consulta con 45 escaños (17 menos que en 1990), frente al PP, que obtuvo 41 (15 más). Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía consiguió 20 y Coalición Andalucista-Partido Andaluz, 3. Chaves fue investido pero tuvo que disolver el parlamento autonómico en 1996 por la ‘pinza’ frecuente que formaron el PP (Javier Arenas) e IU (Luis Carlos Rejón), manejados a distancia por José María Aznar y Julio Anguita… La “pinza” fue más que una simple amenaza, en la que muchos analistas han visto el odio ancestral de la izquierda leninista –Anguita- a la socialdemocracia, personificada en este país por Felipe González.

En las siguientes elecciones, ya en marzo de 1996, el electorado debilitó grandemente la pinza y castigó severamente a sus promotores ya que Chaves consiguió entonces 52 escaños, Arenas 40, Rejón 13 y los andalucistas 4.

Se da ahora la circunstancia de que la suerte de la alianza formada por el PSOE y Ciudadanos está en manos del PP y de Podemos. La complicidad estratégica objetiva entre estas dos formaciones, plasmada en los dos casos en su anuncio de que votarán en contra, puede frustrar la oportunidad de un gobierno reformista que no es del agrado de la derecha conservadora ni de la izquierda radical (Anguita ha vuelto a dejarse retratar estas semanas junto a los cachorros podemitas).

Las formaciones que apoyan la investidura de Sánchez argumentarán con seguridad esta coincidencia de intereses a lo largo del debate que va a tener lugar. De hecho, Sánchez ya ha declarado este domingo a ”La Vanguardia” que “a lo mejor Pablo Iglesias acaba siendo la tabla de salvación de Rajoy”. Efectivamente, el encastillamiento de Podemos –que se presenta a lo Tsipras con exigencias utópicas porque nos sacarían de Europa- impedirá la formación de un gobierno reformista y de cambio, y dará opciones al PP para que trate de mantener el poder mediante unas nuevas elecciones.

En este país, la estrategia y el interés propio de los partidos tiene mucho más peso que las convicciones y el sentido moral de responsabilidad de tales organizaciones. Y si no prospera el gobierno moderado que se ofrece al país será más porque no conviene a quienes quedan fuera del proyecto que porque el proyecto no sea lo mejor para el futuro de la ciudadanía.

Antonio Papell

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