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Análisis | Pablo Iglesias: humo y marketing

Bolsamanía Bolsamanía 04/02/2016 redaccion@webfg.com
© Proporcionado por Bolsamanía

Las comparecencias ante los medios de Pablo Iglesias no son ruedas de prensa: son representaciones teatrales que tienen un valor expresivo intrínseco, al margen de lo que se diga en ellas. Así, cuando compareció el 22 de enero después de su entrevista con el rey para “informar” de cómo sería el próximo gobierno que debería formar Sánchez –con él mismo de vicepresidente-, el acto era más una estridente operación de marketing que pretendía enclavar su organización –Podemos-en el Olimpo del poder y humillar al PSOE, que una verdadera declaración política. Iglesias domina la telegenia porque ha adquirido amplia experiencia en ella, y tiene la tentación de confundir el medio y el mensaje, algo que en política tiene límites. Se puede reforzar el mensaje con ciertas habilidades, pero no se puede realizar una carrera política como si fuera una película con sus correspondientes golpes de efecto.Iglesias domina la telegenia porque ha adquirido amplia experiencia en ella, y tiene la tentación de confundir el medio y el mensajeEs posible que Iglesias no tenga más remedio que actuar así porque sin duda se enfrentará con graves dificultades a la hora de gestionar su confusa alianza con las ‘confluencias’, que no parecen muy entusiasmadas con el liderazgo incontestable del secretario general de Podemos. En Cataluña, Ada Colau, sin duda la que puede alardear de verdadero liderazgo en la confluencia catalana con Podemos, ya ha explicado su deseo de fundar un nuevo partido unitario que englobe a ‘En común podem’ y que se someta a su autoridad. En Valencia, Compromís va por libre y Mónica Oltra ya ha llevado a Iglesias su modelo del “Acuerdo del Botánico” que firmó con Ximo Puig y que permitió la gobernabilidad en aquella comunidad, para que haga lo propio con Sánchez. Y las mareas gallegas persisten en la reclamación de un referéndum de autodeterminación para no ser menos que Cataluña. Con este guirigay, Podemos, que por sí solo apenas tiene 42 diputados, parece más bien una humareda inextricable.Por último, la vaguedad ideológica del último Iglesias, empeñado en definir los cargos a que aspira y no los programas que propone, termina de desfigurar la organización populista, lo que lleva a admitir con Felipe González que no es del todo cierto ni seguro que en este parlamento haya una clara mayoría progresista.

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