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Análisis | Sánchez será responsable de los resultados en Galicia y Euskadi pero no culpable del declive del PSOE

Bolsamanía Bolsamanía 23/09/2016 Antonio Papell

Las elecciones del domingo en Galicia y en Euskadi impactarán como es lógico en el proceso político general, pero sin modificar demasiado los rumbos actuales. El nuevo contratiempo del PSOE es perfectamente previsible, por la irrupción de Podemos por primera vez en unas autonómicas en Euskadi (y en Galicia, a través de Las Mareas) y por la fractura –una más- del PSOE en Galicia, donde es aparatosamente incomprensible que no se haya podido restañar el disenso que hoy mantiene al alcalde de Vigo, Abel Caballero, fuera de la campaña, haciendo declaraciones malévolas y explícitamente hostil al candidato oficial de su partido.

Pedro Sánchez será, como es natural, responsable directo de los resultados que obtenga su partido –en concreto, los juicios que se hagan evaluarán si el PSOE es o no la segunda fuerza en Galicia y si su papel junto al PNV es decisivo en Euskadi- pero de ahí a culparle absolutamente de este declive ha de haber una abismo ya que no se puede olvidar la historia reciente, ni desconocer que el final del bipartidismo y la irrupción del pluripartidismo han sido una enmienda a la totalidad del régimen político surgido de 1978 presentada por la ciudadanía y exitosa a todas luces. Sánchez habrá sido más o menos hábil en la gestión de la catástrofe, pero en modo alguno es el causante o el promotor de la misma.

Dicho esto, no es fácil entender la soterrada, o no tan soterrada, pugna en el seno del PSOE, que de un modo u otro está poniendo en cuestión la firmeza de Sánchez en su negativa a prestar apoyo al PP para que gobierne. Es curioso comprobar que se le exige a Sánchez que facilite la gobernabilidad pero ni una sola voz del aparato se ha atrevido a expresar en público que el PSOE debería abstenerse para que Rajoy gobierne (sí lo han dicho algunos “ex” del PSOE, sin responsabilidad institucional alguna). Tampoco se acaba de entender a qué se debe la hostilidad de un sector del PSOE hacia Sánchez y su simpatía hacia Susana Díaz, como no sea un afán sectario por recomponer los equilibrios internos del poder, porque está por ver cuáles son las habilidades políticas e intelectuales de la presidenta de Andalucía, heredera del legado de Chaves y Griñán y sin otro mérito curricular que su pertenencia desde la adolescencia al aparato del partido.

Sánchez ha anunciado que la comisión permanente de la ejecutiva convocará el lunes comité federal para el sábado 1 de octubre, y es lógico que el PP albergue todavía un rescoldo de esperanza en que los críticos consigan imponer su criterio y el PSOE acabe posibilitando la investidura de Rajoy. Pero es altamente improbable que suceda tal cosa. Primero, porque por la simple lógica de la situación resulta improbable que algún barón enfrentado al secretario general sugiera tal posibilidad públicamente, sabiendo que las bases están radicalmente en contra de tal concesión al PP. Y, segundo, porque siempre le quedaría a Sánchez la posibilidad de someter esta cuestión a la opinión directa de las bases, con lo que se desvanecería la hipótesis.

Por último, si las desavenencias fuesen a mayores, Sánchez aún dispondría de un último recurso: convocar el Congreso para antes de las elecciones de diciembre. Esta otra manera de recurrir a la militancia le proporcionaría una confirmación más que probable, al tiempo que descolocaría a Susana Díaz, que tendría que abandonar la presidencia de la Junta Andaluza si, como secretaria general del PSOE, fuese cabeza de cartel en las siguientes generales.

© Proporcionado por Bolsamanía

Así las cosas, todo apunta a unas elecciones el 18 de diciembre… A menos que termine cuajando un gobierno alternativo, que sigue siendo altamente improbable. Los movimientos no cesan, como lo demuestra la ebullición interna en Podemos precisamente por esta causa (aunque se enmascare tras otros argumentos). Como se sabe, Podemos y el PSOE estarían además estudiando estos días una propuesta de pacto presentada por Compromis con una treintena de puntos, mientras Ciudadanos debate internamente lo que para este grupo es también una cuestión vital (unas nuevas elecciones con la vigente ley electoral son muy peligrosas para Albert Rivera). Y no se puede descartar todavía que el PDC (antigua CDC) se implique de algún modo en la gobernabilidad estatal previa renuncia a exigencias soberanistas que el PSOE nunca podría aceptar…

Este es el panorama, volátil y por ello mismo impreciso, que se observa desde cualquier atalaya de este país.

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