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Así afectará la muerte de Fidel Castro a las relaciones de España y Cuba

Bolsamanía Bolsamanía hace 5 días Virginia Mora

La muerte de Fidel Castro ha abierto toda una serie de incertidumbres respecto a cómo serán a partir de ahora las relaciones de Cuba con el resto de países. No son pocos los que se preguntan si la desaparición del líder de la revolución cubana ayudará a cambiar las cosas o si, de lo contrario, la permanencia de su hermano, Raúl Castro, hará que no cambie nada. EEUU puede desempeñar un papel esencial en el devenir de la isla, sobre todo tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales, aunque los expertos también señalan la importancia de España para el futuro de los cubanos.

Tal y como apunta Rafael Calduch, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), lo que tiene que hacer el Gobierno de Mariano Rajoy es mantener la posición que España ha tenido hasta ahora con Cuba. “Las relaciones han estado condicionadas por el bloqueo que imponía EEUU, aunque España nunca se sumó a él. En los últimos años España ha actuado de interlocutora, de facilitadora de las relaciones entre el régimen y los opositores de dentro de la isla, y así debe seguir”, dice el experto.

Calduch afirma que con Raúl Castro habrá cierta continuidad, aunque cree que a medio plazo podría verse un “escenario de cambio”, primero en lo económico y después en lo político. “El papel de la oposición interna, no de la que se encuentra fuera, en Florida (EEUU), va a ser fundamental, y España tiene que seguir trabajando para tender puentes con un perfil constante, aunque bajo, para que no se perciba como una intromisión”, indica el catedrático de la UCM. Así, explica, cuando se produzca un cambio que necesite de “mediadores externos” España puede “desempeñar un papel fundamental”.

© Proporcionado por Bolsamanía

Óscar Santamaría, director de la firma Asesores de Comunicación Pública, destaca que el Gobierno debe seguir en la misma línea. “Sin grandes conflictos, evitando enfrentamientos, atento a cualquier cambio, por pequeño que sea, que se produzca, y velando por los intereses de las empresas españolas en la isla, sobre todo de cara al futuro”, señala. Y el politólogo Eduardo Bayón considera que España debería ser un “país principal en las relaciones con Cuba”, aunque reconoce que EEUU va a ser el “actor principal”, a falta de confirmar el rumbo que toma la futura administración Trump. De momento, el presidente electo ha avisado a la isla a través de un mensaje en su cuenta personal de Twitter de que “si Cuba no está dispuesta a mejorar el trato al pueblo cubano, al pueblo cubano-estadounidense y a EEUU como un todo, pondré fin al acuerdo” que ha sellado Barack Obama y que suponía el deshielo de las relaciones.

If Cuba is unwilling to make a better deal for the Cuban people, the Cuban/American people and the U.S. as a whole, I will terminate deal.

— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 28 de noviembre de 2016

Precisamente el tema de los derechos sociales siempre ha estado en el punto de mira de España, y según Calduch por eso el país ha actuado de intermediario entre el régimen y la oposición, tratando de lograr una mejora. La sanción diplomática a Cuba acordada por la Unión Europea (UE) en 2003 al considerar que el régimen de Castro era demasiado opresivo con la oposición supuso una congelación de las relaciones, pero con la llegada de Raúl Castro la situación se normalizó y finalmente la UE acabó por levantar las sanciones diplomáticas y promover de nuevo el diálogo en 2008. “España fue promotora del levantamiento de las sanciones de la UE”, recuerda el catedrático, que explica que ello ayudó a facilitar el comercio. “Hasta ahora las relaciones entre España y Cuba han sido razonablemente buenas, y va a seguir así”, aventura el experto.

RELACIONES BUENAS… PERO FRÍAS

Aunque Santamaría apunta que hay una “doble dimensión” en las relaciones entre España y Cuba: “Por un lado, entre ambos pueblos hay cercanía y simpatía; pero por otro lado, a nivel institucional, podríamos decir que son respetuosas aunque frías… O al menos no tan calurosas como las que se dan entre ambos pueblos”. Eso, dice, no es cuestión de gobiernos de turno en función de su signo político, ya que independientemente del mismo las relaciones han sido bien distintas. “Hay que recordar las buenas relaciones que mantuvo Franco con la Cuba de Fidel, pero con la llegada de la democracia se produjeron los primeros desencuentros”, recuerda.

El politólogo señala que con el Gobierno socialista de Felipe González las relaciones con Cuba “no fueron muy fluidas”, y con la llegada de José María Aznar (PP) hubo “mayores tensiones, sobre todo en su segundo mandato”. El socialista José Luis Rodríguez Zapatero “intentó retomar la buena sintonía, pero sin demasiados frutos, y con Mariano Rajoy ha habido algún acercamiento”, aunque sin relevancia. “Se podría decir que la relación entre España y Cuba ha estado marcada por los intereses económicos de empresas españolas en la isla, sobre todo ante la potencial apertura de su economía”, remarca.

Y Bayón, que también apunta a que la frialdad ha sido la nota predominante en las relaciones entre ambos países durante los últimos años, cree que tras la parálisis que ha vivido España por estar casi un año con un Gobierno en funciones y tras la muerte de Fidel Castro, ahora podría darse una “apertura definitiva en materia económica”. Además, dice, para España seguirá siendo “clave” el sector turístico, dado que muchas empresas ya han aprovechado la apertura que ha propiciado el régimen cubano para invertir en la isla y seguirán haciéndolo a medida que se avance en este sentido.

El politólogo también recuerda que Raúl Castro ha anunciado que propiciará su relevo en el poder en 2018, por lo que cree que “esa perspectiva de futuro a corto plazo debería ser positiva para las relaciones internacionales de Cuba”. Y de la misma opinión es Santamaría, que dice que la muerte de Fidel Castro “no va a tener demasiado impacto en las relaciones bilaterales” porque en los últimos años se había convertido en “un símbolo, un referente moral muy potente pero sin línea de mando”. Todo dependerá, dice, de lo que pase cuando Raúl Castro deje el poder y de quién asuma el mando.

DON JUAN CARLOS, UNA ELECCIÓN 'ACERTADA'

Asimismo, los expertos han valorado como “adecuada” la elección de Juan Carlos I, que ha viajado a La Habana en representación de España para acudir este martes a los actos de homenaje organizados en memoria de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución. Algunos partidos como Podemos han criticado la elección del rey emérito al considerarle una “figura de bajo nivel”, mientras que otros como Ciudadanos han afirmado que hubiese sido suficiente con enviar a la isla al secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Jesús Gracia, que ha acompañado a don Juan Carlos.

Rafael Calduch no comparte ninguna de estas opiniones. “El rey Juan Carlos ha sido enviado en representación de España a actos similares en otras ocasiones, y en un acto ceremonial fúnebre como el que ha tenido lugar en Cuba hay que ser cuidadoso con el protocolo, que es estricto desde el punto de vista diplomático”, dice. En su opinión, tanto Podemos como C's están tratando de “sacar punta” a algo que no tiene sentido cuestionar, porque “enviar al jefe del Estado no hubiese convenido -sería exponerle a una polémica política innecesaria- y mandar únicamente a un secretario de Estado o a un ministro de Asuntos Exteriores hubiese sido minusvalorar el acto”.

“Otras veces no se ha cuestionado. La Casa Real ha estado acertada con esta decisión, que por otro lado no es nada innovadora”, ha remarcado el catedrático de la UCM. Una opinión que comparte Óscar Santamaría, para quien la decisión es acertada dado que don Juan Carlos “conoció a Fidel personalmente” y porque, al igual que el líder revolucionario, “ya no está en ejercicio de un cargo institucional de peso”.

Eduardo Bayón también ve acertada la elección del rey emérito. “Desde que abdicó, Juan Carlos I ha asistido a las tomas de posesión de los líderes latinoamericanos y su función en Relaciones Internacionales se ha centrado en esta zona geográfica”, recuerda el politólogo. Menciona también las “relaciones personales y políticas entre los dos mandatarios, pertenecientes a la misma época histórica”, y recuerda que “eran altamente buenas”.

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