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Así es la verdadera obsesión de Mario Draghi: ¿cómo afecta la deflación a la economía y a la bolsa?

Bolsamanía Bolsamanía 26/03/2016 Óscar Giménez

Hace apenas una década hubiera costado creer que un banco central pudiera comprar bonos soberanos e, incluso, corporativos. Sin embargo, el Banco Central Europeo (BCE) ha sacado toda la artillería ante la cantidad de alertas que amenazan la frágil recuperación económica de la zona euro.

No ha sido ni el único ni el primero. Antes, la Reserva Federal (Fed) mantuvo durante nueve años la tasa federal de fondos (tipos de referencia) en el mínimo histórico entre 0% y 0,25%, además de ser pionera en un programa de compra de activos (QE, por sus siglas en inglés), que también ha llevado a cabo el Banco de Japón, institución que incluso ha recortado los tipos hasta situarlos en el nivel negativo de -0,1%, un hito al que también se suman los bancos centrales de Suiza, Suecia o Dinamarca.

En la zona euro, la desaceleración de China amenaza a la recuperación económica. El PIB del área de moneda única se expandió un 1,6% en 2015 y crecerá un 1,4% este año si se cumple la previsión del BCE. Sin embargo, esto no está en el mandato de la institución que preside Mario Draghi, sino que el objetivo es que la inflación hacia medio plazo esté controlada cerca del 2%.

Es algo que actualmente no sucede y que se ha convertido en la auténtica obsesión del economista italiano y del resto de miembros con derecho a voto en los encuentros que celebra en su sede de Frankfurt. “En contra de lo que dicen muchos, no creo que las nuevas medidas del BCE sean por un posible enfriamiento de la economía”, opina Daniel Pingarrón, analista de IG, que recuerda que la institución 'sólo' redujo en tres décimas su previsión de crecimiento desde el 1,7% hasta el 1,4%. “Persigue que la inflación repunte”, añade.

En este sentido, hay que recordar que el pasado 10 de marzo la autoridad monetaria de la zona euro recortó los tipos de interés de referencia en cinco puntos básicos hasta el mínimo histórico del 0%. Rebajó también el tipo de facilidad de depósito en 10 puntos básicos hasta el -0,4%, aumentó la cantidad destinada al mes a la compra de activos desde los 60.000 hasta los 80.000 millones de euros mensuales a partir de abril, incluyó en este programa (QE) la compra de deuda corporativa, e inició una serie de cuatro nuevas LTROs (operaciones de refinanciación a largo plazo) con vencimiento a cuatro años.

Medidas históricas para el BCE que se producen con proyecciones de inflación del 0,1% en 2016 y del 1,3% en 2017, lejos así del objetivo, especialmente este año. “La deflación es una posibilidad que no se puede descartar”, explica Felipe López-Gálvez, analista de Self Bank. Especialmente en el viejo continente. “Estamos viendo en las últimas semanas una brecha entre las expectativas de inflación a uno y otro lado del charco. Mientras EE.UU. puede presumir de estar acercándose a su objetivo del 2%, en Europa los bajos niveles de precios han obligado al BCE a potenciar su política monetaria”, añade.

SALARIOS Y PETRÓLEO

© Proporcionado por Bolsamanía

Los dos expertos consultados por Bolsamanía ponen en acento en las materias primas y en el mercado laboral como principales claves que impiden un repunte de los precios.

En el segundo caso, López-Gálvez señala que “la presión salarial es clave para elevar la inflación. Si hay pleno empleo, los trabajadores están en una mejor posición para negociar su salario, por lo que las empresas acaban cediendo ante las pretensiones de sus empleados. Si hay más renta disponible, se consume más y por lo tanto se crea el caldo de cultivo propicio para que crezcan los precios. Esto es lo que está sucediendo en Estados Unidos”.

Además, hay que tener en cuenta el elevado impacto en la inflación de los precios de la energía, especialmente del crudo. “Es la principal causa de que haya temores de deflación”, opina Daniel Pingarrón. “No vemos una falta de inflación por parálisis del consumo, sino por el efecto estadístico del petróleo”, añade.

Así, cuestiona que el IPC, índice de precios al consumo que sigue una cesta prefijada de bienes y servicios, sea la mejor referencia posible para medir las tendencias inflacionistas o deflacionistas. “Es la principal variable de trabajo del BCE y ahora se persigue un efecto estadístico con la política monetaria que lo mueva hacia el 2% sin ver las causas de este dato, ya que es la única variable de control. La Fed se fija más en la inflación subyacente, algo que sería positivo”, argumenta Pingarrón. El analista de IG, afirma también: “Creo que si el petróleo estuviera en 70 dólares Draghi no hubiese anunciado estas medidas”, y recuerda que coincidiendo con el abaratamiento de la commodity el banco central ha pasado de proyectar un IPC del 1% para la zona euro en 2016 hasta el 0,1% actual.

¿POR QUÉ LA POLÍTICA MONETARIA NO IMPULSA LA INFLACIÓN?

En los libros de macroeconomía se estudia que las políticas monetarias tienen capacidad para impulsar la inflación, señala el analista de Self Bank, Felipe López-Gálvez. Sin embargo, “en los últimos años no todos los bancos centrales pueden presumir de haber influido de manera positiva en sus economías”, y uno de los que no puede hacerlo es el BCE, que ha dado una vuelta de tuerca a su política ya expansiva.

Además del petróleo barato, “la ausencia de reformas estructurales en los países que componen la zona euro” es otra causa, agrega López-Gálvez. “Sin unión fiscal, es más complejo que las políticas monetarias surtan efecto”. Y señala también que “algo que le ha servido al BCE durante un tiempo es devaluar el euro. Pero existe un pacto no escrito entre países que limita la posibilidad de exprimir esta vía, ya que se daría inicio a una guerra de divisas que no conviene a ninguna de las partes”.

Por su parte, Pingarrón coincide en la falta de efectividad de las políticas monetarias pero sí considera que han paliado el daño: “Sin QE (programa de compra de activos) la zona euro probablemente estaría en deflación”.

IMPACTO EN LA ECONOMÍA Y EN LA BOLSA

A priori, que caigan los precios puede parecer algo positivo a muchos. Sin embargo, la historia demuestra que la deflación puede provocar que los consumidores retrasen sus decisiones de consumo y las empresas hagan lo propio con sus inversiones previstas. Un efecto que frenaría el crecimiento económico. “¿Quién se compraría un coche ahora si supiese que el mes que viene le puede costar menos?”, pregunta como ejemplo del impacto de la caída de los precios en la economía el analista López-Gálvez. En la misma línea, argumenta: “Si los precios no suben o bajan, se hace más difícil el pago de los nominales de la deuda de empresas y particulares”. Así, pone el ejemplo de una hipoteca: “Si el precio de la casa baja, la cantidad a deber en proporción con el valor de la vivienda es cada vez superior, haciendo complicada la venta de la vivienda o la refinanciación del préstamo. Esta misma situación, extrapolada a una empresa cuya actividad se está viendo frenada por la espiral de caída de los precios, también hace que la carga financiera sea más difícil de saldar”.

En cuanto a los mercados, estos “se ven afectados por la ralentización de la economía en su conjunto”, recuerda el experto de Self Bank.

Pingarrón añade además que la respuesta del mercado dependería de las causas. “Si la deflación es por que el petróleo cae a 25 dólares, las bolsas lo pasan mal por correlación cuando hay tensión con el crudo como pasó cuando estaba en 30 dólares. Pero a la vez, la deflación provocaría medidas más expansivas de los bancos centrales, y esto podría tener un impacto positivo”.

Los dos analistas coinciden en que los valores a evitar son los de empresas más ligadas al consumo y al turismo. Por el contrario, “metales preciosos como el oro pueden sacar tajada de esta situación, por lo que puede ser una buena alternativa de inversión bien sea directamente en oro o comprando acciones de compañías mineras extractoras de este material”, recomienda López-Gálvez.

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