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Astroc: diez años del boom bursátil que reventó la burbuja española

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 04/02/2017 Rubén J. Lapetra

Dicen que la Bolsa se anticipa a los movimientos de la economía real y en el caso del auge y caída del inmobiliario español en la década pasada (00-10) esto se cumple a rajatabla. Fue la antesala del pinchazo de precios inmobiliarios que se extendió sin control más de un año después. En los inicios de 2007, la burbuja bursátil que vivía el sector inmobiliario en España adquirió tintes de euforia y fue la traca final de operaciones de miles de millones como la compra de Fadesa por Martinsa, la guerra de OPAs por Metrovacesa entre los Sanahuja y Rivero-Soler o la escalada sin límite de Luis Portillo en Inmocaral-Colonial.

Pero si hay fenómeno que se superpuso a todos los demás fue la Astrocmanía y su fundador, Enrique Bañuelos, tan desconocido, esquivo y misterioso ahora como lo era entonces. Astroc fue al inmobiliario lo que Terra al sector tecnológico en la burbuja puntocom. En mayo de 2016, su pequeña inmobiliaria surgida en Valencia saltó a bolsa con una pequeña colocación institucional entre clientes de Caja Madrid, Banco Sabadell y Riva & García, que dirigió la colocación bajo la batuta de Xavier Adserá, futuro socio de Bañuelos en multitud de proyectos a partir de entonces. Entre ambos convirtieron a Astroc en una especie de activo deseado que todo el mundo quería tener en su cartera por lo exótica y misteriosa de la propuesta… ¿Una inmobiliaria preurbanizadora? ¡¿Qué!?

Al olor de las mieles de Astroc acudieron nombres como Caixa Galicia, Cajas Castilla La Mancha, Banco Sabadell, la familia Godia, la familia Nozaleda, Félix Abánades… En 2006, Astroc no dejaba de subir en bolsa día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Aquella escalada infinita tenía un secreto: su bajo ‘free float' (porcentaje de acciones que cotiza libremente en bolsa) desequilibró las leyes de oferta y demanda hasta el punto de provocar un furor inusitado que acabó con la peor de las resacas. También sucedió en Terra, que durante meses cotizó con un capital similar en mercado -presionada por la sobredemanda de sus títulos- hasta que la fiebre corporativa, las ampliaciones de capital y el pinchazo de la burbuja tecnológica arrasaron su valor y se llevó por delante a todo el sector.

DEL BOOM A DESAPARECER

© Proporcionado por Bolsamanía

En febrero de 2007, Bañuelos ya era calificado como el nuevo ‘rey midas' del ladrillo y Astroc era el modelo a seguir como auténtico caso milagro, éxito y fortuna. Pero a partir de entonces el clima comenzó a cambiar y los nubarrones se amontonaron en el horizonte. Hasta entonces, sólo era Bañuelos quien vendía sus acciones como máximo accionista, pero aceleró el ritmo hasta vender más del 30% del capital cuando Astroc iba bien y sólo subía en bolsa. Pero fueron otros los que le siguieron. Xavier Adserá, cerebro de aquella colocación en bolsa, vendió con plusvalías superiores al 700%. También lo habían hecho los Nozaleda, la familia aragonesa dueña de Nozar, que hizo con caja con un 3% por… 150 millones de euros. Fue la mayor operación de sus vidas y el principio del fin para ellos. Todavía mantenían el 7% de Astroc, valorado en 600 millones de euros, más dinero que el que los ricos aragoneses habían soñado en toda su vida.

A finales de febrero, hace ahora diez años, en coincidencia temporal con el inicio de la crisis de las hipotecas basura en EEUU, Astroc registró su temblor en bolsa y perdió un 40% en cuestión de días. En ese momento comenzaron los nervios entre los institucionales que habitaban su capital, incluyendo a inversores de la talla de Amancio Ortega, fundador de Inditex. Félix Abánades, propietario de Rayet, saltó del barcó a 40 euros por acción y cosechó unas plusvalías próximas a los 100 millones de euros. Adserá, del 700%...

Pero el mayor vendedor en todo ese tiempo siempre fue Bañuelos, que desde la OPV vendió tantas acciones como para comprarse con lo sobrante un 5% de Banco Sabadell y suficiente para que la revista Forbes le situase como número tres de España por patrimonio por delante de los Botín o Entrecanales, entre otros. Las dudas en torno a la compañía comenzaron a crecer conforme se fueron conociendo más detalles de su modelo de negocio y actividad. CV Capital, una sociedad vinculada a Bañuelos, había generado una buena parte de la facturación de Astroc comprándole varios edificios. En abril de aquel año, Astroc definitivamente estalló en bolsa y el efecto dominó dañó las cotizaciones de Colonial, Reyal Urbis, Martisa Fadesa…

Sólo unos meses después, en julio, el accionariado de la compañía dio un vuelco tras la dimisión de Bañuelos y la toma de control de la compañía por parte de Rayet (Abánades) y Nozar (Nozaleda), al borde la ruina o la suspensión de pagos por efecto de aquella fiebre bursátil. En septiembre, Bañuelos acabaría declarando ante el juez Garzón por los extraños movimientos de compraventas en Astroc. Fueron seis meses frenéticos en los que todo lo que parecía luz era oscuridad. La inmobiliaria que valía más de 8.000 millones pasó por debajo de los 1.000 millones y al año siguiente ya ni siquiera se llamaba Astroc porque sus nuevos dueños y la banca acreedora la habían transformado en Afirma. Sus restos cotizan todavía en la Bolsa española diez años después bajo la marca Quabit, inmersa en una crisis sin fin como demuestra el hecho de que esté inmersa en su enésima ampliación de capital (de 40 millones) para poder sobrevivir o resucitar.

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