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Brasil más allá del mundial

Finanzas.com Finanzas.com 11/06/2014 Cristina J. Orgaz
Obras en Brasil antes del inicio del mundial de fútbol // Obras en Brasil antes del inicio del mundial de fútbol© finanzas.com Obras en Brasil antes del inicio del mundial de fútbol // Obras en Brasil antes del inicio del mundial de fútbol

Cuando se apaguen los focos de Maracaná, se borre el confeti de las calles y todo vuelva a la normalidad. Cuando Brasil despida el mundial de fútbol se encontrará de bruces con un cuadro macro que empieza a preocupar bastante a los expertos y con 11.000 millones de dólares menos en sus arcas, el coste estimado del evento. Las revueltas sociales, la alta inflación y la brecha cada vez más amplía entre ricos y pobres podrían sumarse a la pérdida de inversión, los decepcionantes datos de PIB y desequilibrios varios que cobrarán un peligroso protagonismo justo antes de las elecciones presidenciales que se celebrarán el 5 de octubre.

Si a lo largo y ancho del globo los eventos deportivos mundiales sirven de revulsivo para el anfitrión, en Brasil las cosas parecen transitar por un camino distinto. La Copa Confederaciones de 2013 dio el primer aviso y las protestas se sucedieron por todo el país. La clase media vive ahogada en una espiral de aumento de precios que ya supera el 6 por ciento anual, mientras los tipos de interés de sitúan por encima del 11 por ciento, y sólo la tasa de desempleo -un 4,9 por ciento que ya quisiera para sí España-, salva los muebles de una ralentización económica cada vez más innegable.

El PIB del primer trimestre se situó en el 1,9 por ciento en tasa interanual, ligeramente por debajo de las expectativas del mercado, -un 2 por ciento-, pero lejos del 2,2 por ciento registrado en el último trimestre de 2013 y a años luz de las cifras registradas durante el mandato de Lula. Las causas de este retroceso apuntan en varias direcciones, explican los expertos de Schroders, una producción industrial más débil debido al aumento del coste de la energía, la caída de la confianza empresarial y de los consumidores, y la alta inflación. Un cóctel explosivo que ha acabado por erosionar la actividad del país.

Reformas que no llegan

Y así, conforme pasan los meses, se van cumpliendo los temores de los analistas y se empieza a extender la opinión de que es bastante probable que no se implementen las reformas estructurales que necesita el país. Este gigante, de 200 millones de habitantes, estiman, debería seguir la línea trazada por México e implementar reformas alcanzables, que dada la escala del mercado brasileño, atraerían grandes inversiones. Pero pese a la pérdida de popularidad, Dilma Rouseff no parece dispuesta a adoptar medidas espinosas que pudieran poner en riesgo su más que segura reelección presidencial.

«Con la inversión contrayéndose un 2 por ciento respecto al año anterior, la necesidad de un cambio en las políticas es cada vez más evidente. Los cuellos de botella juegan un papel muy relevante en la evolución de la inflación y será difícil de gestionar sin tener en cuenta las preocupaciones de la oferta. Estos datos sólo alimentan el deseo de los inversores de que Dilma Rousseff pierda las elecciones en octubre», dice Craig Botham, economista de mercados emergentes de Schroders.

Un punto en el que coincide Rogerio Poppe, gestor del BNY Mellon Brazil Equity Fund, de ARX Investimentos, parte del banco estadounidense BNY Mellon. «Consideramos que su reelección será negativa para la economía brasileña durante la próxima década. A pesar de la reciente rebaja de la calificación llevada a cabo por la agencia de rating Standard & Poor´s, los datos económicos aún son muy buenos, sin duda, el país está más saneado que algunas economías europeos. El problema radica en la dirección que tome el gobierno y la política actual, que está limitando el crecimiento», resume este analista.

No en vano, hasta hace muy poco el país era el niño bonito de los inversores. Un estatus que poco a poco ha ido dando paso al de eterna promesa, emergente desde hace una década. En ese tiempo, Brasil ha tenido siete de los diez últimos años muy buenos y con la ayuda de la política monetaria y fiscal, ha superado bien la crisis de 2008, en parte gracias a su escasa dependencia del exterior. Pero ha llegado el momento crucial de adoptar reformas inaplazables, a cuya exigencia se suma la voz de la calle. «Brasil tiene históricamente una economía muy cerrada al exterior, con graves penalizaciones para inversores extranjeros, por lo que es precisa una apertura en todos los campos. Además, la clase media ha crecido mucho en Brasil y es necesario invertir en infraestructuras. Hay que mejorar la burocracia, la justicia y otros pilares fundamentales para los mercados, un proceso que llevará tiempo», explica Tiago Forte, responsable de Pictet AM en Portugal y Brasil.

Clase media agobiada

Y es que gran parte del electorado se siente desprotegido en este momento, al mismo tiempo que se encarece la vida. Durante los últimos años los esfuerzos del gobierno han estado centrados en proyectos de asistencia social, como el Programa Bolsa de Familia, que ha sacado de la pobreza a un cuarto de la población pero, para el 75 por ciento restante, la mayor preocupación sigue siendo las altas tasas de inflación. Un efecto que no se verá atenuado por la celebración este verano del mundial de fútbol.

Todo lo contrario, advierten desde Nomura, el evento causará otro repunte en las cifras, sobre todo en el sector servicios. «Creemos que una buena parte del aumento podría convertirse en permanente. Nuestras previsiones ahora apuntan a que el IPC se mantendrá por encima del rango objetivo (situado en el 6,5 por ciento) durante un par de meses previos a las elecciones de octubre. La inflación debería terminar 2014 en torno al 6,3 por ciento anual», apunta el banco japonés en un documento.

Para los expertos de Saxo Bank, el desequilibrio en la balanza por cuenta corriente es el indicativo más claro de que a la economía más grande de América Latina, le esperan tiempos duros por delante, mientras que Goldman Sachs mantiene la esperanza de que en 2015, las autoridades elaboren un plan suave de ajuste fiscal. «Si hay reelección no habrá cambio, y el resultado será una economía azotada por la inflación, una moneda depreciada, la falta de capacidad para atraer inversión extranjera y una perspectiva de bajo crecimiento durante los próximos años», augura Poppe.

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