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Cómo toma su cerebro las decisiones de inversión: las claves de las neurofinanzas

Bolsamanía Bolsamanía 27/05/2016 Bolsamanía

© Proporcionado por Bolsamanía

¿Qué hacer ante momentos de pánico en el mercado o cuando su acción se desploma, como ha ocurrido ahora con Banco Popular? Aunque creemos que nuestros análisis son fríos y calculadores, a menudo están influidos por cuestiones psicológicas. Esto es lo que trata de analizar el estudio de las neurofinanzas, al determinar cómo el cerebro toma las decisiones financieras.

En Fidelity explican que este campo se base en la combinación de tres disciplinas, como son la economía, la psicología y la neurociencia. “Los investigadores de estos tres campos han tendido puentes para enriquecer nuestra comprensión de las finanzas conductuales, creando con ello nuevas áreas de investigación. Las neurofinanzas son una de ellas y toman prestadas las herramientas y enseñanzas de la neurociencia para desentrañar cómo la actividad cerebral interviene en la toma de decisiones financieras”, explica un informe firmado por Nick Armet, director de comunicaciones corporativas de la gestora.

La neurociencia es así un segmento de investigadores que ha crecido en los últimos 20 años. “Ahora entendemos las estructuras principales del cerebro y podemos registrar las señales eléctricas que emiten las 'células cerebrales' o las redes de células”, indica Armet, y recuerda que la tecnología de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) permiten monitorizar la actividad cerebral y controlar “qué partes del cerebro se encienden al tomar decisiones financieras”.

Por ahora sabemos que el cerebro pesa en torno a 1,4 kilogramos y está compuesto por 100.000 millones de neuronas, cada una con un mapa de nuestro genoma, pueden activarse entre 5 y 50 veces por segundo y están conectadas de tal manera que hay 1.000 billones de conexiones.

Tras esta breve sinopsis de cómo es el cerebro humano, el ejecutivo de Fidelity explica que los psicólogos dividen el pensamiento cognitivo en dos sistemas. Uno de ellos es el inconsciente, de pensamiento rápido y siempre en funcionamiento. El otro es el deliberativo, más lento, pero también más consciente y calculador. "La mente consciente a menudo puede interponerse en cosas que la mente inconsciente sabe cómo hacer. Eso es algo intuitivo para muchos deportistas o músicos que practican un movimiento hasta el punto de que se convierte en automático, como el saque en el tenis, el swing en el golf o tocar un instrumento".

¿SOMOS RACIONALES LOS INVERSORES?

La teoría financiera clásica apuntaba a que los inversores actúan siempre racionalmente. Sin embargo, este modelo no conseguía explicar muchos patrones inusuales de los precios en los mercados financieros, recuerda Nick Armet. Más reciente es el campo de las finanzas conductuales, sobre la que trabajó Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal (Fed) y su marido, el premio Nobel de Economía, George Akerlof. "El punto de partida de las finanzas conductuales es la observación de que los inversores no siempre son racionales en la práctica, y esa es una idea que los experimentos de la neurociencia también han ayudado a refrendar".

Los economistas están en general de acuerdo en la actualidad en que los inversores únicamente tienen una racionalidad acotada. Es decir, con límites, ya que "la capacidad de los inversores para ser racionales está delimitada por la información que tienen a su disposición, la capacidad cognitiva de sus mentes para tomar una decisión (y la complejidad de la decisión a tomar) y el tiempo del que disponen para tomarla".

HALLAZGOS SORPRENDENTES

Los experimentos de las neurofinanzas están ayudando a los investigadores a entender al cerebro humano y las decisiones de los inversores. En 2005 Camelia Kuhnen y Brian Knutson, según cita el director de comunicaciones corporativas de Fidelity, usaron resonancias magnéticas funcionales para analizar el cerebro de personas que tenían que tomar decisiones financieras en las que intervenían dos acciones y un bono. Se encontraron con que algunas partes del cerebro se activan ante la expectativa de una recompensa (rentabilidad), mientras que otras partes del cerebro (especialmente la ínsula) ante estímulos negativos, como la expectativa de sufrir daños (pérdidas), explica Armet.

"La tecnología de imagen médica también ha contribuido a confirmar la idea de que las decisiones financieras a menudo se toman a partir de las emociones", recuerda. Las investigaciones con imágenes médicas confirman que ·existe un deseo de asumir más riesgos después de unas rachas iniciales de beneficios y pérdidas, como se observa en la mayor actividad que muestran los procesos que afectan al estado anímico del cerebro, junto con una reducción de la actividad relacionada con los procesos que influyen en la deliberación y la reflexión".

Otro experimento, en este caso de los investigadores Trujillo y Knutson, mostró a un grupo de sujetos una foto de una cara humana que podía expresar felicidad, temor o enfado. Los que vieron felicidad, mostraron un 30% más de tolerancia al riesgo, mientras que los que se decantaban por temor o enfado, apostaban mayoritariamente por activos de menos riesgo como los bonos.

"Sabemos que el córtex prefrontal es un área del cerebro que interviene en la evaluación de nuestras decisiones y el impacto de estas elecciones puede desencadenar potentes emociones", argumenta Armet, que en este caso cita a un estudio del neurobiólogo Antonio Damasio, quien demostró la diferencia entre decepción y arrepentimiento. Este último sentimiento genera actividad en el córtex orbitofrontal, y provoca muchas decisiones de inversión para pérdidas sufridas en el pasado, mientras que la decepción permite mejorar frente a rendimientos obtenidos anteriormente.

Así, el arrepentimiento lucha contra la paciencia y el rigor en el mundo de las finanzas. "Teniendo en cuenta que el objetivo es conseguir una buena rentabilidad en un horizonte temporal razonable, la idea de saltar del tren cada vez que una opción alternativa comienza a generar mejores resultados es una garantía casi total para conseguir peores resultados relativos después de descontar los costes de las transacciones. En última instancia, esta estrategia para evitar el arrepentimiento está condenada al fracaso y es el equivalente en el mundo de la inversión del perro que persigue su propia cola", escribe Nick Armet, que para concluir cita a Warren Buffet: "El éxito en la inversión no guarda correlación con el coeficiente intelectual; cuando se tiene una inteligencia normal, lo que se necesita es temperamento para controlar las ansias que meten a los demás en problemas".

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