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El BdE dota 2.800 millones más para cubrir los efectos secundarios del QE

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 31/03/2017 Pedro Calvo

Los bancos centrales no son como los bancos privados. Pero también tienen un balance y una cuenta de resultados. Y provisiones para cubrir los riesgos. Y justo eso, procurarse un colchón, es lo que hizo el Banco de España (BdE) durante 2016. Para cubrir un riesgo financiero: el de las masivas compras de deuda que está realizando siguiendo las directrices del Banco Central Europeo (BCE).

Porque la cuestión está clara: el BCE, capitaneado por Mario Draghi, manda, pero luego es el que BdE el que actúa como brazo ejecutor de esas compras. Y cuanto más tiempo pasa con el programa de compras de activos (APP, por sus siglas en inglés, aunque es más conocido por QE, que las siglas de expansión cuantitativa) en funcionamiento, más títulos mete el Banco de España en su balance.

A finales de 2016, y según las cuentas anuales del BdE presentadas este jueves, el saldo de los valores mantenidos en el balance del supervisor español con fines de política monetaria -que es la que dicta el BCE- creció en 2016 hasta los 219.836,3 millones de euros. Un año antes, se situaba en los 109.420 millones, con lo que el volumen se duplicó durante el pasado ejercicio como consecuencia del mantenimiento del APP, mediante el que el BCE -y sus brazos ejecutores- destinaron en total 900.000 millones de euros a adquirir deuda pública, supranacional, cédulas hipotecarias, titulizaciones y corporativa.

Y claro, por mucho que sea el BCE o el BdE quien realice estas compras, no se libra de incurrir en un riesgo financiero en caso de que pase algo con los emisores de esos títulos o con el precio de estos activos. De ahí que también deba realizar un ejercicio de prudencia contable y realizar una provisión para intentar cubrirlo. Y justo eso es lo que hizo en 2016.

"La Comisión Ejecutiva, en su sesión de 25 de enero de 2017, aprobó una modificación de la metodología utilizada para el cálculo de los riesgos financieros y la dotación a la provisión para su cobertura", recogen las cuentas anuales de la entidad. Y añaden con más detalle: "Como consecuencia de ello, así como del incremento de los riesgos por el considerable aumento de las inversiones realizadas en las carteras de política monetaria, se aprobó una dotación neta a la provisión para riesgos financieros por importe de 2.800,92 millones".

Este incremento engorda la cobertura total de los riesgos financieros hasta los 14.137,4 millones de euros, un 25% más que en 2015. De hecho, es esta provisión la que conduce a que el beneficio del BdE en 2016 descienda hasta los 1.624,5 millones, un 28% menos que en 2015.

BALANCES CADA VEZ MÁS 'GORDOS'

Aunque con esa cobertura el BdE no hace nada distinto a lo que es habitual en las empresas y los bancos privados, también pone de relieve dos de las realidades que caracterizan a los bancos centrales en la actual. La primera, que sus balances han engordado hasta cifras históricas durante la crisis. En el caso del BdE, a finales de 2016 ascendía a 577.000 millones de euros, cuando a finales de 2014, antes de que el APP estuviera en marcha, era de 359.000 millones. Pero es que en 2006, antes de que la crisis empezara a 'jugar' ya con los balances de los bancos centrales, se limitaba a 138.000 millones de euros.

En cuanto a la segunda realidad, que se deriva de la anterior, delata que esa 'dieta hipercalórica' de los últimos años ha cambiado extraordinariamente la composición del balance de los bancos centrales, que ahora tienen en su interior carteras inmensas de activos -en el caso del BdE, esos casi 220.000 millones de euros en distintos títulos-. Y estos activos cotizan en los mercados, con lo que las decisiones que adopten sobre cómo desprenderse de ellos o la propia evolución de sus precios en esos mercados tendrá notables repercusiones.

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Porque esas realidades conducen a dos incógnitas fundamentales de cuya resolución dependerá si mutan en dos peligros potenciales o no. La primera consiste en preguntar cómo adelgazarán ahora sus balances los bancos centrales; y la segunda, cómo harán para sacar esos activos de sus carteras sin provocar una crisis atómica en los mercados.

La Reserva Federal estadounidense lleva tiempo dándole vueltas a esta cuestión. En el caso del BCE, y por tanto del BdE, va con más retraso. Mientras, el Banco de España sigue comprando. Y provisionando.

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