Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El fin de Popular pone el foco en Draghi al marcar el futuro de los rescates bancarios

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 08/06/2017 Óscar Giménez

Semana ajetreada para Mario Draghi. A la reunión de política monetaria que el Banco Central Europeo (BCE) celebra este jueves, en la que podría haber nuevos matices en el discurso, se le suma el fin del drama de Banco Popular. Un desenlace -infeliz para los inversores del banco- que se produce con el estreno del nuevo modelo de rescate europeo de entidades financieras, en el que los accionistas y los bonistas asumen pérdidas para recapitalizar el banco.

Se trata del sistema ‘bail-in', que aprobaron las autoridades europeas en 2014 y entró en vigor en 2016, y que refleja los poderes de la Unión Bancaria. Este modelo de rescate se basa en la recapitalización interna para evitar (o limitar) el uso de fondos públicos. Antes de recibirlos, las entidades de crédito han de utilizar al menos el 8% de su pasivo total para absorber déficits de capital, lo que supone pérdidas para los inversores de mayor perfil de riesgo como los accionistas y los acreedores con deuda no garantizada. Además, se reducen “los problemas de riesgo moral que general los rescates bancarios”, señala el Banco de España (BdE).

El primer ejemplo en Europa de este mecanismo es Banco Popular, marcando así el camino futuro de las recapitalizaciones en el sector financiero. Y precisamente esto acaparará gran parte de la atención de la reunión del BCE en Tallin (Estonia) -especialmente, en el turno de preguntas de la comparecencia de Draghi-. El Mecanismo Único de Resolución (MUS), órgano integrado en el BCE, decidió el martes por la noche que la situación de Popular era “inviable”, lo que dio el poder a la Junta Única de Resolución (SRB, por sus siglas en inglés) para decidir el futuro de la entidad.

Una vez que se pasó el testigo desde Fráncfort hasta Bruselas, el organismo dirigido por Elke Köning tomó las riendas de Popular y, tras intervenirlo, inició una subasta a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) en la que consideró que la oferta de Banco Santander era la mejor opción para asegurar el cumplimiento de las obligaciones del banco, como los depósitos y la deuda sénior garantizada.

SIN DINERO DEL CONTRIBUYENTE

En los últimos años las diversas voces con autoridad de la Unión Europea han hecho gala de un mecanismo por el que el riesgo de solvencia de la banca se traslada del contribuyente a los inversores. Y, también, de la necesidad de que haya fusiones transnacionales para fortalecer el sistema financiero europeo. Popular cumple con lo primero, pero no por lo segundo al ser traspasado finalmente a Santander por un euro.

En el caso de la entidad presidida hasta ayer por Emilio Saracho, los accionistas pierden todo lo invertido. Hace poco más de un año, la entidad cotizaba en bolsa con una capitalización de más de 4.000 millones de euros, además de las dos ampliaciones realizadas por el equipo de Ángel Ron durante la crisis por valor de 5.000 millones. También los titulares de bonos no garantizados como los convertibles contingentes (CoCos) y la deuda soberana, para los que se borran 2.000 millones de euros de un plumazo.

Asimismo, soportarán su rescate los accionistas de Banco Santander, ya que la entidad presidida por Ana Botín ha anunciado una ampliación de capital de 7.000 millones de euros para digerir Popular, lo que según sus estimaciones generarán sinergias en ahorro de costes de 500 millones de euros hacia 2020, además de incrementar el beneficio en 950 millones. La dotación de provisiones de Santander por la exposición inmobiliaria se elevará en 7.200 millones.

Pero los que no pondrán dinero para ello serán los contribuyentes, como sucedió con la ola de rescates bancarios posterior a la crisis financiera de 2008 a lo largo de la Unión Europea, con nombres propios como Commerzbank, ING, Royal Bank of Scotland o Bankia. Según datos de la Comisión Europea citados por el Banco de España (BdE), las ayudas en inyección de capital ascendieron a los 465.600 millones de euros, para activos dañados en 188.600 millones y 105.000 millones en otras medidas. Asimismo, hay que añadir 1,188 billones de euros en avales sobre pasivos. Sólo en el caso de España, según las estimaciones del BdE, el rescate del sector financiero ha engordado la deuda pública en 45.500 millones de euros.

¿Y QUÉ PASA CON EL BCE?

© Proporcionado por Bolsamanía

Al margen de Popular, la reunión de política monetaria de este jueves es, hasta ahora, la más esperada del año. Los analistas han señalado en el calendario esta cita porque, aunque queda marcada por la intervención del banco español, contemplan la posibilidad de que haya cambios en el discurso de Mario Draghi. “Probablemente veamos cambios en las declaraciones que reflejen una visión más equilibrada de la economía por parte del Consejo de Gobierno de la entidad”, anticipa David Simner, gestor de Fidelity.

La política de tipos al 0%, que complementa con unos tipos de depósito al -0,4% y con la compra de bonos en 60.000 millones mensuales hasta diciembre, supone precisamente un lastre para la rentabilidad del negocio tradicional. Y también para los ahorradores más conservadores al hundir los retornos de la renta fija, lo que alimenta las críticas que llegan desde Alemania.

Sin embargo, frente al repunte de inflación de principios de año por el encarecimiento del petróleo, los últimos datos alivian la presión sobre Draghi. El IPC de la Eurozona disminuyó en mayo hasta el 1,4% anual, con lo que se acerca a la inflación subyacente y se aleja del objetivo que tiene el banco central: controlar el crecimiento de los precios cerca, pero por debajo, del 2% en el medio plazo. El indicador contrasta con la evolución de la actividad económica, que según los datos PMI elaborados por Markit a partir de encuestas a los gestores de las empresas crece a su mayor ritmo en seis años. El desempleo, por su parte, se redujo en mayo hasta el 9,3%, la tasa de paro más baja desde 2009.

En este sentido, Draghi volverá a incidir en la fortaleza de la recuperación, como ya hizo el 2 de mayo. “Dirá que los estados miembros de la zona euro están progresando de forma sincronizada en el camino hacia la recuperación y que el potencial de riesgo a la baja en la zona euro ha disminuido significativamente”, anticipa Franck Dixmier, director global de renta fija de Allianz Global Investors. No obstante, añade que “no hay motivos para un cambio de la política monetaria, con lo que defenderá las medidas anti-deflacionistas”.

“La inflación es persistentemente baja y esto implicará que el BCE solo retirará su postura acomodaticia a un ritmo muy lento. Por ahora, los miembros ‘dovish' del consejo de gobierno tienen claramente el control. Probablemente no veamos nada significativo hasta septiembre”, agrega, en la misma línea, Patrick O'Donnell, gestor de Aberdeen AM.

Por su parte, “las condiciones crediticias de la zona euro siguen mejorando y un tipo de depósito más alto probablemente tenga un efecto limitado en la disponibilidad de crédito y, en lugar de eso, dé más impulso al euro, algo que no resulta deseable en estos momentos”, opina Simner, desde Fidelity. Y este impulso de la divisa europea es algo que criticó el mes pasado la canciller alemana Angela Merkel, poniendo el foco en Mario Draghi.

© Proporcionado por Bolsamanía
Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Bols@manía

image beaconimage beaconimage beacon