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El Ibex aún no se ha repuesto del desplome que China provocó en los mercados hace justo un año

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 24/08/2016 Pedro Calvo
© Proporcionado por Bolsamanía

El recuerdo todavía genera escalofríos en los inversores. Hace un año, la bolsa china se hundió un 9% y agitó los cimientos de los mercados internacionales, hasta el punto de que la volatilidad alcanzó sus niveles más altos desde 2011. Un año después, las aguas de las cotizaciones bajan más tranquilas. Incluso demasiado, piensan algunos. Eso sí, las heridas de aquel temblor aún se sienten en algunas bolsas. Como la española.

En el caso del Ibex 35, saldó aquella sesión con un descenso del 5% y que le llevó a cerrar en los 9.756 puntos. Un año después, camina más de 1.000 puntos por debajo, o un 12%, puesto que ahora se mueve en torno a los 8.600 puntos. Este balance le sitúa como uno de los indicadores de todo el mundo que peor digirió aquel correctivo. Entre los principales, apenas le supera al FT/MIB italiano, que castigado por la debilidad de la banca transalpina se deja un 18% en el mismo periodo. Y casi a su altura se encuentra el Nikkei 225 japonés, con un retroceso del 11% con respecto al cierre del 24 de agosto.

Como en el caso italiano, sobre el Ibex está pesando la debilidad del sector que tiene más peso en el índice: el bancario. Desde el 24 de agosto, Banco Popular ha caído un 64%; CaixaBank, un 36%; BBVA, un 34%; Sabadell, un 32%; Bankia, un 30%; Santander, un 28%; y Bankinter, un 2%. Telefónica, con un descenso del 27%, pone la puntilla para hacer imposible la remontada del índice español.

En los restantes índices se imponen las subidas. Incluso en el CSI 300 chino. Terminó aquel 24 de agosto en los 3.275 puntos tras un desplome del 8,75%. Ahora se encuentra un 2% más arriba, cerca de los 3.350 puntos. En el mismo periodo, el Dax alemán se ha revalorizado un 9%; el Footsie 100 británico, un 16,5%; los estadounidenses Dow Jones y el S&P 500, un 15%; y entre los emergentes el Bovespa brasileño se ha disparado un 30%. En el caso de los índices norteamericanos, esta remontada les ha llevado a protagonizar una nueva secuencia de máximos históricos durante los meses de julio y agosto.

TAMBIÉN SUBEN LAS MATERIAS PRIMAS Y LOS BONOS

Las materias primas y los bonos también se han sobrepuesto al temblor de hace un año. El barril Brent, de referencia en Europa, despidió esa jornada en los 42,7 dólares tras abaratarse un 6%. Actualmente cotiza un 16% por encima, cerca de los 50 dólares. En el caso del oro, que apenas sirvió de refugio el 24 de agosto porque se dejó un 0,5%, ha saltado en los 12 últimos meses de los 1.155 a los 1.340 dólares.

Lo mismo ocurrido con la renta fija. En su vertiente pública y privada. En el caso de los bonos soberanos, y a rebufo de las medidas expansivas que han seguido aplicándose en la Eurozona, Japón y Reino Unido, las compras han seguido presionando a la baja sobre los rendimientos, que se reducen cuando el precio de los títulos sube. Así, la rentabilidad del bono español a 10 años ha pasado del 2,03% al 0,93% y la del estadounidense, del 2% al 1,56%. Y en el caso de la deuda privada, hasta los títulos de peor calificación, los que se encuentran por debajo del grado de inversión y que se conoce como bonos basura, se han repuesto de la ola de incertidumbre que les acompañó tras el susto de agosto en los mercados. La cotización de los principales fondos cotizados (ETF) de deuda basura, iShares iBoxx High Yield Corporate Bond y SPDR Barclays Capital High Yield Bond, cotizan un 2% y un 0,5%, respectivamente, por encima de los niveles a los que cerraron el 24 de agosto de 2015.

En las divisas, el último año se ha caracterizado por la fortaleza del yen japonés, la divisa más poderosa entre las principales del mundo en este periodo. Se aprecia contra todas, con avances del 19% contra el dólar, del 21% contra el euro y del 41% contra la libra esterlina. En cuanto al yuan chino, cuyas devaluaciones entre el 11 y el 13 de agosto de 2015 fueron el preludio de la jornada negra que se sufrió dos semanas después, ha seguido cayendo, pero menos de lo que se temía el mercado. Contra el dólar apenas ha perdido un 4% de su valor, hasta los 6,64 yuanes por dólar, y contra el euro, un 1,5%, hasta los 7,53 yuanes por euro. En el cuerpo a cuerpo entre el euro y el dólar, la divisa europea se ha depreciado un 1,6% en el último año, hasta los 1,13 dólares.

MUCHA MENOS VOLATILIDAD...

Otro contraste notable entre lo vivido hace un año y la situación se observa en los medidores de volatilidad. El índice más seguido del mundo en este apartado, el estadounidense VIX, se disparó un 45% durante esa jornada y superó los 40 puntos, algo que no se veía desde 2011.

Doce meses después, su imagen es bien diferente. Se mueve en los 12 puntos e incluso en agosto ha descendido hasta los 11,3 puntos, el nivel más reducido desde 2014. Es más, su media de los dos últimos meses se limita a los 12,7 puntos, cuando el promedio de la primera mitad de 2016 fue de 18 puntos y el de todo 2015, de 16,7 puntos.

Entre los expertos comienza a extenderse la impresión de que, tras un agosto mucho más tranquilo financieramente que el de 2015 y con mucha menos actividad, en los mercados se está instalando una excesiva complacencia y que los bajos niveles en los que se encuentra el VIX así lo delata. Y recelan de esta aparente tranquilidad por los riesgos que existen, como la posibilidad de que la Reserva Federal estadounidense suba los tipos antes y más rápido de lo esperado, los problemas que sigue acumulando la banca europea, las elecciones estadounidenses, el impacto del Brexit o las dudas que aún genera China.

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