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El retorno de la inflación enreda más el Brexit y complica la vida a Carney

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 18/10/2016 Pedro Calvo
© Proporcionado por Bolsamanía

La sombra del 'Brexit' y de sus potenciales amenazas se sigue proyectando sobre la economía británica. En septiembre, los precios se encarecieron al ritmo más alto en casi dos años. De fondo, ya sobrevuela el impacto de la debilidad de la libra esterlina. Pero, sobre todo, el auténtico temor se deriva de lo que puede venir. Una inflación superior incluso al 3%. Mark Carney, sin embargo, parece no sentirse intimidado.

Presumiendo lo que estaba por venir, el gobernador del Banco de Inglaterra (BoE) dejó bien claro la semana pasada: si el Brexit trae como consecuencia una mayor inflación y un menor crecimiento, su prioridad será ocuparse del segundo. "Nuestro análisis en verano nos daba que en los próximos años podríamos ver otras 400.000 o 500.000 desempleados más. Por eso estamos dispuestos a tolerar una inflación algo por encima en los próximos años para evitar esa situación", defendió Carney en una intervención en Nottingham.

Este martes, los pronósticos que apuntan a un notable incremento de los precios en Reino Unido han comenzado a plasmarse. En septiembre, los precios británicos se encarecieron un 1% con respecto al mismo mes de 2015, el dato más alto desde noviembre de 2014.

Aunque todavía es pronto para echarle toda la culpa al Brexit, que es como se conoce al resultado con el que los británicos votaron a favor de salir de la Unión Europea en el referéndum del pasado 23 de junio, lo cierto es que su influencia ya se empieza a notar. Y, sobre todo, a temer. Porque una inflación al 1% aún es baja desde una perspectiva histórica y sigue claramente por debajo de la meta del BoE de situarla en el 2%, pero es que las previsiones comienzan a ir bastante más allá. Samuel Tombs, economista jefe para Reino Unido de Pantheon Macroeconomics, estima que la inflación se situará en el 3% en 2017, con un máximo del 3,5% a finales del próximo ejercicio.

Tras estas cifras emerge la figura de la libra. Y de su debilidad. La abrupta caída de la divisa británica, que muestra su cambio más bajo desde 1985 contra el 'billete verde' en torno a los 1,23 dólares, encarece el precio de los productos importados procedentes de los países contra cuyas divisas está sufriendo la libra. Destacan, por supuesto, los costes energéticos. "Mirando al futuro, la subida del precio del petróleo a 52 dólares y el colapso de la libra sugieren que la contribución de la energía a la inflación aumentará en 0,5 puntos porcentuales en los próximos seis meses", precisa Samuel Tombs. "El impacto de una libra débil en los precios llegará a ser más evidente a final de año, impulsando la inflación hacia el 3% a finales de 2017", añaden desde BNP Paribas.

UN DILEMA MAYOR PARA CARNEY

Este escenario enreda todavía más el Brexit. Y complica -también más- la vida a Carney. No sólo ha reconocido ya que su prioridad será evitar un descalabro económico que se cebe con el empleo, sino que ha preparado el camino para rebajar más los tipos de interés. Después de que ya abarató el precio del dinero hasta mínimos históricos a comienzos de noviembre, cuando los redujo del 0,5% al 0,25%, a mediados de septiembre anticipó su intención rebajar aún más los intereses antes de fin de año.

El cumplimiento de estas intenciones elevará la presión bajista sobre la libra, algo que a su vez metería más carbón en la caldera de la inflación británica. Es decir, un entorno que obligaría a Carney a moverse con tiento. Y a jugar con las palancas que tiene activadas, porque no sólo vive de los tipos, sino que el BoE, como otros bancos centrales a lo largo de la crisis, también tiene en marcha un programa de expansión cuantitativa (QE) con el que viene imprimiendo libras mediante la compra de activos en el mercado. Ahora, y tras aumentarlo en agosto, cuenta con un volumen de 435.000 millones de libras -unos 483.300 millones de euros-. En caso de que la inflación amenace con situarse más allá de "algo por encima" del objetivo del 2%, podría ajustar el QE o no prorrogarlo para no alentar la depreciación de la divisa británica.

Este dilema acaparará buena parte de la atención en el próximo cónclave que celebrará el Comité de Política Monetaria del BoE. Tendrá lugar el 3 de noviembre. Ese mismo día, también presentará su informe de inflación. Será, por tanto, una jornada caliente en Reino Unido. Una más desde el 23 de junio.

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