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Juncker, el presidente de la Comisión Europea, cuestionado tras el Brexit

Bolsamanía Bolsamanía 03/07/2016

Jean-Claude Juncker tiene razón cuando dice que no tiene toda la culpa de la actual crisis de la Unión Europea. Nadie le acusa de ser culpable de todo pero sí uno de los responsables de que la situación sea tan compleja. Cada vez son más los que ven en Juncker una lacra para la reforma ineludible de la Unión Europea.

Tal y como informa ABC, La salida del Reino Unido del grupo es un tema abierto de gravedad extrema y crece el frente que cree que fue un error nombrar a Juncker como Presidente de la Comisión Europea y que opina que convendría que se fuera cuanto antes.

© Proporcionado por Bolsamanía

UNA LARGA TRAYECTORIA

No obstante, nadie le quita mérito a este luxemburgués de 62 años con una amplia carrera política. Es un europeo conservador de vieja escuela, un afable político representante de la casta real de políticos y funcionarios del entramado surgido con el proceso de formación de la instituciones europeas. Sabe todo lo que hay que saber y lo que hay que ocultar. Y sabe con quién llevarse bien. Muchos recuerdan sus elogios a Angela Merkel en plena campaña para su nombramiento en la presidencia de la Comisión.

Según sus enemigos es un fumador compulsivo y bebedor desmedido. A todos ha sorprendido alguna vez con gestos excesivos o excéntricos de afecto a sus interlocutores. Y con actitudes tan disipadas que hacían imposible toda conversación específica. Pero todos saben también de su magistral control de las corrientes de opinión, estados de ánimo y juegos de intereses.

Sin embargo, con el Brexit ha quedado claro que los hábitos y actitudes de Juncker han dejado de tener eficacia, exponen desde ABC. Su desprecio hacia quienes cuestionan la trayectoria de la UE lo lleva a una actitud defensiva, incapaz de entender que la actual Europa no es la de Helmut Kohl o su antecesor Jacques Santer. No ha sabido tener empatía con las inquietudes que han llevado a tantos británicos a votar el Brexit como a cada vez más millones de europeos a votar partidos muy críticos o radicalmente hostiles a la UE.

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