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La Brasil olímpica no está para juegos

Bolsamanía Bolsamanía 05/08/2016 Alberto Sanz

Brasil es samba, colorido y caipirinha. Río de Janeiro es Copacabana, el carnaval y el Cristo de Corvocado. Si sumamos a esta receta unos Juegos Olímpicos, tenemos el mayor evento deportivo internacional en el mejor decorado posible. Pero, ¿es esta la alegre y simple realidad que se van a encontrar los visitantes olímpicos en su experiencia carioca?

La respuesta hay que empezar a buscarla en 2009, cuando Río de Janeiro fue elegida como sede de los Juegos Olímpicos 2016, por delante de Chicago, Tokio y Madrid. En ese momento, el país estaba gobernado por Lula da Silva y se mostraba ante el mundo como una de las economías emergentes más importantes y un ejemplo de progreso económico y social en América Latina.

Ese mismo año, el presidente brasileño fue nombrado "personaje del año" por el periódico francés Le Monde y el español El País, y "protagonista de la década" por el británico Financial Times. Un año después, y viviendo los últimos instantes de su mandato, la revista estadounidense Time lo ubicó como la personalidad más influyente del mundo.

Lula dejó la presidencia en 2010 con su popularidad por las nubes, mostrando su apoyo a su prometedora sucesora y compañera del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff. Pero una sombra negra de corrupción comenzaba a acompañar al partido que había liderado al país en su alzamiento económico.

Seis años después, la historia de éxito de Lula y Brasil ya no es la misma. Como asegura el corresponsal en España de la Revista Imprensa, Jairo Máximo, existía un entramado corrupto en la élite brasileña que se fundamentaba en "el robo continuado a la empresa estatal Petrobras, que derivó en las investigaciones de operación Lava Jato (Lava coche) y provocó la desaparición de gran cantidad de dinero de las arcas públicas".

A este caso de corrupción, hay que sumar una mala previsión de los acontecimientos económicos mundiales por parte del Ejecutivo. "En 2008 saltó la crisis económica que asoló Estados Unidos, España, Portugal, Grecia, Italia y otros países occidentales, y el entonces presidente del PT, Lula da Silva, afirmaba que para Brasil la crisis era humo… No afectaría para nada" continúa Máximo "pero no ha sido de esta manera y las turbulencias económicas han pasado factura a nuestro país. Y cuando China dejó de comprar materias primas brasileñas la economía se resintió, y ya era demasiado tarde para reaccionar", apunta el corresponsal de la Revista Impresa.

UN TOBOGÁN ANÍMICO

La corrupción y el frenazo en el crecimiento provocaron un gran resentimiento entre la sociedad brasileña. "Este hecho queda evidenciado cuando en las elecciones de 2014 el Partido de los Trabajadores, con Da Silva y Rousseff a la cabeza, lanzaron un mensaje enfrentando a pobres contra ricos", asegura el corresponsal brasileño.

Tras estos comicios la sociedad brasileña ha quedado más dividida. "Este discurso del PT ha calado hondo en las clases sociales más bajas del país, pero hay que recordar que muchos de los grandes empresarios brasileños que hacían negocio con el Partido Trabajador están en la cárcel, y otros tantos políticos del partido y aliados, quizá, en breve estarán en la cárcel, incluso Lula da Silva y familia" apunta Jairo Máximo.

Otro aspecto que acrecentó la tensión que se vivía en el país fue la designación de Brasil para ser la sede del Mundial de Fútbol 2014, aunque contara con el beneplácito de millones de brasileños por el gran fervor que provoca este deporte entre su población, como apunta el periodista brasileño este evento "contribuyó al agravamiento de la crisis social y económica, ya que millones de reales fueron malgastados para construir diversos estadios de fútbol, que hoy en día están abandonados o son utilizados para celebrar bodas evangélicas, como es el caso específico del estadio Mané Garrincha, en Brasilia", aclara Máximo.

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¿ESTÁ PREPARADO BRASIL PARA CELEBRAR UNOS JJOO?

Las organizaciones sociales han advertido de que Brasil y, específicamente, Río de Janeiro, no están en la mejor situación social y económica para un evento internacional de la magnitud de los Juegos Olímpicos. Y más aún desde el punto de vista político, la presidenta electa democráticamente, Dilma Roussef, está suspendida en sus funciones como jefa de Estado y de Gobierno por supuesta violación de la ley de presupuesto.

Además de la inestabilidad política, el presidente interino Michel Temer ha heredado una economía que descendió un 3,8% en 2015, que representa la caída anual más grande desde 1990. Según las previsiones del FMI, volverá a registrar la misma caída en 2016 y una contracción de 0,1% para 2017, lo que supone para el país la mayor recesión desde la década de 1930.

Otro aspecto que hace dudar es la seguridad del país. Según señala Jairo Máximo, el país vive "violencia endémica" que queda reflejada que "en los últimos 6 meses, cada tres días un Policía Militar es asesinado en Río de Janeiro, sumando atracos y otras muertes violentas, que harían saltar la alarma de cualquier país serio" alerta el periodista.

¿PUEDE MEJORAR ESTE EVENTO A LA ECONOMÍA DEL PAÍS?

En el informe que los economistas de Goldman Sachs han publicado en torno a los Juegos Olímpicos de Río 2016, se analiza además los efectos económicos que tanto los Juegos de Río como el Mundial de Fútbol han generado en una economía como la brasileña que ha sufrido una fuerte desaceleración.

Los alrededor de 10.000 millones de dólares gastados en infraestructuras y logística constituyen una suma demasiado insignificante para generar un impacto en un la primera potencia económica de la región, en especial cuando el gasto total en inversión se ha contraído de forma interrumpida desde 2014, recogen los analistas del grupo de banca de inversión

"En líneas generales, estimamos que la inversión relacionada con el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas fue demasiado pequeña para generar un dividendo o un impulso económico significativo dadas las dimensiones de la economía", apunta el informe de Goldman.

"Debido a una serie de grandes desequilibrios macroeconómicos que han crecido y penetrado en la economía y la fuerte caída de los indicadores de confianza, el gasto total de la inversión se ha contraído de forma ininterrumpida durante dos años y medio. La inversión fija bruta ha disminuido en diez trimestres consecutivos. En general, la inversión fija bruta ha descendido un 27% acumulado entre el cuarto trimestre de 2013 y el primer trimestre de 2016, y ahora está en el mismo nivel que el segundo trimestre de 2009”. aseguran desde Goldman.

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