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La emprendedora que regaló la mitad de la sociedad a una ex-empleada

Emprendedores Emprendedores 06/07/2016 Ana Delgado

La emprendedora que regaló la mitad de la sociedad a una ex-empleada © Copyright © 2016 Hearst Magazines, S.L. La emprendedora que regaló la mitad de la sociedad a una ex-empleada

Está ahora inmersa en el lanzamiento de su nuevo proyecto, Otoocar una aplicación de car sharing que facilita el transporte entre usuarios para asistir a eventos con gran movilización de personas, tipo festivales de música, partidos de fútbol o desplazamientos en barco compartidos. En realidad hay versiones para casi todo: Otoo solo chicas, Otoo rural, Otoo business, Otoo aeropuertos…Como empresa aparte, se establece Otoo fotomatón. Muchos de estos escenarios los aprovecha Irene García Mega para instalar un punto de venta donde puedes pegarte un cristal de Svarovsky en los dientes para iluminar la sonrisa, o ponerte una ristra en el pelo. Es ésta una de las vías para dar a conocer un segundo negocio, Diamond Dent, una firma francesa cuya franquicia asumió hace pocos meses en exclusividad para España y Portugal. “Conocí a la dueña de la compañía por casualidad, en una feria de Oporto, y me pareció una buena idea para introducirla en mi negocio. Le cambié el nombre porque la otra se llamaba joya dental de no sé qué, pero ya le dije que con eso no se vendía”.

Irene García habla así, con absoluta naturalidad de todo lo relacionado con los negocios y su vida. Coincidimos con ella en la última edición de Expofranquicia, donde acudió tras decidirse por esta fórmula para expandir su otro negocio, Centro Internacional del Láser , empresa que montó hace 5 años y que cuenta ya con 25 centros propios repartidos por toda la geografía nacional. Le acompaña la socia, Marisa Elisabeth Martínez, antigua empleada suya de origen uruguayo. “Ella fue la única persona que se mantuvo a mi lado cuando las cosas iban mal y la única que se ofreció para ayudarme en el comienzo.

-Yo le dije: pero Mari, si no tengo para pagarte.

Y ella contestó: Mira, Irene, no importa, yo te voy a ayudar en todo lo que pueda.

-Y lo hizo así que, cuando las cosas mejoraron, decidí que si había estado para lo malo, lo justo era que también estuviese para lo bueno y le di el 50% de la participación de la empresa”.

Decir que, por aquel entonces, Marisa Martínez trabaja como interna en una casa, pese a estar licenciada en Ciencias Económicas y que, desde entonces, dicen mantener una amistad inquebrantable, al margen de hijos, parejas y negocios.

“Traumas variados”

Irene no teme volver a la caseta de salida “porque, cuando no has tenido nada, sólo tienes que ganar”. Procede de una familia humilde “donde el mayor apoyo era saber que mis padres podían llegar de nuevo a fin de mes y teniendo que trabajar de lunes a lunes para poder pagar los estudios.” -Empresariales y varios máster- “Menos mal que siempre he tenido mucha capacidad de retención”, dice.

Pero no es a sus orígenes a lo que se refiere Irene García al hablar de “cuando las cosas iban mal”, sino a un momento de su vida, hace 6 años, en el que la abandona su pareja dejándola con dos hijos, el mayor enfermo tras sufrir un ictus; cuando el socio con el que había montado su primera clínica dental y de fisioterapia – aquí ejercía Marisa de secretaria- la deja “y se lleva todo el dinero. Yo me arruino. Vendí de urgencia el coche y empecé a alquilar máquinas de láser de diodo”. Y en esta barahúnda que Irene define “de traumas variados”, empieza a nacer la cadena Centro Internacional de Láser.

Actualmente, Irene, de 33 años, está casada, prácticamente recuperada de una afección mamaria que le sobrevino después y “trabajando más horas que un reloj”. Pese a los graves contratiempos, declara haber “tenido suerte en muchas cosas” y se siente más que autorizada para advertirnos a todos de que “aquel que no pueda resistir a lo malo, no vivirá para lo bueno”.

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