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Las nuevas Rutas de la Seda: ¿paradigma del comercio mundial o 'cuento chino'?

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 20/05/2017 Jennifer Correas

El pasado fin de semana tuvo lugar el Foro de Cooperación de las Rutas de la Seda, que reunió a 28 jefes de Estado y Gobierno en Pekín, una reunión donde se debatió la iniciativa china de resucitar las infraestructuras de comunicación que unen Asia, Europa y África en favor de una economía abierta y bajo una inversión global de 900.000 millones de euros. Mariano Rajoy, presente en el encuentro, se ofreció como “enlace” para mejorar estas conexiones, que podrían tener consecuencias directas para España.

La Ruta de la Seda alude a una compleja red de vías comerciales a partir del negocio de la seda china que se extendían por todo el continente asiático, conectando China con India, Siria, Turquía, África o Europa desde el siglo I a.C y que ahora el presidente Xi Jinping pretende recuperar. La idea es mejorar estas infraestructuras existentes o construir otras nuevas a lo largo de este canal comercial que involucrarían a más de 60 países.

Bajo el megaproyecto, denominado frecuentemente por sus siglas en Inglés OBOR, es decir, ‘One Belt, One Road' (Un Cinturón, Un Camino), China pretende reforzar sus ambiciones mundiales de liderazgo y promover la globalización y la cultura, mientras el presidente estadounidense Donald Trump abandera el ‘America First' y cuestiona los acuerdos mundiales de libre comercio existentes.

No obstante, los expertos son claros y aseguran que, aunque China tiene intereses de distinto tipo con este megaproyecto, las nuevas Rutas de la Seda no pueden considerarse un golpe encima de la mesa al proteccionismo reciente de Estados Unidos. “Es un proyecto bastante anterior a la llegada de Donald Trump, se lanza en la segunda mitad de 2013”, defiende Mario Esteban, del Real Instituto El Cano. De hecho, “se puede decir que este proyecto se lanzó como alternativa al TPP y al TTIP, a través de la creación de una gran zona euroasiática que compitiera con la del Pacífico y la del Atlántico y en las que EEUU era el claro protagonista”, añade, además, Gloria Claudio, profesora de la UFV y Directora del Centro Hispano Chino Matteo Ricci.

INTERESES ECONÓMICOS Y GEOPOLÍTICOS

Es evidente, entonces, que detrás de esta red de infraestructuras comerciales en forma de ferrocarriles, puertos, oleoductos, gasoductos o centrales eléctricas como instrumento para lanzar una estrategia de internacionalización, también existen unos intereses económicos y geopolíticos importantes.

Por la parte económica, Mario Esteban destaca que la nueva Ruta de la Seda será una forma de dar salida a la sobrecapacidad china, por ejemplo, en la construcción o en materiales como el acero, el cemento o el vidrio. Además, con ello, Xi Jinping persigue que la desigualdad existente en el país dé un paso hacia adelante con la mejora de las infraestructuras que instalen capacidad logística a las zonas más pobres.

Asimismo, la visión geoestratégica que subyace bajo OBOR tiene que ver con el papel de China en el mundo y “presentar el ascenso de China como una oportunidad para otros países y no como una amenaza”, explica Esteban.

Para financiar el proyecto, China ha creado el Fondo de la Franja y la Ruta, donde Xi Jinping propone invertir más de 100.000 millones de euros. De ello, 13.300 millones irán al fondo actual para el desarrollo de la Ruta de la Seda; se prestarán 50.400 millones; se darán 8.000 millones en ayudas a países en desarrollo y organismos de las naciones de la ruta; y se prevé que el sector financiero mueva otros 40.000 millones para la expansión de firmas en el extranjero. Así, en el plazo de cinco años, se prevé que los participantes de la iniciativa importen 1,8 billones de euros a China, según cálculos del ministro de Comercio, Zhong Shan.

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Ruta de la Seda ferroviaria. Fuente: Real Instituto el Cano

PRINCIPALES DESAFÍOS

Sin embargo, no es todo oro lo que reluce. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, y el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, han coincido en advertir de las dificultades de las nuevas Rutas de la Seda. Ambos han remarcado los desafíos del proyecto global, a pesar de apoyar al presidente chino en su iniciativa.

“Estamos hablando de grandes proyectos, que implican financiación. Esto es algo realmente importante porque los países que están en vías de desarrollo incurrirán en préstamos, que no donaciones, y el proyecto luego generará o no un rendimiento económico importante, que dará lugar a la prosperidad y al avance o, en el caso contrario, al endeudamiento”, aclara Mario Esteban.

ESPAÑA, ¿BENEFICIADA?

Lo cierto es que España ya se ha ofrecido como “enlace” para mejorar estas conexiones comerciales entre países porque gracias a su ubicación geoestratégica, puede ser un puente hacia América Latina, lugar donde China o India guardan intereses. Entre las ventajas, los expertos apuntan a que la iniciativa OBOR se presenta como una oportunidad para las compañías españolas con gran experiencia en infraestructuras. Asimismo, de incentivarse el comercio global, los países que antes no lo hacían comenzarán a demandar más productos españoles. “Ahora bien, si estos países en lugar de generar riqueza, gestan pobreza e inestabilidad política esto también repercutirá de alguna forma”, apuntan desde el Real Insituto El Cano.

Del mismo modo, Gloria Claudio, añade que “no será fácil” competir con las empresas constructoras chinas muy competitivas y con empresas de todo el mundo, “ya que España tiene una escasa experiencia y presencia en el mercado asiático”. ¿Se consagrarán Barcelona, Valencia o Madrid como importantes nexos de unión de estas rutas comerciales?

La gran potencia que se presta a tomar el liderazgo del comercio mundial verá en la próxima década si su megaproyecto llega a ‘buen puerto' o si, por el contrario, no es más que un ‘cuento chino'. Y es que conviene recordar que el gigante asiático no ha sido históricamente paradigma del libre mercado y tampoco de la sana competencia.

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