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Los inversores españoles son los más expuestos al cambio de ciclo de la renta fija

Bolsamanía Bolsamanía 17/11/2016 Óscar Giménez

El océano de deuda, soberana y corporativa, amenaza con ahogar la rentabilidades de las carteras más expuestas al activo. Desde los balances de los bancos hasta los ahorros de los inversores particulares. El retorno de la inflación, ya imparable, condena a un cambio de ciclo en la renta fija. Y las carteras españolas son las más expuestas.

Las expectativas de inflación se han disparado con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos hasta máximos de 12 años, según la encuesta de gestores de Bank of America Merrill Lynch. El 85% de los gestores apuesta por un repunte, frente al 70% de octubre. Es el dato más alto desde 2004. Unas previsiones que hacen tambalearse al mundo de la renta fija, después de que los bancos centrales hayan “gestado la mayor burbuja de bonos soberanos de la historia”, según Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, que advirtió en octubre de los riesgos en un informe titulado 'Apocalipsis Now?', con referencia a la famosa película de Francis Ford Coppola.

También el mes pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló en el monitor fiscal que el volumen de deuda a nivel global es el más elevado de la historia: 152 billones de dólares -unos 142 billones de euros-, en torno al 225% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. El organismo dirigido por Christine Lagarde pedía “usarla sabiamente”. Por su parte, De la Torre cree que los bancos centrales sabrán manejar este escenario para que la tormenta sea suave. Sin embargo, “los riesgos de cola han aumentado, pudiendo provocar un histerismo colectivo de consecuencias incalculables”.

Estos presagios 'apocalípticos' se centran en la posibilidad de que el retorno de la inflación sea brusco y los bancos centrales se van obligados a normalizar los tipos con rapidez. Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal (Fed), lleva mucho tiempo asegurando que las subidas del precio del dinero serán “graduales”. El riesgo es que todo se precipite, a partir de caídas de las valoraciones y olas de ventas en el mercado de deuda, con la consiguiente caída del precio y subida de la rentabilidad, por la relación inversa entre ambas variables en estos instrumentos.

Los bonos vigentes, emitidos en un entorno de tipos al 0% y sin necesidad de grandes rendimientos para tener rentabilidades reales (nominal menos la inflación) positivas se convertirán en un activo que pocos van a querer tener con inflación, algo que se agravará si los bancos centrales se ven obligados a encarecer el precio del dinero. “Dejará de haber demanda pero habrá mucha oferta, de inversores y ahorradores que querrán deshacerse de estos activos en un mercado que, pese a las actuaciones de los bancos centrales, es ilíquido”, asegura Ignacio de la Torre, que como ejemplo pone encima de la mesa el bono alemán: “Se da la paradoja de que es un activo libre de riesgo, pero es el más arriesgado del mundo. El inversor medio no entiende que puedas tener riesgo de pérdidas con un bono”, agrega en su informe.

En el escenario más pesimista, las pérdidas en los bonos tendrán un impacto en el resto de activos: renta variable, inmobiliario, etc. De hecho, la correlación entre todos los activos “ha crecido desde 2012 y ha hecho más difícil diversificar las carteras”, advierte el estudio de la 'Evolución de las carteras españolas en 2016 y estrategias para 2017' que realiza el departamento internacional de análisis y carteras de Natixis Global Asset Management. En el escenario más optimista, el efecto dominó será limitado, pero las pérdidas en renta fija aflorarán igualmente entre los inversores.

VELOCIDAD DE LA NORMALIZACIÓN

“El riesgo dependerá de la velocidad de la subida de tipos de los bonos. Si el ritmo es lento no habrá un gran efecto, pero si hay subidas fuertes aflorarán importantes pérdidas”, señala Juan José González de Paz, consultor senior del departamento internacional de análisis y consultoría de carteras de Natixis Global AM. El daño, por lo tanto, dependerá de la velocidad con que los inversores quieran desprenderse de sus títulos de deuda. Que se acelerará si continúan elevándose las expectativas de inflación y, sobre todo, si se materializan.

La paradoja es que ya hace un año analistas y bancos de inversión advertían del escaso potencial de rentabilidad y el incremento de los riesgos asociados a la renta fija, recuerda González de Paz. Y, sin embargo, la evolución de las carteras muestra un incremento en estas posiciones, motivada en parte por la volatilidad y la incertidumbre en torno a la renta variable.

El estudio de Natixis Global AM analiza 100 carteras modelo perfiladas gestionadas por las 21 gestoras más importantes de España en volumen de activos, con lo que representan en torno al 80% de la industria. La cartera promedio más agresiva tiene en España una exposición del 70% a la renta variable y un 23% a distintos instrumentos de deuda. El resto está en activos alternativos, convertibles o monetarios. Los porcentajes cambian hasta el 42% en renta fija y el 37% en acciones en la cartera media moderada, y por último en la conservadora se incrementa la cuota de la renta fija hasta el 81%, frente al 16% en renta variable.

En general, “si comparamos la evolución de las carteras en las dos últimas ediciones, se observan cambios importantes en las carteras conservadoras, que suponen dos tercios del total analizado en España”, señala Juan José González de Paz. Además, añade que hay preferencia actualmente por la selección de empresas frente a la gestión pasiva.

El informe también compara la cartera moderada media con la que se registra en algunos de los principales mercados europeos: Reino Unido, Francia e Italia (ver cuadro). La española tiene un 41,3% en renta fija, frente al 33,5% de la italiana, el 20,9% de la francesa y el 16,7% de la británica. Por lo tanto, las carteras españolas son las más expuestas al cambio de ciclo esperado de la deuda.

No obstante, el consultor de Natixis Global AM señala que los gestores españoles tienen un sesgo mayor que sus homólogos europeos hacia bonos de menor duración. Y en este caso, esto podría ser una ventaja, ya que ante un repentino incremento de la rentabilidad, los bonos con vencimiento más temprano permiten tomar posiciones en títulos emitidos más atractivos. De cualquier manera, será todo un desafío para los inversores institucionales... y un riesgo para los particulares.

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