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Los otros «papeles de Panamá» del siglo XVI

ABC ABC 11/04/2016 Jesús García Calero

Carta del presidente de la Audiencia en 1610, Francisco Valverde d.el Mercado © ABC Carta del presidente de la Audiencia en 1610, Francisco Valverde d.el Mercado

Mientras un consorcio internacional de periodistas pesca nombres, noticias y escándalos financieros en el mar de documentos filtrados de la firma panameña Mossack Fonseca -los llamados «papeles de Panamá»-, un equipo internacional de científicos está haciendo historia en Sevilla. Curiosamente su investigación, dirigida por Bethany Aram, está sacando a la luz pistas sobre el comercio ilícito y el fraude a Hacienda que ocurrieron en el istmo desde el origen de la primera globalización, hace cinco siglos.

Por Panamá transitaban la mayor parte de las mercancías del imperio y la práctica totalidad de los metales preciosos. Dsde el principio hay quejas: «...cueva de ladrones y sepultura de pelegrinos, porque certifico a V. Mg. que es grima ver las estorciones e ynjusticias que allí se hazen y los que las [h]avian de remediar son los principales...», según le dice a Carlos I en 1535 el obispo tomás de Berlanga desde Nombre de Dios. Pero no podemos caer en ningún esencialismo.

Lo que revelan los documentos no es una tendencia especial a la corrupción, sino algunas de las características inherentes a la globalización. Un intercambio difícil de controlar, máxime cuando las distancias eran como eran en el la Edad Moderna.

El equipo de investigadores rastrea documentos en un océano de papeles mucho más extenso y profundo que el de la filtración de Mossack Fonseca. Han comenzado en el Archivo General de Indias pero continuarán por el Archivo de Guatemala y otros centros documentales americanos. Llevan apenas unos meses y ya están encontrado datos suficientes para demostrar cómo la primera globalización sufrió en los siglos XVI y XVII -también en el XVIII- muchos de los defectos y delitos que hoy incomodan en la economía global. Sobre todo se agrava todo en el XVII, porque fue escenario de una crisis global.

Dos proyectos dirigidos por Bethany Aram

Existen dos proyectos, dirigidos por la historiadora Bethany Aram: «An ARTery of EMPIRE. Conquest, Commerce, Crisis, Culture and the Panamanian Junction (1513-1671)», financiado con fondos europeos, y «Comercio, Conflicto y Cultura en el Istmo de Panamá», con fondos del Ministerio de Economía y Competitividad. Ambos estudian nuevos aspectos de la primera globalización.

Panamá es el cordón umbilical del comercio mundial desde que España fijó las primeras rutas en los siglos de la navegación. De hecho Colón visita el istmo en uno de sus viajes. Laprimera ciudad fundada en estas costas de América fue Nombre de Dios, en 1510 y ya tenía el diseño que se repite en todas las fundaciones coloniales españolas. Atacada por Drake en 1572, pronto fue relevada por la bien fortificada Portobelo, capital atlántica del comercio, unida a Panamá, en la costa pacífica por un camino real.

Plano de Portobelo y su bahía. © ABC Plano de Portobelo y su bahía.

En Portobelo se celebraban las ferias y se intercambiaban las riquezas de Perú y los productos de la metrópoli en un movimiento de flotas, comerciantes y productos difícil de imaginar. Empezó siendo un encuentro anual, pero a lo largo del XVII, a medida que los ataques y otros factores inciden en la salida de las flotas se distancian hasta convertirse en quinquenales a finales del siglo. Un 10% de los comerciantes eran locales, según Alfredo Castillero, el gran historiador panameño y autor de la Historia General de Panamá (2004), pero el resto venían a la feria desde Perú y otros lugares. Era un mercado global, en el que resultaba casi imposible controlar todo.

Por supuesto, en otros puertos importantes para el comercio, como Veracruz, Lima, Buenos Aires, La Habana o incluso Cádiz, había también muchos intentos de burlar al fisco, pero ciertamente el istmo, por su posición y por las ferias, fue uno de los mayores mercados del imperio español. Por ello Portobelo fue también una de las urbes que más ataques recibió: 1601 por William Parker, 1668 por Henry Morgan, 1680 por Springer y en el XVIII las Armadas de Hosier, Kinghills y Vernon. Por cierto Drake moría en 1596 frente a sus costas.

Burlando impuestos

Bethany Aram relata a ABC la esencia de los datos que su equipo está extrayendo de los archivos. Con ese volumen de comercio eran frecuentes los intentos de burlar la ley fiscal. «Con la crisis del siglo XVII aumenta el comercio ilícito», señala la investigadora.

Muchas veces, tanto a la ida como a la vuelta de la Carrera de Indias, los barcos iban sobrecargados con mercancías que no aparecían en los registros. En ocasiones no podían ni maniobrar. Los funcionarios eran burlados por los maestres de los buques y está registrado que, en ocasiones volvían a cargar, en cuanto se iban, el exceso de productos que habían tenido que desembarcar. Se llegaba a cargar contrabando de mercancías o esclavos en el mar, nada más salir del puerto.

A pesar de que los castigos eran severos sobre el papel, no era infrecuente que se hiciera la vista gorda. Muchos funcionarios se enriquecieron aceptando sobornos para acelerar los trámites o mirar hacia otro lado. La ausencia de flotas convertía además el necesidad la demanda de bienes de la metrópoli. En algunos lugares se quejaban de no tener ni trigo para la eucaristía, comenta Aram. Todo ello sembraba el terreno para la entrada de productos fuera de la red oficial.

Los impuestos

Los impuestos principales eran el de almojarifazgo (7,5%, gravaba los bienes de comercio), el quinto real (1/5 de todo lo que procede de conquista) y el impuesto de avería (que sufragaba la escolta de las flotas). Para desincentivar el contrabando, además, se confiscaba la mercancía no registrada (o el precio de los esclavos fuera de asiento) y un tercio se entregaba al delator, si lo había, y el resto para la Hacienda.

Pero había muchas otras formas de torcer los límites impuestos. Si hay algo que las potencias extranjeras siempre desearon fue romper el monopolio español de comercio con las Indias. Y en la medida que los extranjeros recibían permisos para asentarse en la España americana, las vulneraciones se multiplicaban. Normalmente esos permisos tenían que ver con el comercio (asiento) de esclavos, prohibido para los comerciantes españoles, y, más tarde, con el de perlas. Muy pronto se denuncian abusos. «Más que una crisis general de la economía, lo que se produjo en el s. XVII fue una crisis en la capacidad de España de poder extraer beneficios económicos de sus colonias», explica Bethany Aram.

Bahía de Portobelo © ABC Bahía de Portobelo

Extranjeros y lujos orientales

Los extranjeros pasaban como artilleros, marineros y otros oficios. Pero luego podían aliarse con la población local (sobre todo la alejada de las ciudades) o con los cimarrones (esclavos fugados, un problema que fue decayendo en el siglo XVII) para generar redes fuera del control. Así lo relata el oidor de la Audiencia de Panamá, Alonso Criado de Castilla, en 1575: «se transportan la tierra adentro y vienen a adquirir mucha hacienda [...] a ser corsarios e como enemigos domésticos mucho más dañosos». En 1607 se registra un 10% de población extranjera en Panamá, 495 vecinos españoles y 53 foráneos. A su servicio, 3.721 esclavos y más de 300 negros libres.

Una de las primeras aportaciones de esta investigación está en el cruce de datos contables y arqueológicos. Bethaby Aram comenta a ABC que en la zona del Pacífico se registra más comercio ilícito que en el Atlántico. La existencia de cerámica china no registrada, así como la seda y especias lujosas que se refleja en toda la costa desde Perú a Nueva España, nos habla de una creciente demanda que satisfacían los comerciantes, no solo extranjeros, bajo cuerda.

El mercado bascula hacia el Pacífico y el presidente de la Audiencia panameña de 1610, Francisco Valverde de Mercado se preocupa: «Se van llevando la nata de lo que en estos reynos occidentales se saca, empobreciendo a los vasallos de V. Magd. españoles».

La falta de puntualidad de las flotas, que llegó a producirse cada cinco años a fines del s. XVII, permite el aumento del mercado negro y la consiguiente caída de precios de los productos que de ese modo todo el mundo tenía. A veces a los comerciantes de Perú no les valía la pena acudir a la feria de Portobelo si al embarcar su mercancía ya no podía generar beneficios por ese problema.

Carta del obispo Tomás de Berlanga, en febrero de 1535 © ABC Carta del obispo Tomás de Berlanga, en febrero de 1535

John Locke

Como ahora, el creciente papel de intermediarios diluía el perjuicio de algunas inversiones. Se da el caso de que John Locke, padre del liberalismo y los derechos humanos, invirtió sin saberlo en el asiento de esclavos parte de su fortuna. Así eran y son todavía los peligros de la globalización. Estudiar su origen puede permitir comprender mejor cómo resolver esos problemas.

«Que los que tienen algo quedan pobres»

Uno de los documentos que maneja Bethany Aram en su investigación es una carta del obispo de Panamá, Tomás de Berlanga, escrita a Carlos V el 22 de febrero de 1535, en la que se refiere a los abusos en la ciudad de Nombre de Dios, «cueva de ladrones y sepultura de pelegrinos, porque certifico a V. Mt. que es grima ver las estorciones e ynjusticias que allí se hazen y los que las [h]avian de remediar son los principales, porque ellos tienen las recuas y no las quieren dar hasta que los dueños de las haziendas [los productos] las venden y como no ay quien las traiga sino los que tienen recuas ponen las dichas haziendas en tan bajos precios en el Nombre de Dios que las que los trahen quedan perdidos y después de traidas a este pueblo de Panamá ponen las en tan altos precios que los que tienen algo quedan pobres y los pobres mueren de hambre».

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