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Lujo para los difuntos

La Vanguardia La Vanguardia 18/05/2016 Isidre Ambrós
Lujo efímero. Una tienda de Honk Kong vende réplicas de artículos de lujo (Gucci, BMW...) para ser quemadas en honor de los antepasados (Kin Cheung / AP) © La Vanguardia Lujo efímero. Una tienda de Honk Kong vende réplicas de artículos de lujo (Gucci, BMW...) para ser quemadas en honor de los antepasados (Kin Cheung / AP)

Descubrir el barrio de Sheung Wan de Hong Kong es zambullirse en un inesperado mundo de cartón y papel con todo tipo de productos para una clientela muy especial. A esta clase de tiendas, que se hallan en cualquier metrópolis, ciudad o pueblo de China, acuden los familiares de los difuntos en busca de aquellos objetos que consideran que necesitará su pariente fallecido para disfrutar en el más allá. Antes, los parientes sólo acudían en busca de algún detalle, como falsos paquetes de cigarrillos o fajos de dinero de mentirijillas, que luego quemaban en su honor. Ahora, sin embargo, la cosa cada vez va a más y los clientes ya piden Lamborghinis, mansiones con piscina en miniatura o los complementos de las grandes marcas. Una demanda nueva que sugiere que los objetos de lujo han pasado a ser considerados ya imprescindibles para los antepasados en su otra vida.

La firma de diseño y de complementos de lujo italiana Gucci se ha visto atrapada últimamente en esta evolución de las réplicas de productos de gama alta que las familias, generalmente de ingresos modestos, adquieren para sus difuntos y luego queman.

Se trata de una de las costumbres más arraigadas en la sociedad china y que se remonta a más de mil años. Se celebra por la festividad de Qingming o día de limpieza de las tumbas (el día de Todos los Santos), que tiene lugar a principios de abril. Es el momento en que las familias visitan los sepulcros de sus antepasados, los limpian y queman sus donaciones. No obstante, el consumismo ha ampliado este periodo y ahora prácticamente todo el año se pueden adquirir este tipo de artículos y la gente aprovecha esta laxitud para honrar a sus difuntos antes o después de la fecha señalada.

Son días en los que al anochecer es fácil tropezar por la calle –especialmente en los barrios– con grupos de dos o tres personas que hacen una ofrenda a sus seres queridos. Los más modestos queman dinero, un falso reloj de oro, un iPhone, o un supuesto llavero con la llave de contacto de un Audi. “Para muchos, si querían un coche nuevo, es la única manera de conseguirlo”, comenta Wang, un vendedor de este tipo de productos de papel. Los más ostentosos, en cambio, optan por quemar una maqueta de un descapotable, de una lavadora o de una mansión. Se trata de que al difunto no le falte nada en el más allá y disfrute de todo lo que no pudo tener en su vida terrenal. Un supuesto placer que la presión del consumismo ha disparado hasta cotas insospechadas, como quemar un yate.

Es en esta dinámica que la firma italiana Gucci descubrió que sus bolsos y zapatos eran reproducidos en papel con su emblema y vendidos a unos 30 euros, para luego ser quemados.

La marca de Florencia envió una carta a seis tiendas de Hong Kong para que dejaran de vender estos productos, por considerar que infringían los derechos de su marca registrada. A los pocos días, sin embargo, cambió de parecer, se disculpó y subrayó que no era su intención interponerse en las tradiciones funerarias de la sociedad china. Y, acto seguido, precisó que no adoptaría ninguna acción legal, ni pediría compensación alguna.

La firma del grupo Kering adoptó esta iniciativa tras interpretar que los comerciantes no tenían intención de burlar la ley. Una idea ratificada por el dueño de una tienda de Sheung Wan, que no vaciló en afirmar que “estos productos se venden sólo para los muertos, no son para los vivos”.

A Guccio Gucci, el fundador de esta empresa en 1921, seguro que se le pasó por la cabeza que algún día sus productos llegarían a China, cuando este país abriera sus fronteras a los productos de lujo. Es un sueño que todo empresario acaricia alguna vez. Lo que nunca pudo imaginar es que sus bolsos y sus zapatos fueran tan populares que se convertirían en un objeto imprescindible para los que han abandonado este mundo y se han instalado en el más allá.

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