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Manos a los bolsillos: cuidado con los bonos estructurados

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 25/09/2016 Marta Gracia

Cuidado con los bonos estructurados. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) advierte del riesgo y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) los califica como un producto complejo. Pero, ¿qué riesgos tienen? Lo primero que hay que saber es que es un producto financiero de inversión con un plazo fijado de antemano, que permite al inversor la posibilidad de conseguir una rentabilidad vinculada a la evolución de un determinado activo.

Con la etiqueta de estructurados se identifica a un activo que combina dos o más productos financieros en una sola estructura. Las entidades lo ofrecen con una duración limitada, que permite al inversor la posibilidad de conseguir una rentabilidad fija (ligada a un bono o depósito) y otra variable vinculada a la evolución de uno o varios activos (acciones, índices, divisas, fondos de inversión, etc.).

Lo más común es que se trate de un producto de renta fija (normalmente un bono) más uno o más derivados sobre una acción, sector o índice. Este caso, el resultado de unir un bono con otros activos, es lo que se conoce como bono estructurado. “Si en lugar del bono la mezcla se hiciera entre depósitos y otros activos, hablaríamos de depósitos estructurados”, señala Mar Barrero, analista y miembro del Comité de Inversión de Profim, Asesores Financieros Independientes.

Además, hay que tener en cuenta otra diferencia entre estos dos productos estructurados. “En muchas ocasiones se puede confundir, pero los bonos no tienen la protección de Fondo de Garantía. Es decir si la entidad quiebra, el inversor asume el riesgo y pierde el dinero”, explica el Pau Montserrat, analista financiero de iAhorro.com. Esto afecta a su riesgo, “Se puede perder el capital invertido si el emisor o garante quiebra o tiene otro tipo de problemas económicos”, confirma Barrero.

¿POR QUÉ SON PELIGROSOS?

Cuando un cliente contrata un bono estructurado “le da un préstamo al banco y éste se compromete a devolver el capital al vencimiento, pero con condiciones”, señala Montserrat. La rentabilidad ofrecida depende de la entidad, pero suele ser del 2 ó el 3%, tal y como explica el analista financiero de iAhorro, aunque puntualiza que el cliente se expone a obtener en realidad el 0,1 ó el 0,2%.

© Proporcionado por Bolsamanía

La clave reside en que son un producto híbrido, en el que se puede saber qué aportará una parte -la segura- pero no la otra -la vinculada a un subyacente-. Sobre todo, si ese subyacente son títulos de renta variable. Pau Montserrat explica que las acciones de la “cesta” de las que depende la rentabilidad no suelen comportarse de la misma manera.

“Si hay tres acciones, éstas suben y bajan en diferentes momentos y no de la misma manera. El bono suele tener la condición de que para obtener la rentabilidad tienen que subir a la vez”, apunta el analista financiero. Algunos de los bonos estructurados que ofrecen los bancos y entidades están vinculados a los índices como el Ibex y dan la rentabilidad según su comportamiento.

Barrero también lo explica: el rendimiento final no sólo depende de la evolución del bono sino también del resto de activos a los que se referencia. La analista matiza que “salvo que la emisión realizada por la entidad cuente con una garantía de devolución del principal invertido al vencimiento del producto, el ahorrador se expone a perder parte o todo lo invertido”.

Pau Montserrat lo avisa: “Cuando un usuario invierte en los bonos estructurados debe tener en cuenta que puede perder dinero”. El analista financiero de iAhorro asegura que los bancos suelen ofrecer estos productos a personas que no tienen una gran cultura financiera, más específicamente en bolsa. “A los clientes que tienen idea de bolsa no les interesa este producto, sino que invierten directamente en ella”, añade Pau Montserrat.

Desde Profim no recomiendan estos productos a sus clientes, ya que por la normativa Mifid (Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros) tienen la consideración de productos complejos. “En caso de que un cliente quiera suscribirlos, la normativa les obliga a firmar un escrito en el que declaran conocer todos los riesgos y estar dispuestos a sumirlos por cuenta propia”, precisa Mar Barrero.

La configuración de los bonos estructurados es de difícil compresión para la gran mayoría de los inversores. “El rendimiento final depende de diversas variables no siempre bien documentadas por el que comercializa”, señala Barrero.

VARIEDAD DE RIESGOS

Hay que tener en cuenta que los bonos estructurados tienen cuatros riesgos notables. El primero de ellos es el riesgo emisor, es decir, que en caso de quiebra se puede perder todo lo invertido. El segundo de estos riesgos es el de tipos de interés, si los tipos de interés suben, el precio del bono caerá. El tercer riesgo es el de duración: cuanto mayor sea el plazo al que se emite mayor volatilidad entraña la inversión. Por último, el riesgo de liquidez, ya que por lo general no es posible deshacer la inversión antes de la fecha de vencimiento fijada por la entidad.

A esos riesgos hay que sumar los propios de los activos a los que va ligada la rentabilidad del bono y los riesgos que van asociados a los derivados que se hayan utilizado para referenciarse a esos activos. Y el último dato revelador: en un momento en el que los tipos oficiales están en el 0%, en el que el rendimiento de las leras a 2 meses está en negativo y en el que los depósitos a un año rinden menos del 0,5%, que los bonos estructurados ofrezcan un 2% o un 3%, ya evidencia que tienen un riesgo mayor.

“El bono estructurado sólo es una inversión apta para quienes están dispuestos a asumir riesgos elevados, tengan un alto conocimiento financiero y sean capaces de entender todas las variables que afectan a la evolución de su rendimiento final que podría, además, no ser positivo”, concluye la analista de Profim.

A su juicio, los bonos estructurados deberían considerarse “únicamente como un elemento diversificador de una cartera de inversiones en la que se incluyan productos más conservadores y líquidos”.

¿POR QUÉ LO OFRECEN LOS BANCOS?

“Los bancos intentan captar al inversor conservador que busca poco de riesgo”, asegura el analista de iAhorro.com. Los bancos están ofreciendo, de nuevo, productos estructurados (depósitos o bonos) por la situación actual de tipos de interés y de los mercados.

Precisamente, por el bajo rendimiento actual de los depósitos, los bancos están volviendo a la carga con estos productos con el reclamo de que son seguros y son más rentables. Pero ninguna de estas dos características está garantizada.

DIFERENTES TIPOS DE BONOS ESTRUCTURADOS

Hay diferentes tipos de bonos estructurados. Los más comunes se pueden englobar en cuatro categorías. La primera de ella, los bonos con capital protegido a vencimiento: el capital o un porcentaje del capital están garantizados a vencimiento. “Serían los bonos más seguros de su categoría”, asegura la analista de Profim.

La segunda categoría: bonos con participación sobre el activo subyacente. En este caso se vincula la rentabilidad del estructurado a la evolución de un activo subyacente. Para ello, se determina un factor de participación que servirá para calcular el interés final devengado por el producto, normalmente este factor se encuentra entre un 70% - 100% de participación en la evolución del subyacente, tal y como explica Barrero.

Los bonos con cupones digitales es la tercera de las categorías. En este caso se paga un cupón determinado de antemano, si el activo subyacente alcanza un nivel prefijado en alguna de las fechas de observación designadas.

Por último, el bono reverse convertibles. Son productos estructurados con un plazo de inversión corto (1 a 2 años), sin el capital protegido y que paga una rentabilidad fija a vencimiento. La devolución del capital invertido se vincula al comportamiento de un activo subyacente, normalmente una acción individual. “Los reverse convertibles suelen contar con barreras de protección de capital que establecen la caída máxima que podrá tener la acción para que los inversores no vean convertido su capital en acciones del subyacente”, señala Mar Barrero. En caso de conversión, “los inversores obtendrán acciones devaluadas en la misma proporción a la caída del subyacente desde el inicio del producto”.

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