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PSOE: dolorosa reconstrucción

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 18/06/2017 Antonio Papell

El 39º Congreso del PSOE, que se ha celebrado según el nuevo modelo en que el secretario general ha sido previamente elegido en primarias, ha consolidado como es lógico la fuerte posición del vencedor en la consulta interna, que se impuso a la voluntad del aparato, muy oligarquizado, formado por la conjunción de los líderes territoriales, que llegaron a dar un golpe de mano contra el líder, que también había sido elegido por las bases. En estas condiciones, y después de un largo periodo de provisionalidad que sólo sirvió para enconar las posiciones y agravar la fractura, el Congreso cierra el contencioso con rotundidad pero ni lima del todo las asperezas, ni resuelve por completo la confrontación, que fue más una lucha por el poder que una disputa por las ideas. El tiempo deberá lubricar los rozamientos que todavía persisten.

En definitiva, Pedro Sánchez, sustentado por más del cincuenta por ciento de los votos de la militancia, ha decidido reconstruir legítimamente el partido sobre nuevas bases:

© Proporcionado por Bolsamanía

En primer lugar, las instituciones federales cambian de actitud y no hacen concesiones a la territorialidad. Si en la ejecutiva anterior había 10 secretarios generales de otras tantas comunidades autónomas (seis de ellos al frente del gobierno de sus respectivas comunidades), ahora no hay ninguno: la ejecutiva, en la que no hay vocales (todos los miembros tienen un cometido), está formada por personas de la confianza del secretario general, con la incrustación de Patxi López. El presidente extremeño, Fernández Vara, presidirá el consejo territorial y será también por tanto miembro nato de la Ejecutiva. El PSOE acentúa asimismo su condición federal, que vincula a la propuesta de una reforma constitucional. Pero deja en claro que busca sobre todo el interés general, al que deben supeditarse los intereses de sus barones regionales.

En segundo lugar, el PSOE realiza una clarificación ideológica, después de cierta deriva que tendría su máxima expresión en la infausta reforma del artículo 135 de la Constitución, a presiones de Europa pero sin haber opuesto suficiente resistencia (de hecho, la exigencia de Bruselas en el sentido de reforzar constitucionalmente las obligaciones de la deuda cedieron rápidamente en cuanto los países nórdicos se opusieron rotundamente a efectuar reformas constitucionales en sus países). En esta línea, el PSOE abandona algunas derivas y veleidades liberales y refuerza su definición socialdemócrata. Y sitúa en la presidencia a una personalidad relevante, Cristina Narbona, con una trayectoria brillante en la defensa del progresismo medioambiental, en el impulso a un modelo de desarrollo acorde con los nuevos tiempos.

En tercer lugar, el PSOE se enfrenta con decisión a la cuestión catalana. El reconocimiento de la plurinacionalidad, en un marco inequívoco de soberanía única como fundamento de un Estado indivisible, no es sólo retórico: es también la base de una propuesta de diálogo y debate con el soberanismo catalán que debería comenzar cuanto antes y que habría de residenciarse en el Parlamento español. La formación de una comisión parlamentaria sobre la “cuestión catalana” —o de una subcomisión en el seno de la Comisión Constitucional— debería ser el camino hacia un desenlace feliz del desencuentro. Y una fórmula para desarrollar la reforma del Título VIII de la Constitución en un sentido federal que, sin rupturas, resolviera el acomodo de Cataluña en el conjunto.

Frente a estas líneas de avance, es decepcionante la actitud de la gran derrotada en las primarias, la andaluza Susana Díaz, quien no ha respetado ni siquiera las reglas de cortesía que, en democracia, obligan a acatar de buen grado el desenlace de una consulta. Díaz, desacreditada, puede que tampoco sea la mejor candidata para Andalucía, una comunidad a la que el PSOE andaluz que Díaz representa no ha conseguido sacar de los últimos lugares del ránking español de desarrollo y de riqueza per cápita. Quizá convenga una renovación profunda para que, con nuevas ideas, Andalucía empiece a recorrer el inaplazable camino hacia el crecimiento y la competitividad.

En definitiva, el PSOE comienza a rehacerse de un periodo de decadencia, que comenzó con la gestión de la crisis económica y que se agravó con el surgimiento de los “nuevos partidos” que ocuparon parte del espectro. Todo indica que este renacimiento, con un rumbo bien trazado, puede devolver al histórico partido de la izquierda moderada española le envergadura, el protagonismo y la capacidad de representar a todo un hemisferio de este país.

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