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Tres estrategias para proteger tu cartera de un 'apocalipsis financiero'

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 18/11/2016 Óscar Giménez

Los inversores tienen que adaptarse al nuevo escenario de inflación a contrarreloj. Las expectativas de crecimiento de los precios se han disparado en apenas unas semanas, después de varios años de bombardeo de estímulos desde los bancos centrales a la economía. Pero el retorno brusco de los aumentos del IPC supone una amenaza para la estabilidad financiera. Sin embargo, no para todos los activos, con lo que los inversores tienen vías para ajustar sus carteras en caso de que el escenario más pesimista estalle.

Los inversores, institucionales y particulares, directamente e indirectamente, han tomado exposición a títulos que apenas ofrecían rentabilidad. Las carteras españolas son, de hecho, las más expuestas a la renta fija. La evolución prácticamente plana de los precios permitía que los retornos en términos reales (nominal menos inflación) fuera positiva, en un mercado adulterado por las compras de activos por parte de los bancos centrales.

Las políticas ultraexpansivas de las autoridades monetarias han contribuido a multiplicar casi por tres sus balances, al pasar de 6 a 17 billones de euros, según los datos recopilados por Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, en el informe 'Apocalipsis Now?'. Un proceso al que han contribuido todos los grandes bancos centrales: desde la Reserva Federal (Fed) estadounidense hasta el Banco Central Europeo (BCE), pasando por el Banco de Japón (BoJ), el Banco de Inglaterra (BoE) o el Banco Popular de China.

También el mes pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló en el monitor fiscal que el volumen de deuda global es el más elevado de la historia: 152 billones de dólares -unos 142 billones de euros-, en torno al 225% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. El organismo dirigido por Christine Lagarde pedía “usarla sabiamente”.

Los tenedores de este activo podrían verse obligados a asumir importantes pérdidas, ya que si aumentan los precios, la rentabilidad real de gran parte de estos títulos pasará a terreno negativo. Y si el movimiento al alza de los precios es brusco, los bancos centrales podrían verse obligados a actuar con rapidez y a normalizar el precio del dinero más aceleradamente de lo previsto, ahondando en las pérdidas de los bonos no vencidos.

SUBIDAS YA DE TIPOS

La propia Janet Yellen, presidenta de la Fed, ha asegurado este jueves en el Congreso de Estados Unidos que hay “riesgos” para la estabilidad financiera si no se suben los tipos “pronto”. Su argumento es sencillo, ante la escalada de la inflación: “Retrasar los aumentos de los tipos durante demasiado tiempo podría acabar obligando a ajustar la política de forma relativamente abrupta para mantener la economía en el marco de los objetivos del Comité”.

Por ahora, las expectativas de inflación se han disparado con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos hasta máximos de 12 años, según la encuesta de gestores de Bank of America Merrill Lynch. El 85% de los gestores apuesta por un repunte, frente al 70% de octubre. Es el dato más alto desde 2004. Unas previsiones que hacen tambalearse al mundo de la renta fija.

Y no sólo a la deuda. En el escenario más pesimista, De la Torre advierte de un efecto dominó en el resto de activos, una hipótesis que corrobora el estudio de Natixis Global Asset Management presentado esta semana sobre la 'Evolución de las carteras españolas en 2016 y estrategias para 2017': la correlación entre todos los activos “ha crecido desde 2012 y ha hecho más difícil diversificar las carteras”.

“El riesgo (de pérdidas) dependerá de la velocidad de la subida de tipos de los bonos. Si el ritmo es lento no habrá un gran efecto, pero si hay subidas fuertes aflorarán importantes pérdidas”, señala Juan José González de Paz, consultor senior del departamento internacional de análisis y consultoría de carteras de Natixis Global AM.

De la Torre cree que los bancos centrales sabrán manejar este escenario para que la tormenta sea suave. Sin embargo, “los riesgos de cola han aumentado, pudiendo provocar un histerismo colectivo de consecuencias incalculables”. Este peligro se basa en que todos los inversores quieran desprenderse de sus bonos en un mercado “ilíquido”, que caigan las valoraciones de todos los activos de riesgo que se comparan con los que se consideran libres de riesgo, y que el proceso afecte a los balances de los bancos, que el experto calcula que tienen en torno a un 10% de los bonos emitidos en Europa y no vencidos. A su juicio, la economía se encuentra ante “la mayor burbuja de la historia”, y esta “está a punto de explotar con el riesgo de una crisis financiera”.

CRISIS FINANCIERA... PERO NO RECESIÓN

El reclamo de los bancos europeos y las críticas hacia la política ultraexpansiva del BCE, que incluye compra de activos -80.000 millones de euros mensuales en bonos- y tipos en mínimos históricos -los de referencia en el 0% y la facilidad de depósito en el -0,4%- podría volverse en contra. “Muchos bancos y aseguradoras están expuestos a potenciales deterioros de sus recursos propios, al contar con elevados montantes de deuda pública en su activo, susceptible de derrumbarse en su cotización”, señala De la Torre.

© Proporcionado por Bolsamanía

Sin embargo, no son argumentos suficientes para que cunda el pesimismo por dos razones que da el propio economista jefe de Arcano. Primero, porque De la Torre cree que en caso de materializarse el peor escenario posible, no se traducirá en recesión, ya que su impacto en el consumo será limitado. Segundo, porque los inversores tienen vías para proteger su cartera de un 'apocalipsis financiero', con al menos tres recomendaciones.

1. MANEJO DE LA LIQUIDEZ

El dinero, cuando está parado y hay inflación, pierde valor. La razón es sencilla e intuitiva: el poder adquisitivo que da la liquidez disminuye cuando aumentan los precios. Sin embargo, ante la incertidumbre del cambio de ciclo de la renta fija el uso de la liquidez será fundamental, explica el economista de Arcano, en la medida que los inversores consigan ser selectivos con sus inversiones, tanto en el activo como en el 'timing'. Además, la pérdida que supone no invertir se limita a la inflación, que aunque regrese a la economía no será desorbitada. Mientras que las caídas de valor en el mercado en caso de “crisis financiera” podrían amplificarse.

2. ACTIVOS REALES SIN EXPOSICIÓN

“Lo mejor es identificar qué activos no están expuestos a la burbuja e invertir en ellos”, señala De la Torre, que admite que la renta fija, la renta variable o el inmobiliario no escapan en general de esta dinámica, aunque sí hay activos descorrelacionados. Estos son los que buscan. Y, desde luego, evitar los que saldrían más perjudicados, como por ejemplo las economías emergentes con balanzas de pagos deficitarias.

3. BONOS FLOTANTES Y POCA DURACIÓN

La renta fija es la génesis del problema, pero puede ser parte de la solución. Así, De la Torre recomienda bonos flotantes, ya que están referenciados a algún tipo de interés, como por ejemplo el euríbor, con lo que su rentabilidad aumenta en función de la evolución del mercado de renta fija. Asimismo, prima duraciones cortas en los bonos, ya que sus tenedores tendrán mayor margen para acomodarse a la nueva situación. En este sentido, los españoles son los inversores que, según se observa en las carteras perfiladas moderadas, tienen mayor exposición a la deuda. Pero también son los que tienen un sesgo más fuerte a los títulos de menor duración.

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